A la luz de la vela en pleno siglo XXI

Aunque Uruguay es el país más electrificado de América del Sur, unas 3.000 familias aún esperan la llegada de la luz entre entusiasmo y resignación.

Estas son algunas de sus historias: de los que recién recibieron energía y los que aún viven sin luz
Gladys Cáceres y Jesús Tabárez, en su casa del pueblo Cañada de Sarandí, en Cerro Largo Tabárez y su esposa construyeron hace 35 años el hogar donde viven La cocina de hierro -o 'económica'- es la reina en el hogar de los Tabárez-Cáceres Nicolás Tabárez es trabajador rural. Los fines de semana visita a sus padres con su novia Andrea Los tres hijos del matrimonio Tabárez-Cáceres aman los caballos y son excelentes jinetes Gladys confiesa que su lugar favorito en la casa es la cocina, donde usualmente se sienta a toma mate Juan Bautista vive en Cañas, a 55 km de Melo, capital de Cerro Largo En diciembre de 2013 inauguraron la electrificación en el pueblo de don Bautista En Cañas, la luz hizo posible un uso más sencillo de la tecnología Leticia Araujo y su familia dejaron de salar la carne para mantenerla. Ahora tienen una heladera Rolf Larsson, ciudadano sueco radicado en Cañas, es un referente local que ha trabajado para mejorar la vida de su comunidad Laureano Abreu tiene un almacén de campaña en Cañada de Sarandí. Todavía espera a que llegue la electrificación

"Cuando venga la luz voy a pasar 48 horas sin dormir, sólo mirando televisión"

Gladys Cáceres vive en Cañada de Sarandí un pueblo a cuatro kilómetros de Melo que no tiene luz

Gladys Cáceres escuchó la noticia que había estado esperando durante tanto tiempo y estalló de alegría:

la luz eléctrica llegaba a Cañada de Sarandí, una zona rural de Cerro Largo ubicada a cuatro kilómetros de Melo.

Recibió junto a su esposo Jesús Tabárez las primeras indicaciones a seguir de parte de personal de UTE y del Ministerio de Ganadería en una reunión realizada en la casa de un vecino y juntos decidieron poner manos a la obra. No había tiempo que perder. Compraron postes y realizaron la instalación eléctrica interna. Gastaron unos $ 10.000 y pusieron hasta la lamparita colgando del techo en el living. Estaba todo pronto. Pero pasaron cuatro años y aún están a oscuras. La lamparita sigue allí, esperando. "Nosotros pusimos todo cuando nos embalaron y nos dijeron que en dos meses llegaba la luz", cuenta Cáceres.

La inversión que debieron hacer implicó mucho esfuerzo para ellos dado que fue superior a los ingresos mensuales que obtienen. Tabárez tiene 74 años y percibe una jubilación de $ 8.221 por sus años de trabajo en el campo. Debieron echar mano a algunos ahorros.

El matrimonio accedió a que un equipo de El Observador pasara la noche en su casa, en busca de vivir la experiencia de dormir en un hogar sin luz a pesar de estar sólo a cinco horas de Montevideo y a cinco minutos de Melo. La vida allí es muy diferente. Mientras que en las ciudades cuando se esconde el sol la mayoría de la gente comienza a disfrutar de su tiempo libre luego del trabajo, en los hogares sin luz cuando llega el final del día no hay nada para hacer. Sólo queda tomar unos mates a la luz del farol, escuchar un rato la radio e irse a la cama para amanecer temprano al día siguiente. Cuando se apaga la radio, el silencio es absoluto y la oscuridad también.

Tabárez nunca tuvo electricidad en su hogar y a esta altura ya está resignado. "Estuve entusiasmado, pero ya no. Si viene, viene. Y si no, es lo mismo", dice. Aunque está cansado de esperar, cree que la llegada de la electricidad cambiaría su vida. "La luz da todo. Usted puede tener una heladera para la carne, la fruta, la verdura. Y vivir un poco mejor también", sostiene.

