La puerta que no abre


En estos días de fiestas y despedidas, una noche, la hija adolescente llegó de madrugada y no pudo abrir la puerta de su casa. El padre tuvo que despertarse y desconfiado le preguntó si no habría tomado demasiado, porque esa puerta ni la llave tenían problemas. La joven se defendió y le dijo que tomar una cerveza no era suficiente para emborracharse y que, en cualquier caso, si estuviera ebria difícilmente podría sostener su aguerrido discurso de defensa. La madre luego le dijo al padre que no exagerara y que recordara cómo volvía a su casa a la misma edad, ciertamente en un estado bastante más preocupante.

A la semana fue la madre quien tuvo una fiesta de despedida. Ese día había alerta amarilla y llegó a su casa luego de varias horas de baile y algunos vinos, bajo lluvia. Ella tampoco pudo abrir la puerta y tuvo que despertar a su esposo. A la mañana siguiente la mesa estaba servida para la broma: “Che mamá, ¿ayer no pudiste abrir vos la puerta? Decile a papá que no estabas borracha”.

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