La coherencia no es una virtud


El joven se tomó un taxi y marcó como destino al conductor el Palacio Legislativo.

“Ahí habría que poner una bomba, los políticos no hacen nada, son todos ladrones y corruptos”, fue la tajante respuesta del obrero del volante, como prefacio de un viaje que se anticiparía tenso. Sin embargo, el viaje transcurrió en silencio y cuando llegó al destino, el conductor preguntó de forma poco sutil a su eventual acompañante:
–¿Vos vas a trabajar ahí o vas a buscar trabajo?
–Soy periodista –contestó el viajero–. ¿Me podés dar un tique por el viaje?
–Sí, son $ 180. ¿Te lo hago por $ 200 y me quedo con $ 20? –preguntó el conductor, que minutos antes había despotricado contra la corrupción.

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