En cambio, su esposa mantiene intacto el entusiasmo de contar con electricidad e incluso ya tiene planes. "Cuando venga la luz voy a pasar 48 horas sin dormir, sólo mirando televisión", asegura Cáceres. "Yo tengo esperanza porque si están iluminando toda la campaña algún día nos va a tocar a nosotros", agrega. Lo último que escuchó fue que el próximo verano puede llegar la electricidad, pero ella se fijó un objetivo menos ambicioso: tener luz para el invierno que viene. "El día que nos venga la luz será la alegría más grande. No es un lujo tener luz, es una necesidad", dice.

Cáceres y Tábarez tienen una heladera a gas, pero mantenerla funcionando les cuesta unos $ 900 mensuales, el cuádruple de lo que pagan a la UTE algunas familias de zonas rurales que tienen energía eléctrica. Además, usan velas y faroles que también tienen su costo. Para bañarse, calientan agua y se las arreglan con un balde. Hoy en día, en Uruguay hay unas 3.000 familias que solicitaron luz y aún no la tienen. Están concentradas fundamentalmente al noreste, en los departamentos de Cerro Largo, Rivera y Tacuarembó.

En esas zonas, ubicadas a tan sólo 400 o 500 kilómetros del tránsito y de los edificios de Montevideo, hay otro Uruguay que muchos no conocen. Un Uruguay que no ofrece la comodidad de los calefones, ni películas para hacer amena una tarde de domingo lluviosa.

Cáceres cuenta que a veces para entretenerse juega un rato a la conga con su esposo a la luz de la vela, pero sueña con el día en que tenga su anhelada televisión. Tampoco tienen agua, pero ese un tema que no les preocupa en absoluto. Desarrollaron un sencillo sistema para utilizar el agua de lluvia y almacenarla en un tanque.

Cerca de la casa de los Tabárez vive Laureano Abreu, un jubilado de 76 años. Él también tiene una lamparita puesta a la espera de la luz e incluso una heladera y un freezer que le regalaron pero que todavía no ha podido estrenar. Le habían dicho que para octubre de 2013 llegaba la electricidad. En ese momento, lo primero que pensó fue que al año siguiente iba a poder ver el Mundial de Brasil por televisión. Pero la luz no llegó y se tuvo que resignar con ir a Melo a lo de su hijo a ver algunos de los partidos y escuchar el resto por la radio.

Cáceres y Tabárez esperan la electricidad desde hace 35 años, en la casa que construyeron con sus propias manos y donde criaron a sus tres hijos, Fabián, Eduardo y Nicolás.

Fabián es sargento y vive en San Ramón (Canelones). Los otros dos son trabajadores rurales y cumplen funciones en un campo ubicado a 62 kilómetros de su casa.

Vienen en moto cuando tienen días libres. Esos son los momentos de mayor alegría para el matrimonio porque están acompañados. Uno de los hijos del matrimonio, Nicolás y su mujer, Andrea, los acompañan la noche en que El Observador los visita. La charla se extiende hasta las once de la noche, una hora a la que nunca llegan despiertos. La dueña de casa comenta que quiere aprovechar para conversar ya que ese día tiene muchas visitas y está contenta.

El 99,3% de los clientes que solicitaron luz eléctrica la tienen, según datos proporcionados a El Observador por Walter Sosa, director de la empresa estatal.

En 2016 se habría satisfecho "prácticamente el 100%" de la demanda

Eso convierte a Uruguay en el país más electrificado de América del Sur, un aspecto sobre el que el presidente José Mujica ha dicho sentirse orgulloso. Uruguay tiene ventajas geográficas para lograr ese objetivo respecto a los vecinos de la región.

En 2011 había 7.000 familias sin luz, más del doble que en la actualidad. Sosa anunció que en 2016 habrán logrado satisfacer "prácticamente el 100%" de la demanda, aunque aclaró que nunca se llegará a la totalidad debido a que, por suerte, irán surgiendo nuevos interesados en tener electricidad. Cáceres y otros habitantes de la campaña son ejemplos de ese 0,7% de hogares que sigue sin luz. Aunque estadísticamente la cifra puede sonar insignificante, para ellos es todo.

Mientras Cañada de Sarandí espera, otros pueblos cercanos ya han recibido la luz en los últimos años.

Es el caso por ejemplo de Cañas, un pueblo rural ubicado a 55 kilómetros de Melo.

