Una sucesión de eventos desafortunados


El joven estaba en el jardín de su casa, el jueves de mañana, cuando su madre salió raudamente porque llegaba tarde a trabajar. ¡No tranques la puerta! llegó a gritarle a su progenitora, antes de seguir en sus quehaceres, terminar, volver a la casa, bañarse y salir a la facultad. Cuando terminó, se dirigió a la puerta de la casa… y efectivamente, estaba trancada. No tenía el teléfono encima, y para agregar problemas, la puerta del portón de salida también estaba trancada. Encerrado en el jardín, optó por una solución arriesgada: se trepó al techo, caminó entre las tejas, rompió una ventanita pequeña y metió la mano para abrirla desde adentro y colarse en su propia casa. A la madre no le hizo mucha gracia, pero tuvo que reconocer que la primera falta había sido suya.

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