Un pequeño error de cálculo


La familia fue con el niño, que está dejando los pañales, a pasear por la Costa de Oro el fin de semana. Estar al aire libre era una buena prueba para el pequeño, que tenía la misión de avisar si la necesidad fisiológica llamaba a la puerta. Y lo hizo, de manera tan simple y clara como lo puede hacer un niño de su edad: “Pipí”, dijo. Allí fueron los padres, a ayudarlo con la ropa, para poder evacuar. Solo que hubo un pequeño error de cálculo: no solo fue “pipí”, lo que obligó a los padres a trabajar el doble.

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Cuando la suerte te persigue


El hombre había tenido un accidente con su moto y había quedado muy golpeado. A pesar de que era su único medio de transporte resolvió dejarla porque ya no se sentía seguro. Días después jugó a la Quiniela un número que se le vino a la mente y para su sorpresa ganó $ 70 mil. Pero sentía que ese era su día de suerte. Entonces tomó el dinero y se dirigió al casino. Ganó una partida, dos, tres hasta que una buena mano lo dejó con US$ 5.000 en el bolsillo. El hombre cobró el premio y se fue a su casa. Al otro día mientras tomaba mate le dijo a su esposa: “Vieja, voy a comprar un autito”, a lo que ella respondió incrédula: “¿Y con qué plata?”. El hombre le contó la historia y como su esposa no creía le creía, le mostró el dinero. Acto seguido el matrimonio fue derecho a una automotora donde encontraron un auto usado y económico. Cuando preguntaron el precio, la suerte nuevamente estuvo de su lado: “Con el escribano te queda en US$ 5.000”. El hombre entregó todo el dinero y salió en su auto. De la moto, ya ni se acuerda.

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El taxiuber


La joven se encontraba de vacaciones familiares en Lima, Perú, y decidió usar Uber para trasladarse. Una noche, pidió un auto y cuando llegó, fue con su padre a su encuentro. En la puerta del hotel esperaban con las balizas prendidas dos autos: un taxi y uno particular. El padre de la joven abrió la puerta del acompañanate del auto particular y se sentó confiado de que ese era el Uber que habían pedido y que el taxi esperaba a otros pasajeros. Sin embargo, se bajó enseguida cuando el conductor le dijo que estaba equivocado y al escuchar que su hija le gritaba que ese no era el vehículo pedido. La joven se extrañó porque el Uber pedido era en realidad un taxi. "¿Acá los taxistas usan esta aplicación?", le preguntó al chofer. "Sí, la usamos mucho", le respondió y se sorprendió cuando los uruguayos le contaron que usar Uber en Uruguay era mala palabra para los taxistas.

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El Uber fantasma


El joven pidió un viaje en Uber y durante la espera se dedicó a seguir el trayecto que el conductor hacía para llegar al punto de encuentro. Los minutos pasaban y el joven notó en el mapa de la aplicación que el chofer se comportaba de forma errática, como si tuviera problemas para dar con la dirección, hasta que en determinado momento vio que el vehículo doblaba la esquina. En ese momento, el joven se arrimó a la vereda y le hizo señas al conductor, que pasó junto a él y siguió sin detenerse. Sin saber qué hacer, el joven volvió a mirar su celular y notó que el viaje había sido iniciado, pero él no estaba sobre el vehículo como era de esperarse. Lo más llamativo fue que el conductor hizo el trayecto hacia el destino marcado por el pasajero, pero sin el pasajero. Por suerte para el joven, luego de presentar la queja ante Uber el importe del viaje fantasma le fue devuelto.

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Buen samaritano en La Paloma


La veraneante estaba en su casa en La Paloma cuando sintió que golpeaban a la puerta. Sin estar esperando a nadie en especial, se sorprendió cuando, al atender el llamado, se encontró de pie frente a un joven que mostraba en su mano las llaves del auto de la veraneante. Luego de preguntar si le pertenecían, el muchacho –oriundo de Rivera– explicó que había visto las llaves en el suelo cerca de un vehículo en el lado del conductor, por lo que instintivamente atinó a golpear en la puerta más cercana para probar suerte e intentar encontrar al propietario. Sin creer todavía en su buena fortuna, la veraneante procedió a agradecer de todas las formas posibles al joven por su honestidad y preocupación, ya que era consciente de que el manojo de llaves hacía varias horas que debía estar en la calle sin ella haberlo siquiera notado.

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Edad dudosa


La joven se disponía a ingresar al casino del hotel Conrad de Punta del Este cuando fue detenida por los encargados de seguridad apostados en la entrada, que le solicitaron el documento de identidad. Sorprendida, la joven preguntó a qué se debía esa situación y la respuesta la descolocó: los porteros sospechaban que estuvieran frente a una menor de edad. La joven, de 22 años, no pudo menos que sentirse halagada aunque debió volver hasta el lugar donde se estaba alojando porque justo en ese momento no cargaba con su cédula de identidad.

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Confusión


El periodista estaba en otra extenuante jornada de trabajo durante la temporada alta en Punta del Este y concurrió a una nota en una camioneta blanca del diario. Cuando terminó su tarea, se dispuso a partir a otra actividad pero no logró abrir el vehículo con la llave correspondiente. Por más que lo intentó, la cerradura no respondía a sus deseos. Luego de algunos minutos, decidió observar con mayor detenimiento cuál podría ser el problema cuando se percató de que la camioneta en la que había arribado al lugar no contaba con una lona negra en su caja, como sí tenía la que intentaba abrir. Una rápida mirada a la cuadra le permitió darse cuenta de que estaba frente al vehículo incorrecto, y que el que debía abrir estaba a algunos metros de allí. Silbando bajito y observando disimuladamente que no hubiera testigos, caminó hasta la camioneta correcta que, ahora sí, respondió a la llave.

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