Allí viven unas 60 familias. En diciembre de 2013, el presidente José Mujica concurrió al lugar a inaugurar las obras de electrificación.

Una de las beneficiadas de la llegada de la luz fue Leticia Araujo, un ama de casa de 34 años que vive junto a su marido y sus dos hijos. Su vida cambió por completo. Tiene una heladera y una televisión Panavox que se ve a la perfección gracias a la antena parabólica que colocó. Su hijo más grande, Leonel de 14 años, observaba muy atento unos dibujos animados en portugués, idioma que entiende a la perfección. Araujo afirma que antes veían canal 12, pero ahora no llega ninguna señal uruguaya. Todo lo que ven llega desde Brasil, debido a la cercanía del pueblo con la frontera.

Narra que antes se acostaban alrededor de las siete de la tarde, pero ahora a veces son las dos de la mañana y siguen mirando televisión. Por mes paga $ 234 a UTE y ya está pensando en adquirir nuevos electrodomésticos para ampliar el confort. Tiene en mente comprar un microondas y un calefón.

En Cañas hay un referente local que lucha por conseguir mejores condiciones de vida para la comunidad y tiene una historia particular. Se trata de Rolf Larsson, un sueco nacido en Estocolmo en 1959 que por esas cosas del destino terminó viviendo en la campaña uruguaya. Era el presidente de DeLaval, una empresa multinacional de informática. Sus tareas globales lo obligaban a vivir viajando por trabajo, hasta que un día dijo basta. Sufrió un pico de estrés y decidió tomarse unas vacaciones. La familia de un joven uruguayo que había hecho una pasantía en su empresa lo invitó a conocer su tambo, ubicado en Cerro Largo. Vino en 2004 y decidió que no quería volver a su vida anterior, repleta de tensiones y esperas en aeropuertos. "Vendí mis cosas en Suecia y compré un campito acá", cuenta Larsson a El Observador. Se dedica a la cría de ganado y de ovejas.

"Mi calidad de vida ahora es mucho mejor. Vivo como un pobre ganadero. Tengo 200 hectáreas. No es mucho, soy un pequeño productor. Pero el dinero no es todo. Salgo con mis perros, escucho los pájaros y miro la naturaleza. Eso da paz para adentro", dice Larsson con un español que se entiende sin inconvenientes. Su idea es seguir trabajando en el campo y volver a Suecia cuando sea viejo.

Larsson es el presidente de la comisión vecinal. El viernes 12 de setiembre, cuando El Observador recorrió Cañas, el grupo estaba reunido con representantes del Codicen y de UTU en la parroquia planificando estrategias para ayudar a completar los estudios a jóvenes y adultos del lugar. En el encuentro también estaba el comisario.

"Ninguna empresa privada lo haría"

El modelo desarrollado por UTE para llevar luz a lugares alejados implica que una parte de la inversión corra por cuenta de los vecinos, dependiendo de su situación socioeconómica.

El director de UTE, Walter Sosa, dijo que cuando los lugares están a menos de 500 metros de la red de UTE el cliente no paga nada de la inversión, mientras que entre los 500 y los 1.000 metros hay un costo, aunque bajo. El asunto surge cuando hay que electrificar zonas ubicadas a más de 1.000 metros de un punto de luz.

En los casos de población con problemas económicos, se aplican subsidios por parte de UTE, de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y a veces por parte de las intendencias. En general, UTE suele poner de su bolillo entre el 40% y el 50% del total de la inversión. En los casos de familias pobres, la OPP aporta dinero también. El resto lo ponen entre todos los vecinos de la zona y en general suele ser un 25% del costo total de la obra. Ese monto a abonar no se divide en forma exacta entre los habitantes. Lo que se suele hacer es que cada uno aporta en función de la cantidad de hectáreas que tenga. En casos muy críticos, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) puede hacer un informe que lleve a UTE a flexibilizar los criterios, pero la idea es que los vecinos aporten.

