La maldita grasera


El hombre empezó a sentir un olor feo cuando limpiaba los platos en la cocina y enseguida asoció: ¡la grasera! Sacó todos los productos de limpieza que guarda debajo de la pileta, abrió la grasera y comenzó a sacar el líquido con grasa en un balde, que luego tiró por el váter del baño. Al día siguiente vio que al lavar la vajilla volvía a subir el agua en la grasera hasta el tope, y que no bajaba. Pero lo peor era que también vio que el agua demoraba en bajar en el váter. Un día después, ya sin poder lavar nada en la cocina y sin poder usar el inodoro porque estaba desbordado, consiguió una sopapa y –no sin echastrarse todo– destapó el baño. Con la grasera no tuvo suerte. Terminó llamando a un sanitario y esta mañana pensaba tener el problema solucionado.

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