Un final inesperado


La joven salía de su facultad y como todos los días de la semana se dispuso a recorrer 18 de Julio hasta Ejido para llegar a su casa. Ni bien salió del lugar, se encontró con un hombre que llevaba lentes oscuros, pantalón blanco y una campera negra. Además, el factor que más le llamó la atención fue que caminaba con un bastón de color blanco, símbolo de una persona no vidente. La joven miró a su alrededor, esperando que alguien lo ayudara a cruzar la calle pero como nadie se acercó, decidió acudir en su ayuda. Con un poco de vergüenza, le tocó el hombro y le ofreció cruzar la calle con él. Pero, para su sorpresa, la respuesta fue: “No, gracias, estoy mirando vidrieras”. La chica, sin poder disimular el desconcierto y la sorpresa, se alejó rápidamente. Hasta ahora, después de dos semanas, se siente confundida.

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