Pueden financiar el costo hasta en 60 cuotas y recién empiezan a pagar una vez que tengan luz. Sosa dijo que el proceso de electrificación rural no depende exclusivamente de UTE sino de numerosas instituciones que buscan actuar en forma coordinada. Destacó que ninguna empresa privada lideraría el proceso de llevar luz a lugares remotos debido a que no es negocio. "Nadie haría eso porque lo que le cobraría al cliente sería inaccesible. Pero no solamente los costos de inversión de las obras sino también todos los costos posteriores a la obra como mantener el servicio y tener una tarifa única. La persona que vive en el medio del campo paga lo mismo que paguen los que viven en una zona concentrada de Montevideo. Es una tarifa solidaria", dijo el director.

Todas las escuelas rurales tendrán luz en octubre

Otro de las líneas de trabajo trazadas por UTE es lograr que el cien por ciento de las escuelas rurales tengan energía. El director de la empresa, Walter Sosa, anunció que ese objetivo se alcanzará entre el 6 y el 10 de octubre de este año.

El jerarca informó que en 2009 firmaron un convenio con la ANEP y han llevado luz a unas 130 escuelas. "Nos estaban quedando 74 escuelas, algunas muy alejadas", dijo Sosa. La decisión fue firmar un convenio llamado "Luces para aprender" para dar una solución temporal con paneles solares hasta tanto no llega la luz. Ese sistema tiene baterías de almacenamiento para tener luz incluso de noche.

"De esas 74, ya tenemos 37 terminadas y las otras 37 las vamos a terminar entre el 6 y el 10 de octubre", adelantó el director. Con ese paso, Uruguay se convertirá en el primer país iberoamericano en tener la totalidad de las escuelas rurales con luz.


"A todos les pido mil perdones, porque no se pudo llegar mucho antes, como se debía con la electricidad. Y no la pido en nombre de mi gobierno ni de mi partido, la pido en nombre de todo el sistema político que no ha podido llegar a los rincones de todo el país a tiempo para ayudar a mucha gente"

Presidente José Mujica el 3 de diciembre de 2013 a los pobladores de Cañas, donde finalmente llegó la luz

MIL PERDONES

El martes 3 de diciembre de 2013 el pueblo Cañas estaba revolucionado. Venía nada menos que el presidente de la República.

Casi todos los vecinos se arrimaron por curiosidad, pero Juan Bautista, un jubilado de 68 años, prefirió quedarse en su casa. "No fui ese día, porque no soy de ese lado", recuerda entre risas. En su living, tiene un cuadro de Wilson y otro con una foto del intendente de Cerro Largo, Sergio Botana. Aunque por convicciones políticas no quiso ir a escuchar a Mujica, la llegada de la luz lo ayudó a sentirse más acompañado. Juan Bautista vive solo desde que enviudó hace ocho años. Tiene una pequeña tele que compró usada. Por ahora, no le dan los números para adquirir una heladera.

El presidente Mujica recorrió la zona aquel día y vio con sus propios ojos las necesidades básicas que el Estado no ha logrado cumplir a esas familias humildes que viven alejadas de las luces de las capitales. Por eso, pidió disculpas.

"A todos les pido mil perdones, porque no se pudo llegar mucho antes, como se debía con la electricidad. Y no la pido en nombre de mi gobierno ni de mi partido, la pido en nombre de todo el sistema político que no ha podido llegar a los rincones de todo el país a tiempo para ayudar a mucha gente", les dijo a los pobladores de Cañas.

El mandatario sostuvo que esos años perdidos de urbanización del campo han llevado a que muchas personas abandonaran la campaña y se fueran a las ciudades. "No se puede pretender que la gente no tenga heladera ni televisor", agregó Mujica.

El presidente comentó que hay criadores perdidos en la inmensidad del campo que lo único que tienen es "su soledad". A su juicio el Estado debe esforzarse por acercarles comodidades.



