El trabajo tan anhelado


El joven salía de la facultad, de donde siempre se va en ómnibus, pero al llegar a la puerta se dio cuenta de que la lluvia era demasiado intensa como para llegar a la parada más o menos seco. Luego de clases, siempre se va al trabajo porque tiene los horarios pegados. Debido al impedimento climático, decidió pedir un auto a través de una aplicación de transporte. Al llegar, quien manejaba, parecía un poco entrado en edad. A medida que comenzó el trayecto, la charla se hizo fluida hasta que sonó el celular del conductor. Este frenó, y le preguntó al pasajero si no tenía inconveniente en que atendiera debido a que era una propuesta de trabajo. El chico aceptó y al hombre le dieron el trabajo, quedando tan contento que como forma de agradecimiento no le cobró el viaje.

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La pura casualidad


El joven está cursando uno de los últimos años de su carrera. Entre los ejercicios que mandaron en una de las materias, había uno que hablaba sobre hacer periodismo de inmersión, es decir, meterse en una situación pero no explicitar su calidad de estudiante de comunicación. El muchacho eligió dormir una noche en una pensión en la que solo hay inmigrantes. Cuando entró al cuarto, luego de hacer el cuento que venía del interior del país y así acceder a quedarse allí, se encontró con que la persona que compartiría el sueño con él esa noche era un conductor que lo llevó en una de las oportunidades que utilizó una aplicación de transporte.

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Roles invertidos


La periodista estaba cubriendo una concentración de inmigrantes cubanos en la puerta de cancillería. Mientras unos 50 de ellos seguían esperando para entrar, se prendió un cigarro. Con el cigarrillo en la mano, se acercó a conversar con uno de los cubanos para hacerle unas preguntas. El hombre la miró y le dijo: “Vamos a invertir los roles. Yo te voy a entrevistar a ti. ¿Por qué fumas? Eso es malo para tu salud y para tu bolsillo”. La periodista se rió y el hombre siguió con su postura antitabaco, que casi atenta con la entrevista de la periodista. “Tira ese cigarrillo. Hasta que no dejes de fumar no te voy a responder una pregunta más”, le dijo y se alejó sin ser entrevistado.

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Una noche de encierro


El periodista se juntó con sus compañeros a comer asado y pasar un buen rato en la casa de una de sus colegas. La reunión fue en la azotea del edificio por lo que a cierta hora de la noche el frío comenzó a sentirse pero los jóvenes seguían sin importar el clima. en determinado momento el comunicador bajó al apartamento, por lo que pidió uno de los dos juegos de llaves que tenía la propietaria. Pero luego, en otra situación, fue al baño y tomo el segundo juego de llaves sin percatarse de que todavía tenía el primero. Cuando fue a salir del baño, la puerta no abría. Los demás que estaban en la azotea no tenían forma de entrar porque no contaban con llaves y llamar a un cerrajero implicaba que este tendría que romper tres puertas para llegar al joven. Por lo que todo terminó con la puerta del baño destrozada a patadas.

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El paquete de la comodidad


El joven vive hace cuatro años en Montevideo en una residencia estudiantil, lo que a sus padres les pareció mejor para que estuviera acompañado y no en la soledad de un apartamento. En estos años las experiencias y anécdotas han sido muchas. No obstante, este viernes le pasó algo fuera de lo común. Al llegar, en la noche, estaba uno de los chicos abriendo la encomienda que sus padres le mandaron desde Salto. En el paquete había frutas, verduras, en fin, comestibles. Pero en un rincón había una pequeña bolsa que al comunicador le llamó la atención. Cuando preguntó, la respuesta lo dejó anonadado: “Son huevos cocidos que me mandan desde casa”, dijo el estudiante. Y luego explicó que era para “no cocinar mucho”.

