Diez minutos en la reunión equivocada


El padre llegó al liceo para participar de la reunión semanal con el fin de preparar el acto de graduación de su hija. Consultó al portero dónde era la reunión de sexto ese día y se dirigió al salón. Golpeó la puerta, pidió permiso, saludó y tomó asiento. Los padres debatían sobre un campamento. Una madre advertía que el lugar elegido para sus hijos estaba en malas condiciones y que el agua de la piscina estaba podrida, según le habían comentado. Además era caro. Otra madre se molestó con un padre que miraba el celular y no atendía. Otra explicó que en primera instancia habían previsto ir a otro lugar, pero en esa fecha no estaba disponible. El padre no entendía nada. ¿De qué campamento hablaban? La hija nunca le comentó de un campamento. El tema tampoco se había tratado el miércoles anterior. Pasaron 10 minutos, el hombre se levantó y salió del salón tratando de pasar lo más inadvertido posible. Bajó la escalera y le preguntó al portero: “¿Qué reunión es esa?” “De sexto de Primaria”, respondió. La de Secundaria se había fijado para el jueves.

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Novia ansiosa


Como es tradición en el grupo de amigas, la novia recibió de obsequio la noche de hotel previa a su casamiento. Como la celebración de la unión se realizaría en el Carrasco Yacht Club, sobre uno de los lagos de Parque Miramar, el hotel elegido fue el recientemente inaugurado Hampton by Hilton, a escasos metros del salón de fiestas. Uno de los requerimientos que llamó la atención de las amigas fue que la novia exigió que le dejaran unos binoculares en la habitación, para seguir al detalle los preparativos de su noche esperada. Al final, la novia no llegó a usar la habitación así que pudo contener la ansiedad, al menos por unas horas.

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Dos marcas mejor que una


La periodista tenía un largo día y por eso decidió planificarlo desde temprano, para poder cumplir con todo y no perderse la clase de yoga, a la nochecita. A las 7 de la mañana hizo el esquema mental de todo lo que necesitaría durante el día además de agenda, papeles diversos y vianda, armó el bolso con ropa y calzado deportivo.

El día fue largo pero transcurrió sin inconvenientes. Cuando llegó a la clase de yoga, casi al filo del comienzo, se cambió con rapidez. Al calzarse se dio cuenta de que había guardado dos championes diferentes, en marca y modelo. Pero el destino estaba de su lado: había uno para el pie derecho y otro para el izquierdo. Así volvió a su casa, con championes diversos.

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Dos marcas mejor que una


La periodista tenía un largo día y por eso decidió planificarlo desde temprano, para poder cumplir con todo y no perderse la clase de yoga, a la nochecita. A las 7 de la mañana hizo el esquema mental de todo lo que necesitaría durante el día además de agenda, papeles diversos y vianda, armó el bolso con ropa y calzado deportivo.
El día fue largo pero transcurrió sin inconvenientes. Cuando llegó a la clase de yoga, casi al filo del comienzo, se cambió con rapidez. Al calzarse se dio cuenta de que había guardado dos championes diferentes, en marca y modelo. Pero el destino estaba de su lado: había uno para el pie derecho y otro para el izquierdo. Así volvió a su casa, con championes diversos.

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Una mentira maquillada


La periodista tenía que dar una conferencia a media tarde, por lo que se fue temprano del diario. Pero al llegar a su casa se dio cuenta de que se había olvidado de la cartera, con documentos y su maquillaje. No le daba el tiempo para hacer el viaje de vuelta, por lo que le pidió a una compañera que se lo mandara a través del móvil de una app de transporte. La ventaja de las apps es que se les puede seguir el rastro, y la periodista que estaba en el diario se dio cuenta de que el hombre no se estaba apurando demasiado. Entonces apeló a sus dotes actorales y lo llamó: “Señor, le pido que se apure. En la cartera que le entregué hay medicamentos, y la persona que los espera los tiene que tomar de forma urgente”. La mentira funcionó, el chofer se apiadó, aceleró y llegó con la bendita cartera, para que la periodista se pudiera poner de punta en blanco para la conferencia. Quedó regia.

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El preso de Alcatraz que al final se reformó


Alcatraz es una leyenda viviente que cada año recibe casi un millón y medio de visitantes, ansiosos por conocer la historia de una cárcel de máxima seguridad que albergó historias increíbles así como figuras icónicas, entre ellos el mafioso Al Capone. Al terminar el recorrido se accede a una zona de venta de souvenirs. Allí la semana pasada un grupo de turistas uruguayos vieron un hombre ya anciano, firmando el libro de su autoría Alcatraz #1259 (por su número de prisionero). Sentado en un stand, con un gorro de beisbol y su rostro apacible, atendía a los compradores de su libro. En él, Bill Baker relata los tres años que pasó en la prisión, a la que llegó en 1957, a los 23 años, luego de intentar escapar de otros tres centros. Lo curioso es que tras ser liberado de Alcatraz siguió su carrera delictiva durante 50 años, porque allí aprendió a falsificar cheques, una “habilidad” que lo llevó tras las rejas varias veces más. Al final, parece haber encontrado una forma legal de ganarse la vida.

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Un ascensor problemático


La pareja acaba de tener a su primer hijo y en el edificio han recibido la felicitación de casi todos sus vecinos, especialmente los del mismo piso, que se ofrecieron a ayudar en lo que sea necesario. El único problema es que uno de esos vecinos, joven e impulsivo, no es muy cuidadoso a la hora de cerrar la puerta del ascensor, que está pegado al apartamento donde vive la familia, por lo que los golpes se sienten más fuerte y han provocado que el pequeño se despierte sobresaltado en más de una ocasión. Así, con un cartel en la puerta del ascensor, los padres ya pidieron un poco más de cuidado para cerrar la puerta, y que de esa manera el bebé siga durmiendo plácidamente como hasta ahora.

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