En el Uruguay sin luz las familias se van a dormir a las 7 de la tarde porque cuando llega la noche no hay nada para hacer


Créditos

Textos: Sebastián Panzl
Edición: Natalia Roba
Fotografías: Armando Sartorotti
Videos: Juan Marra
Diseño y desarrollo web: Adrián Sosa
Gráficos e infografías: Gabriel Ciccariello
Producción ejecutiva: Carina Novarese

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"A todos les pido mil perdones, porque no se pudo llegar mucho antes, como se debía con la electricidad. Y no la pido en nombre de mi gobierno ni de mi partido, la pido en nombre de todo el sistema político que no ha podido llegar a los rincones de todo el país a tiempo para ayudar a mucha gente"

Presidente José Mujica el 3 de diciembre de 2013 a los pobladores de Cañas, donde finalmente llegó la luz

MIL PERDONES

El martes 3 de diciembre de 2013 el pueblo Cañas estaba revolucionado. Venía nada menos que el presidente de la República.

Casi todos los vecinos se arrimaron por curiosidad, pero Juan Bautista, un jubilado de 68 años, prefirió quedarse en su casa. "No fui ese día, porque no soy de ese lado", recuerda entre risas. En su living, tiene un cuadro de Wilson y otro con una foto del intendente de Cerro Largo, Sergio Botana. Aunque por convicciones políticas no quiso ir a escuchar a Mujica, la llegada de la luz lo ayudó a sentirse más acompañado. Juan Bautista vive solo desde que enviudó hace ocho años. Tiene una pequeña tele que compró usada. Por ahora, no le dan los números para adquirir una heladera.

El presidente Mujica recorrió la zona aquel día y vio con sus propios ojos las necesidades básicas que el Estado no ha logrado cumplir a esas familias humildes que viven alejadas de las luces de las capitales. Por eso, pidió disculpas.

"A todos les pido mil perdones, porque no se pudo llegar mucho antes, como se debía con la electricidad. Y no la pido en nombre de mi gobierno ni de mi partido, la pido en nombre de todo el sistema político que no ha podido llegar a los rincones de todo el país a tiempo para ayudar a mucha gente", les dijo a los pobladores de Cañas.

El mandatario sostuvo que esos años perdidos de urbanización del campo han llevado a que muchas personas abandonaran la campaña y se fueran a las ciudades. "No se puede pretender que la gente no tenga heladera ni televisor", agregó Mujica.

El presidente comentó que hay criadores perdidos en la inmensidad del campo que lo único que tienen es "su soledad". A su juicio el Estado debe esforzarse por acercarles comodidades.

  • Gladys Cáceres y Jesús Tabárez, en su casa del pueblo Cañada de Sarandí, en Cerro Largo
  • Tabárez y su esposa construyeron hace 35 años el hogar donde viven
  • La cocina de hierro -o 'económica'- es la reina en el hogar de los Tabárez-Cáceres
  • Nicolás Tabárez es trabajador rural. Los fines de semana visita a sus padres con su novia Andrea
  • Los tres hijos del matrimonio Tabárez-Cáceres aman los caballos y son excelentes jinetes
  • Gladys confiesa que su lugar favorito en la casa es la cocina, donde usualmente se sienta a toma mate
  • Juan Bautista vive en Cañas, a 55 km de Melo, capital de Cerro Largo
  • En diciembre de 2013 inauguraron la electrificación en el pueblo de don Bautista
  • En Cañas, la luz hizo posible un uso más sencillo de la tecnología
  • Leticia Araujo y su familia dejaron de salar la carne para mantenerla. Ahora tienen una heladera
  • Rolf Larsson, ciudadano sueco radicado en Cañas, es un referente local que ha trabajado para mejorar la vida de su comunidad
  • Laureano Abreu tiene un almacén de campaña en Cañada de Sarandí. Todavía espera a que llegue la electrificación

A la luz de la vela en pleno siglo XXI

Aunque Uruguay es el país más electrificado de América del Sur, unas 3.000 familias aún esperan la llegada de la luz entre entusiasmo y resignación.

Estas son algunas de sus historias: de los que recién recibieron energía y los que aún viven sin luz

"Cuando venga la luz voy a pasar 48 horas sin dormir, sólo mirando televisión"

Gladys Cáceres vive en Cañada de Sarandí un pueblo a cuatro kilómetros de Melo que no tiene luz

Gladys Cáceres escuchó la noticia que había estado esperando durante tanto tiempo y estalló de alegría:

la luz eléctrica llegaba a Cañada de Sarandí, una zona rural de Cerro Largo ubicada a cuatro kilómetros de Melo.

