Encerradas en el balcón


Las amigas tenían mucho que conversar, por lo que cuando la invitada salió al balcón a fumar la dueña de casa la acompañó. El ímpetu con que la fumadora cerró la puerta hizo que se trancara el cerrojo y quedaran “encerradas” afuera. Hacía frío, no tenían teléfono para pedir auxilio y en la gélida noche invernal nadie pasaba por la calle. Consideraron romper el vidrio pero lo descartaron. Pasados unos cuantos minutos vieron venir a un hombre y le gritaron desde el noveno piso que llamara al portero, a quien le pidieron que buscara un cerrajero para que abriera la puerta del apartamento que había quedado con la llave puesta en la cerradura. Mientras, siguieron intentado abrir la ventana aferradas a un fino borde hasta que de repente lograron desenganchar el cerrojo y la puerta se abrió. Se abrazaron como si hubieran sacado la grande y la charla prosiguió.

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