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Un corte de pelo y un olvido


El hombre se había cortado el pelo en la misma peluquería a la que concurre desde que es niño, y en la que también se corta su padre. El comercio aún no acepta pagos con tarjeta, por lo que, tras el corte, cuando se dio cuenta de que no tenía efectivo, salió a recorrer el barrio en busca de algún cajero. Pero tras 20 minutos de buscar y solo encontrar terminales cerradas por explosiones o relocaciones, llamó a su peluquero y le dijo si tenía problema en que pasara más tarde, ya que estaba llegando tarde al trabajo. Luego se olvidó de pasar, y al día siguiente, cuando vio a su padre, le dijo que tenía pendiente ese pago. El siguiente capítulo de la historia se dio tres semanas después, cuando recibió un llamado de su padre, a quien le había llegado el turno de cortarse el pelo: “No puedo creer que hace tres semanas que viniste y aún no pagaste”. Como cuando era niño, no le quedó otra que darle la razón a su progenitor.

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Las botellas engañosas


Para los estudiantes del interior cada vez que llega la encomienda que trae alimentos es una felicidad tremenda. Al joven siempre le llegan botellas de guaraná que contienen whisky, debido a que en su ciudad cuesta menos que en la capital. El chico está acostumbrado a poner esas botellas en la heladera y cuando sale con sus amigos las lleva. Hace un par de días el joven periodista salió a correr y llegó a su casa con mucha sed. Abrió la heladera y vio que no tenía agua, fue así que tomó una de estas botellas y, sin recordar qué contenían, tomó un trago. Cuando la bebida pasó por su garganta, la sensación de quemazón lo estremeció. Fue así que recordó que no era guaraná.

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La muela y el partido de fútbol


El periodista le teme mucho a todo lo relacionado con cirugías y sangre, por lo tanto, cuando se acerca la hora de ir al médico o al dentista intenta no pensar porque sino siempre termina cancelando la cita. En esta oportunidad, la situación era un poco más caótica, ya que debía asistir a una cirugía para extraer la conocida muela del juicio. Cuando su dentista, que lo conoce y sabe que al joven periodista no le agradan para nada estas situaciones, le dijo que la cirugía debía llevarse adelante lo antes posible porque corría riesgo de que los dientes se movieran de lugar, el comunicador le dijo que marcara fecha para cuando pudiera. Así fue que en la tarde de este martes, la cirugía se llevó adelante. Pero lo que el joven no consideró fue que el mismo día y a la misma hora se jugaba el partido de Nacional contra San Lorenzo. Al llegar al consultorio, lo primero que pidió fue una televisión para ver el partido. La cirugía terminó unos minutos antes de que el juez indicara el final del encuentro.
Fue así que el odontólogo miró al joven y le dijo: “No puedo creer que no te hayas quejado. La próxima esperamos a que juegue Nacional también”.

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La muela y el partido de fútbol


El periodista le teme mucho a todo lo relacionado con cirugías y sangre, por lo tanto, cuando se acerca la hora de ir al médico o al dentista intenta no pensar porque sino siempre termina cancelando la cita. En esta oportunidad, la situación era un poco más caótica, ya que debía asistir a una cirugía para extraer la conocida muela del juicio. Cuando su dentista, que lo conoce y sabe que al joven periodista no le agradan para nada estas situaciones, le dijo que la cirugía debía llevarse adelante lo antes posible porque corría riesgo de que los dientes se movieran de lugar, el comunicador le dijo que marcara fecha para cuando pudiera. Así fue que en la tarde de este martes, la cirugía se llevó adelante. Pero lo que el joven no consideró fue que el mismo día y a la misma hora se jugaba el partido de Nacional contra San Lorenzo. Al llegar al consultorio, lo primero que pidió fue una televisión para ver el partido. La cirugía terminó unos minutos antes de que el juez indicara el final del encuentro.

Fue así que el odontólogo miró al joven y le dijo: “No puedo creer que no te hayas quejado. La próxima esperamos a que juegue Nacional también”.

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Un spray polémico


La niña de 10 años invitó a su amiga a dormir. Le pidieron al padre de la dueña de casa que les comprara un spray para el cabello, para imitar a uno de los youtubers de moda a los que siguen con pasión. Y allá marchó el hombre a buscar la bendita pintura para el pelo, de color azul.