Recibió junto a su esposo Jesús Tabárez las primeras indicaciones a seguir de parte de personal de UTE y del Ministerio de Ganadería en una reunión realizada en la casa de un vecino y juntos decidieron poner manos a la obra. No había tiempo que perder. Compraron postes y realizaron la instalación eléctrica interna. Gastaron unos $ 10.000 y pusieron hasta la lamparita colgando del techo en el living. Estaba todo pronto. Pero pasaron cuatro años y aún están a oscuras. La lamparita sigue allí, esperando. "Nosotros pusimos todo cuando nos embalaron y nos dijeron que en dos meses llegaba la luz", cuenta Cáceres.

La inversión que debieron hacer implicó mucho esfuerzo para ellos dado que fue superior a los ingresos mensuales que obtienen. Tabárez tiene 74 años y percibe una jubilación de $ 8.221 por sus años de trabajo en el campo. Debieron echar mano a algunos ahorros.

El matrimonio accedió a que un equipo de El Observador pasara la noche en su casa, en busca de vivir la experiencia de dormir en un hogar sin luz a pesar de estar sólo a cinco horas de Montevideo y a cinco minutos de Melo. La vida allí es muy diferente. Mientras que en las ciudades cuando se esconde el sol la mayoría de la gente comienza a disfrutar de su tiempo libre luego del trabajo, en los hogares sin luz cuando llega el final del día no hay nada para hacer. Sólo queda tomar unos mates a la luz del farol, escuchar un rato la radio e irse a la cama para amanecer temprano al día siguiente. Cuando se apaga la radio, el silencio es absoluto y la oscuridad también.

Tabárez nunca tuvo electricidad en su hogar y a esta altura ya está resignado. "Estuve entusiasmado, pero ya no. Si viene, viene. Y si no, es lo mismo", dice. Aunque está cansado de esperar, cree que la llegada de la electricidad cambiaría su vida. "La luz da todo. Usted puede tener una heladera para la carne, la fruta, la verdura. Y vivir un poco mejor también", sostiene.

En cambio, su esposa mantiene intacto el entusiasmo de contar con electricidad e incluso ya tiene planes. "Cuando venga la luz voy a pasar 48 horas sin dormir, sólo mirando televisión", asegura Cáceres. "Yo tengo esperanza porque si están iluminando toda la campaña algún día nos va a tocar a nosotros", agrega. Lo último que escuchó fue que el próximo verano puede llegar la electricidad, pero ella se fijó un objetivo menos ambicioso: tener luz para el invierno que viene. "El día que nos venga la luz será la alegría más grande. No es un lujo tener luz, es una necesidad", dice.

Cáceres y Tábarez tienen una heladera a gas, pero mantenerla funcionando les cuesta unos $ 900 mensuales, el cuádruple de lo que pagan a la UTE algunas familias de zonas rurales que tienen energía eléctrica. Además, usan velas y faroles que también tienen su costo. Para bañarse, calientan agua y se las arreglan con un balde. Hoy en día, en Uruguay hay unas 3.000 familias que solicitaron luz y aún no la tienen. Están concentradas fundamentalmente al noreste, en los departamentos de Cerro Largo, Rivera y Tacuarembó.

En esas zonas, ubicadas a tan sólo 400 o 500 kilómetros del tránsito y de los edificios de Montevideo, hay otro Uruguay que muchos no conocen. Un Uruguay que no ofrece la comodidad de los calefones, ni películas para hacer amena una tarde de domingo lluviosa.

Cáceres cuenta que a veces para entretenerse juega un rato a la conga con su esposo a la luz de la vela, pero sueña con el día en que tenga su anhelada televisión. Tampoco tienen agua, pero ese un tema que no les preocupa en absoluto. Desarrollaron un sencillo sistema para utilizar el agua de lluvia y almacenarla en un tanque.

Cerca de la casa de los Tabárez vive Laureano Abreu, un jubilado de 76 años. Él también tiene una lamparita puesta a la espera de la luz e incluso una heladera y un freezer que le regalaron pero que todavía no ha podido estrenar. Le habían dicho que para octubre de 2013 llegaba la electricidad. En ese momento, lo primero que pensó fue que al año siguiente iba a poder ver el Mundial de Brasil por televisión. Pero la luz no llegó y se tuvo que resignar con ir a Melo a lo de su hijo a ver algunos de los partidos y escuchar el resto por la radio.

