Alcohol y débito


La periodista salió a bailar, con el paso del tiempo y de algunos tragos decidió por precaución poner la tarjeta de débito en un bolsillo para evitar perderla. Al término de la larga noche se fue directo a su casa a dormir. Al otro día, y todavía afectada por los efectos de los tragos, salió a hacer mandados, al buscar en su monedero se dio cuenta de que no tenía la tarjeta. La siguió buscando y ante la falta de éxito –asumiendo que efectivamente la había perdido– decidió llamar al banco para que la bloquearan. Después de estar más de media hora al teléfono, logró su cometido. Pero cuando cortó se quedó pensando y un recuerdo le vino a la mente y fue al canasto de la ropa sucia en busca de la camisa con la que había salido la noche anterior. Al meter la mano en el bolsillo, el rectángulo plástico fue fácilmente identificable al tacto. Corrió otra vez al teléfono, llamó al banco y explicó su situación pero ya era tarde. Estaba bloqueada. Estuvo una semana entera sin la tarjeta a la espera de que le dieran otra.

Standard