Más allá de la parafernalia del cabello azul, y de que ensuciaron toda la casa en el proceso, la noche pasó sin mayores contratiempos. Pero los problemas llegarían al día siguiente, cuando la madre de la amiguita llamó indignada al hombre, diciendo que le había quemado el pelo a su hija. Afortunadamente la discusión terminó con risas, luego que ambos adultos llegaran a una conclusión: después de todo, el pelo crece.

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El calor de los comentarios


El joven periodista acompañó a sus padres al médico el pasado sábado. El calor ya era insoportable, simulando un verano anticipado, los montevideanos ya se habían sacado el abrigo y la humedad hacía que las calles estuvieran un tanto desiertas.
El periodista no era indiferente a esta situación, por lo tanto su vestimenta concordaba con la de los demás: camisa de manga corta y bermudas. Luego de esperar un rato mientras atendían a sus padres, salieron para irse pero la tormenta ya había estallado y la lluvia azotaba con furia las calles de la capital.
El agua caía del cielo con tanta intensidad que su madre y el joven periodista debieron esperar en la puerta del sanatorio mientras su padre fue a buscar el auto para que no se mojaran. Fue allí que dos enfermeras comenzaron a comentar cómo las personas ya andaban “con muy poca ropa” y ni siquiera había comenzado el verano. Al escuchar esto, el comunicador miró para atrás porque se sintió identificado, ya que él era uno de esos que estaba usando ropa de verano. Fue así que la enfermera notó que el joven escuchó su comentario y se acercó para hablarle a su madre. “Dígale que se abrigue señora, porque después se enferma”. La mamá del muchacho, un tanto sorprendida por el comentario, respondió que ya era lo suficientemente grande como para elegir qué ropa ponerse.

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¡No riegue las plantas!


Al periodista le llamó la atención el cartel en una de las grandes macetas ubicadas en el primer piso de la sede del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. En este se solicita a quienes allí trabajan que no rieguen las plantas. Y no es que se las quiera privar del vital elemento. Sucede, explicó un funcionario del ministerio, que, por un lado, las plantas recibían demasiada agua porque la gente no coordinaba los riegos y a veces les suministraban agua varias veces durante el mismo día. Y, por otro, ocurría que más de uno utilizaba las macetas para descargar los resto de agua caliente de los termos, con el consecuente daño. En un ministerio a cuyos jerarcas les quitó el sueño una sequía de grandes proporciones, las plantas sufrían, pero por exceso hídrico.

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Una muy buena influencia


El periodista decidió solicitar Uber para llegar a tiempo. Cuando se subió al auto, el chofer se mantenía callado pero desde el momento en que se enteró de que su pasajero era comunicador se largó a hablar. Entre muchas anécdotas, le contó que había sido puntero derecho en el Club Atlético Progreso. En este sentido, contó un suceso relacionado al Pistola Marsicano, un legendario dirigente de Progreso. En esas idas y vueltas que tiene el fútbol, un día el ahora conductor de Uber fue a probar suerte a Banfield en Argentina y Marsicano lo acompañó y se sentó al lado del presidente del club argentino. Cada vez que el joven tocaba la pelota, el dirigente uruguayo gritaba “¡Pero quién es ese!”, a lo que el presidente de Banfield respondía que era un uruguayo que había ido a probarse. Fue así que cada vez que el chofer tocaba la pelota, Marsicano gritaba cosas como “¡no lo dejen ir!” “¡No lo pierdan!”. Finalmente, Banfield contrató al jugador y así se pudo comprar un terreno y construir la casa propia.

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La tragedia de las llaves


El joven periodista suele irse cada tanto a su ciudad natal a pasar unos días con sus padres. Cada vez que puede, encuentra una excusa para escapar de la rutina. El pasado viernes, al salir del trabajo decidió que se iría para el interior pero no le avisó a sus padres con motivo de darles una sorpresa. Si bien tenía planeado ir, cuando llegó a su casa se puso a armar el bolso, mientras la hora avanzaba. Llegó al ómnibus 10 minutos antes de que partiera. Después de cinco horas de viaje llegó a su hogar de la infancia a las seis de la mañana y se dio cuenta de que se había olvidado de las llaves. Tocó timbre, llamó por teléfono pero en la casa todos dormían y nadie atendió. Fue así que tuvo que esperar más de dos horas en la vereda hasta que alguien se levantó a abrir la puerta.

