Un corte que nadie esperaba


Era viernes por la noche y tres jóvenes se encontraron en un shopping de Montevideo para ver una de las películas nominadas a los premios Oscar. La proyección comenzó a la hora estipulada y sin ningún inconveniente. De repente, casi al final de la película, en una escena de mucha tensión emocional, unos flashes se encendieron en la sala y –para el sobresalto de los espectadores– la pantalla se sumió en completa oscuridad. ¿Un recurso artístico?, pensó uno de los jóvenes. Difícil. Poco coherente. Improbable, comentó el resto. Sorpresivamente la pantalla se volvió a encender pero esta vez solo se proyectaban las letras de los subtítulos sobre un fondo negro. Alarmado y preocupado por lo que esas letras podían anticipar de la historia, uno de los espectadores fue a buscar a un encargado del cine para que solucionara el imprevisto. Al parecer el complejo había sufrido una baja en la tensión eléctrica. A los pocos minutos el problema se solucionó y la película se reinició en la escena en la que se había cortado, aunque llevó unos minutos entrar en clima.

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