El American Dream isleño

Muchos viajan a las Falklands con el propósito de mejorar su situación económica, y ahorrar algo de dinero para poder volver


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En el Sur también se vive el American Dream. Tener la casa y el auto propio, o una abultada cuenta en el banco para vivir con tranquilidad, fueron y siguen siendo algunos de los motivos por los que miles de personas emigran a Estados Unidos todos los años. Sin embargo, cuando se le pregunta a un extranjero qué hace viviendo en las islas Malvinas, la repuesta "trabajo" también se repite con frecuencia.

Si bien pasa a una escala mucho menor, las islas Malvinas son la opción de muchos inmigrantes que viajan con el propósito de mejorar su situación económica, ahorrar dinero, y luego volver a sus países.

Para quienes llegan desde América Latina las barreras son similares a las que se encuentran si viajan al Norte: el inglés, una cultura con reglas diferentes de las que están acostumbrados, y en algunos casos, el clima. Pero con la diferencia de que la libra tiene mayor valor que el dólar, y los migrantes tienen más capacidad de ahorro, ya que las opciones para consumir son casi inexistentes.

En las islas Malvinas viven unos 200 chilenos, que conforman el 8% de la población total del archipiélago y además son la comunidad más grande entre los latinos. También habitan en las islas unas 300 personas provenientes de Santa Elena (una isla ubicada en medio del océano Atlántico a 6.000 km del archipiélago) y otras 200 personas que llegaron desde 50 países diferentes, según datos proporcionados por el gobierno del archipiélago a El Observador.

Paola Sandoval viajó a las Falklands hace seis años y ahora trabaja como empleada de servicio en la Isla Sea Lion, donde recibe a los turistas que llegan a disfrutar de la reserva natural. Colabora en la cocina y se encarga de la limpieza. Vive con su pareja y con Luis Plaza, quienes también cumplen tareas en el hotel de la isla, y aprovecha cada vez que termina la temporada para volver a Chile. Su objetivo es quedarse en las Malvinas hasta que termine de pagar los estudios de su hija.

Plaza llegó hace dos temporadas a través de un conocido que le recomendó el lugar. Al principio lo dudó. "Pero las ganas de crecer, las ganas de experimentar otra cultura fue más fuerte que dejar de lado a la familia, a la pareja o a los amigos. Yo sé que ellos van a estar cuando yo vuelva", relató.

Mientras viven en Sea Lion no tienen que preocuparse por pagar el alquiler o por la comida. La empresa que los contrata se encarga de todo e incluso les paga los traslados a Stanley cuando vuelven a Chile, una vez quetermina la temporada.

El joven de 28 años, que trabaja como cocinero del Sea Lion Lodge, también puso una fecha final para su estadía. Ya tiene el auto y está a punto de alcanzar la casa. Apenas gasta en tarjetas de teléfono para comunicarse con su familia en Chile. Su propósito es juntar dinero suficiente para poder abrir su propia empresa de cocina una vez que vuelva a su país. Pero para eso, estima, tendrá que quedarse en las Malvinas cinco años más.

Créditos

Producción periodística / realización audiovisual: Carolina Delisa | Infografías: Gabriel Ciccariello | Diseño y desarrollo web: Adrián Sosa | Edición: Carina Novarese