Un micrófono traicionero


El hombre estaba dando una entrevista para televisión, por lo que estaba frente a cámaras y con un micrófono solapero enganchado en la camisa. Una larga charla hablando sobre su mayor pasión lo llevó a recordar buena parte de su vida. La conversación con la periodista estaba por terminar, pero antes el hombre pidió unos minutos para ir a buscar algo. Se levantó de donde estaba y se metió en un lugar fuera de la vista de la periodista. Los minutos pasaban y el hombre no volvía, pero nada parecía extraño. Lo que nunca se dio cuenta el entrevistado es que no se había sacado el micrófono ni lo habían apagado. Por los auriculares que sirven para monitorear el sonido se escuchó de repente un ruido. El entrevistado había decidido hacer una escala en el baño, que quedó registrada en toda su sonoridad en el grabador.

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Establecimiento privilegiado


El joven fue a trabajar de la Aguada al Centro en su bicicleta. Era su primer día y al llegar se dio cuenta de que no llevaba candado o artefacto alguno para dejar la bici en la calle de forma segura. Fue por eso que entró a la empresa y preguntó si había algún sitio donde guardarla. La sorpresa fue grande cuando un encargado le dijo: “Ponela allí, en el despacho del director”. El joven sospechó que se trataba de una broma pensada para su primer día de trabajo, pero resultó ser verdad: el estacionamiento privilegiado de su bici fue, por un día, la oficina del director de la empresa.

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“Volvió la maruja”


Desde que se puso en marcha la venta de cannabis para uso recreativo en 16 farmacias de todo el país, los consumidores registrados han tenido que hacer largas filas frente a los locales para adquirir la droga. La gran demanda del producto, sumada a fallas en el sistema de reconocimiento, el bajo stock permitido y la lenta reposición hicieron cada vez más tediosa la espera. Un domingo de estos, un ómnibus de UCOT, línea 370, frenó frente a la farmacia Pitágoras de Malvín (una de las que venden en Montevideo), donde se ubica una de sus paradas establecidas, y desde arriba del coche un pasajero les gritó a los que hacían fila para comprar: “Volvió la maruja, gurises, buen fin de semana”. Hubo risas de varios, miradas incómodas de algunos y uno que levantó el pulgar agradeciendo el ánimo.

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Abuela tecno


La señora, de cerca de 70 años, tiene serias dificultades para conciliar el sueño. Duerme muy poco y, por lo general, está despierta durante gran parte de la madrugada. Hace un tiempo que encontró una manera de entretenerse en esos momentos: hablar por WhatsApp con sus nietas adolescentes. Las nietas salen a bailar, le muestran los lugares donde están y le cuentan qué están haciendo. La señora ha llegado a aconsejarles que se fueran de determinados locales, y hasta en una ocasión les envió un vehículo a buscarlas. Hace poco, un sábado, una de sus nietas le envió un mensaje: “Abuela, ¿estás despierta?”. La mujer se preocupó pero la chica le respondió enseguida que estaba bien en la fiesta de una amiga. “Lo que pasa es que estoy muy aburrida, conversemos”, le pidió. Así estuvieron un buen rato intercambiando sobre la vestimenta de quienes estaban en la fiesta, entre otros temas.

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La tarta más cara del mundo


Dos amigas fueron a tomar el té a un local de Carrasco. Se disponían a disfrutar de una tarde de charla. El servicio estuvo correcto y a pesar del frío la jornada era ideal. Pero todo se vino abajo cuando vino la cuenta. Una de las mujeres pidió té con scones y panes varios con manteca y mermelada. La otra, que es celíaca, eligió una de las dos opciones que había para contemplar su enfermedad, que no tolera harina de trigo. Era una tarta de limón o lemon pie. La queja al local se generó cuando se enteraron que el menú con harina de trigo costó 100 y pocos pesos, mientras que el menú para celíacos casi el triple. Las amigas se fueron indignadas tras haber degustado la porción de tarta más cara del mundo.

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Asesoría de vestuario


Vestido de pie a cabeza con ropa del Club Nacional de Football, el joven fue a comprar entradas para ver un espectáculo de reggaetón en Montevideo. Llegó al local de pagos y pidió el tique. Creyó que se iba a realizar en el Velódromo Municipal, pero la vendedora le advirtió que su artista favorito en realidad ofrecía el concierto en el Palacio Peñarol. El joven quedó helado y los que hacían fila detrás advirtieron la incomodidad. “Nunca fui. Bueno, dame igual la entrada”. La funcionaria del local de pagos le cobró y antes de retirarse le dio un consejo: “No vayas vestido así”.

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En casa de herrero, inclusión de palo


El hombre fue a hacer un trámite al Ministerio de Relaciones Exteriores. El papeleo necesario tenía un costo, y a la hora de pagar sacó su tarjeta de débito para cumplir con la exigencia. Sin embargo, el funcionario le dijo que solo aceptaban dinero en efectivo. En tiempos de inclusión financiera, el involucrado no podía creer lo que escuchaba, y se tuvo que conformar con tragar saliva, darse la vuelta y cruzar la calle para retirar dinero de un cajero automático.

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