Justicia por mano propia frente al juzgado


La joven estaba frente al juzgado de la calle Juan Carlos Gómez, en la Ciudad Vieja montevideana, cuando un vendedor ambulante que pasaba por esa calle se acercó a ella. No tenía curitas, tampoco ofrecía trapos ni plumeros. Sus productos eran bastante particulares. “Señorita, ¿no me quiere comprar algo? Vendo gas pimienta, picanas y unas cuchillas que puede llevar en su cartera. Mire qué linda. Se la dejo en 300 pesos”, le dijo el hombre. La muchacha no estaba interesada, pero ante la insistencia del vendedor, la tomó y se la quedó durante unos segundos en la mano. Era como un cuchillo de cocina que medía unos 30 intimidantes centímetros. “La puede usar en la calle para defensa personal”, agregó el vendedor, intentando lograr su cometido. La joven se lo devolvió y le agradeció, pero luego se quedó pensando qué ironía había sido. Frente al lugar donde el Estado imparte justicia, el hombre la quería incitar a que, en caso de que fuera necesario, hiciera justicia por mano propia.

Standard