Cáceres y Tabárez esperan la electricidad desde hace 35 años, en la casa que construyeron con sus propias manos y donde criaron a sus tres hijos, Fabián, Eduardo y Nicolás.

Fabián es sargento y vive en San Ramón (Canelones). Los otros dos son trabajadores rurales y cumplen funciones en un campo ubicado a 62 kilómetros de su casa.

Vienen en moto cuando tienen días libres. Esos son los momentos de mayor alegría para el matrimonio porque están acompañados. Uno de los hijos del matrimonio, Nicolás y su mujer, Andrea, los acompañan la noche en que El Observador los visita. La charla se extiende hasta las once de la noche, una hora a la que nunca llegan despiertos. La dueña de casa comenta que quiere aprovechar para conversar ya que ese día tiene muchas visitas y está contenta.

El 99,3% de los clientes que solicitaron luz eléctrica la tienen, según datos proporcionados a El Observador por Walter Sosa, director de la empresa estatal.

En 2016 se habría satisfecho "prácticamente el 100%" de la demanda

Eso convierte a Uruguay en el país más electrificado de América del Sur, un aspecto sobre el que el presidente José Mujica ha dicho sentirse orgulloso. Uruguay tiene ventajas geográficas para lograr ese objetivo respecto a los vecinos de la región.

En 2011 había 7.000 familias sin luz, más del doble que en la actualidad. Sosa anunció que en 2016 habrán logrado satisfacer "prácticamente el 100%" de la demanda, aunque aclaró que nunca se llegará a la totalidad debido a que, por suerte, irán surgiendo nuevos interesados en tener electricidad. Cáceres y otros habitantes de la campaña son ejemplos de ese 0,7% de hogares que sigue sin luz. Aunque estadísticamente la cifra puede sonar insignificante, para ellos es todo.

Mientras Cañada de Sarandí espera, otros pueblos cercanos ya han recibido la luz en los últimos años.

Es el caso por ejemplo de Cañas, un pueblo rural ubicado a 55 kilómetros de Melo.

Allí viven unas 60 familias. En diciembre de 2013, el presidente José Mujica concurrió al lugar a inaugurar las obras de electrificación.

Una de las beneficiadas de la llegada de la luz fue Leticia Araujo, un ama de casa de 34 años que vive junto a su marido y sus dos hijos. Su vida cambió por completo. Tiene una heladera y una televisión Panavox que se ve a la perfección gracias a la antena parabólica que colocó. Su hijo más grande, Leonel de 14 años, observaba muy atento unos dibujos animados en portugués, idioma que entiende a la perfección. Araujo afirma que antes veían canal 12, pero ahora no llega ninguna señal uruguaya. Todo lo que ven llega desde Brasil, debido a la cercanía del pueblo con la frontera.

Narra que antes se acostaban alrededor de las siete de la tarde, pero ahora a veces son las dos de la mañana y siguen mirando televisión. Por mes paga $ 234 a UTE y ya está pensando en adquirir nuevos electrodomésticos para ampliar el confort. Tiene en mente comprar un microondas y un calefón.

En Cañas hay un referente local que lucha por conseguir mejores condiciones de vida para la comunidad y tiene una historia particular. Se trata de Rolf Larsson, un sueco nacido en Estocolmo en 1959 que por esas cosas del destino terminó viviendo en la campaña uruguaya. Era el presidente de DeLaval, una empresa multinacional de informática. Sus tareas globales lo obligaban a vivir viajando por trabajo, hasta que un día dijo basta. Sufrió un pico de estrés y decidió tomarse unas vacaciones. La familia de un joven uruguayo que había hecho una pasantía en su empresa lo invitó a conocer su tambo, ubicado en Cerro Largo. Vino en 2004 y decidió que no quería volver a su vida anterior, repleta de tensiones y esperas en aeropuertos. "Vendí mis cosas en Suecia y compré un campito acá", cuenta Larsson a El Observador. Se dedica a la cría de ganado y de ovejas.

