Un corte de pelo y un olvido


El hombre se había cortado el pelo en la misma peluquería a la que concurre desde que es niño, y en la que también se corta su padre. El comercio aún no acepta pagos con tarjeta, por lo que, tras el corte, cuando se dio cuenta de que no tenía efectivo, salió a recorrer el barrio en busca de algún cajero. Pero tras 20 minutos de buscar y solo encontrar terminales cerradas por explosiones o relocaciones, llamó a su peluquero y le dijo si tenía problema en que pasara más tarde, ya que estaba llegando tarde al trabajo. Luego se olvidó de pasar, y al día siguiente, cuando vio a su padre, le dijo que tenía pendiente ese pago. El siguiente capítulo de la historia se dio tres semanas después, cuando recibió un llamado de su padre, a quien le había llegado el turno de cortarse el pelo: “No puedo creer que hace tres semanas que viniste y aún no pagaste”. Como cuando era niño, no le quedó otra que darle la razón a su progenitor.

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