Chuequera traicionera


La periodista tenía un buen día. Ya sabía sobre qué iba a escribir y había mantenido una reunión con una jerarca de un ministerio. El encuentro había sido muy bueno y la joven sentía que de a poco afianzaba su vínculo con las fuentes: algo indispensable en el periodismo. A la salida, mientras bajaba por las escaleras de mármol del ministerio, su celular comenzó a sonar y la joven se puso a buscarlo dentro de la cartera. Entonces su chuequera le jugó una mala pasada, se tropezó y rodó por los escalones. Cuando el descanso por fin la detuvo, la periodista se dio cuenta de que no se había lastimado y que –por suerte– ningún testigo había presenciado semejante espectáculo.

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