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Las vueltas de la vida


La periodista fue invitada a cubrir un evento de interés en la sección en que trabaja. Como es de costumbre, cada vez que llega a la entrada dice su nombre para que sepan que viene de un medio de comunicación, pero esta vez cuando se identificó algo que nunca esperó pasó. El chico que estaba en la entrada dijo: “Yo a vos te conozco”. La joven comunicadora quedó perpleja ante esas palabras, entonces preguntó de dónde, porque ella no tenía idea de quién era. El hombre le dijo que él se había colado en su cumpleaños de 15, hace ya varios años. La periodista no pudo contener la risa y largó la carcajada. El “colado” le contó cuán complicada fue la maniobra que tuvo que hacer con sus amigos para ingresar a la fiesta.

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Una alerta fallida


La señora llamó preocupada al portero del edificio para decirle que estaba escuchando ruidos extraños en el departamento lindero y que, por lo que sabía, la vecina no estaba en casa. El portero preocupado llamó inmediatamente a la policía pero cuando ya estaban por atenderlo, la señora volvió a comunicarse con él a traves del portero eléctrico. “Quédese tranquilo, nomás. Los ruidos los estaba haciendo el hijo de la vecina y yo no me había enterado de que hoy pasaba a buscar unas cosas”, le informó. El portero cortó la comunicación con la policía y se quedó pensando en que, al parecer, la vecina denunciante está muy enterada de todo lo que ocurre en el edificio pero, a veces, se le pasan algunos datos importantes.

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El espejo de Benech


En varias instancias en las que expuso durante la actual Expo Prado, Enzo Benech aludió a la relevancia de evitar confrontaciones entre los uruguayos. Dijo que somos pocos y que no es bueno enfrentarse, pese a que sea comprensible que haya diferentes modos de ver las cosas e intereses contrapuestos. El ministro de Ganadería, al hablar en el acto de lanzamiento de la Expoactiva en la sala de conferencias, dijo que antes de cuestionar a otro y decirle lo que debe hacer, era un buen ejercicio mirarse uno mismo en el espejo. Es más, afirmó que él lo hacía cada mañana al levantarse. Y añadió, para distender: “Yo lo hago todas las mañanas… ¡y me pego cada susto!”, originando risas en un auditorio colmado de productores y autoridades.

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Músico bajo sospecha


La joven estaba preparando un trabajo para facultad. La tarea consistía en captar a un artista callejero y hacerle una entrevista, además de que cantara frente a las cámaras. El único inconveniente era que la chica y el grupo de estudiantes no conocían a nadie que se desempeñara dentro del rubro. A pesar de que estuvieron unos días pensando y tratando de conseguir a alguien que accediera a colaborar con el trabajo, los esfuerzos fueron en vano. No obstante, la fecha de entrega se hacía cada vez más cercana y los nervios crecían proporcionalmente. Fue así que, un par de días atrás, mientras caminaban por 18 de Julio la joven vio a una persona que portaba una guitarra debajo del brazo. Se detuvo y todo el grupo de estudiantes rodeó al hombre. Finalmente, le realizaron la entrevista pero cuando llegó el momento en que debía demostrar sus dotes artísticas, el resultado fue decepcionante. El grupo de compañeras concluyó que la persona poco tenía que ver con la música y que, por lo tanto, habían sido engañadas por el falso artista.

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El poder del micrófono


El hermano del periodista es profesor de facultad, por lo que siempre está en vuelta de parciales y exámenes. Además, se suman los imprevistos que tienen los alumnos y que repercuten en su asistencia a las instancias evaluatorias. Hace un par de días uno de sus alumnos le pidió hacer un parcial al que no había podido asistir por razones laborales. Cuando el profesor preguntó en qué trabajaba, el joven respondió que jugaba al fútbol en un importante equipo de segunda división. Ante la respuesta, el hermano del comunicador preguntó por qué no había arreglado para asistir al parcial, ya que en ese club siempre resaltan la importancia del estudio. “Eso dicen con un micrófono en frente, después, en los hechos, te la hacen muy difícil”, respondió el estudiante.