"Mi calidad de vida ahora es mucho mejor. Vivo como un pobre ganadero. Tengo 200 hectáreas. No es mucho, soy un pequeño productor. Pero el dinero no es todo. Salgo con mis perros, escucho los pájaros y miro la naturaleza. Eso da paz para adentro", dice Larsson con un español que se entiende sin inconvenientes. Su idea es seguir trabajando en el campo y volver a Suecia cuando sea viejo.

Larsson es el presidente de la comisión vecinal. El viernes 12 de setiembre, cuando El Observador recorrió Cañas, el grupo estaba reunido con representantes del Codicen y de UTU en la parroquia planificando estrategias para ayudar a completar los estudios a jóvenes y adultos del lugar. En el encuentro también estaba el comisario.

"Ninguna empresa privada lo haría"

El modelo desarrollado por UTE para llevar luz a lugares alejados implica que una parte de la inversión corra por cuenta de los vecinos, dependiendo de su situación socioeconómica.

El director de UTE, Walter Sosa, dijo que cuando los lugares están a menos de 500 metros de la red de UTE el cliente no paga nada de la inversión, mientras que entre los 500 y los 1.000 metros hay un costo, aunque bajo. El asunto surge cuando hay que electrificar zonas ubicadas a más de 1.000 metros de un punto de luz.

En los casos de población con problemas económicos, se aplican subsidios por parte de UTE, de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y a veces por parte de las intendencias. En general, UTE suele poner de su bolillo entre el 40% y el 50% del total de la inversión. En los casos de familias pobres, la OPP aporta dinero también. El resto lo ponen entre todos los vecinos de la zona y en general suele ser un 25% del costo total de la obra. Ese monto a abonar no se divide en forma exacta entre los habitantes. Lo que se suele hacer es que cada uno aporta en función de la cantidad de hectáreas que tenga. En casos muy críticos, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) puede hacer un informe que lleve a UTE a flexibilizar los criterios, pero la idea es que los vecinos aporten.

Pueden financiar el costo hasta en 60 cuotas y recién empiezan a pagar una vez que tengan luz. Sosa dijo que el proceso de electrificación rural no depende exclusivamente de UTE sino de numerosas instituciones que buscan actuar en forma coordinada. Destacó que ninguna empresa privada lideraría el proceso de llevar luz a lugares remotos debido a que no es negocio. "Nadie haría eso porque lo que le cobraría al cliente sería inaccesible. Pero no solamente los costos de inversión de las obras sino también todos los costos posteriores a la obra como mantener el servicio y tener una tarifa única. La persona que vive en el medio del campo paga lo mismo que paguen los que viven en una zona concentrada de Montevideo. Es una tarifa solidaria", dijo el director.

Todas las escuelas rurales tendrán luz en octubre

Otro de las líneas de trabajo trazadas por UTE es lograr que el cien por ciento de las escuelas rurales tengan energía. El director de la empresa, Walter Sosa, anunció que ese objetivo se alcanzará entre el 6 y el 10 de octubre de este año.

El jerarca informó que en 2009 firmaron un convenio con la ANEP y han llevado luz a unas 130 escuelas. "Nos estaban quedando 74 escuelas, algunas muy alejadas", dijo Sosa. La decisión fue firmar un convenio llamado "Luces para aprender" para dar una solución temporal con paneles solares hasta tanto no llega la luz. Ese sistema tiene baterías de almacenamiento para tener luz incluso de noche.

"De esas 74, ya tenemos 37 terminadas y las otras 37 las vamos a terminar entre el 6 y el 10 de octubre", adelantó el director. Con ese paso, Uruguay se convertirá en el primer país iberoamericano en tener la totalidad de las escuelas rurales con luz.

En el Uruguay sin luz las familias se van a dormir a las 7 de la tarde porque cuando llega la noche no hay nada para hacer


Créditos
Textos: Sebastián Panzl
Edición: Natalia Roba
Fotografías: Armando Sartorotti
Videos: Juan Marra
Diseño y desarrollo web: Adrián Sosa
Gráficos e infografías: Gabriel Ciccariello
Producción ejecutiva: Carina Novarese
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