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Justo a tiempo


El joven fue el fin de semana a su ciudad natal porque tenía el cumpleaños de 15 de su prima. Durante toda la semana la madre del periodista le recordó que no se olvidara de nada, es más, le envió una lista por WhatsApp de todo lo que tenía llevar en el bolso para la ocasión. Seguro de que tenía todo, el comunicador salió de su trabajo y fue directo rumbo a la terminal para tomar el ómnibus. Llegó a su casa seguro de que todo estaba listo para el cumpleaños, por lo que pasó el sábado visitando amigos y familiares. Alrededor de dos horas antes de ir para la fiesta, cuando sus padres ya se habían ido, se dio cuenta de que se había olvidado de la corbata que compró para esa noche. Ante la desesperación, golpeó en la casa de su vecino y le pidió una corbata. Si bien al hombre le costó entender el pedido, accedió y el joven llegó a tiempo al festejo.

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Un almohadón y una duda


La periodista estaba de viaje en China y aprovechó una cálida noche para salir a recorrer un lugar muy popular para los jóvenes de Pekín, una zona de bares que rodean un pintoresco lago. La mujer observaba todo con detenimiento hasta que algo le llamó la atención. En la puerta de una tienda había un sillón con un almohadón que tenía estampada una bandera uruguaya. Curiosa, se acercó e intentó preguntarle al dueño del local de dónde había salido el almohadón. El hombre no hablaba inglés y mucho menos español, por lo que la conversación resultó difícil. El comerciante intentaba venderle el almohadón y no comprendía que ella solo quería contarle que era la bandera de su país y saber cómo había llegado allí. Después de varios intentos, se convenció de que debería volver a Uruguay con esa duda para siempre.

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Reguetón por la mañana


Los periodistas que llegan en la mañana a la redacción están acostumbrados a trabajar tranquilos o que, por lo menos, el alboroto se dé dentro del mismo edificio. No obstante, en la mañana de este jueves un hecho sorpresivo y hasta inexplicable interrumpió la jornada laboral. Un grupo de muchachos llegaron en un auto, estacionaron, abrieron las puertas y pusieron reguetón a todo volumen. Luego procedieron a sentarse en la vereda. Después de un rato en que algunos comunicadores trataban de explicarse qué hacían allí aquellos hombres, llegó un momento en que la música ya no dejaba trabajar y uno de los periodistas salió a pedir por favor que bajaran el volumen.

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Ante la necesidad, cualquier cosa


El joven organizó un campamento con los amigos, esos que uno tiene de toda la vida y que se conocen muy bien. Se encargaron de llevar lo elemental, como la comida, algo de tomar y cada uno lo que iba a usar. La idea era quedarse varios días, ya que estaban de vacaciones y no parecía haber un mejor plan. Las noches transcurrieron entre asados, cartas y largas charlas. A medida que pasaron los días, el agua comenzó a escasear pero, como buenos amigos, trataron de economizar al máximo para llegar al final del campamento. De igual modo, llegó un momento en que la situación se hizo insostenible porque, sencillamente, habían dos opciones: pasar sed o tomar poca agua para que no se terminara. Fue así que algunos optaron por irse antes y los demás terminaron lavándose los dientes con vino.

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Un viaje directo al futuro


La periodista viajó a China para descansar unos días de la vorágine capitalina, mientras tanto su hija de 6 años quedó en Uruguay porque debía ir a la escuela y cumplir con distintas actividades. La única manera que encontraron para mantenerse comunicadas fue hacer videollamadas, pero el país asiático tiene una diferencia de 11 horas con respecto a Uruguay, por lo que cada vez que la madre llamaba a su hija en la mañana, ella estaba a punto de irse a dormir. De igual modo, la pequeña entendió que su madre estaba 11 horas adelantada en el tiempo, entonces, cuando se comunicaban formulaba la misma pregunta: “¿Mamá, cómo es el futuro?” y luego le pedía que le contara lo que veía alrededor.

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El efecto de un viernes


El periodista, después de una semana complicada, planeaba ir a quedarse el fin de semana a la casa de su novia. Debido a que trabaja hasta la noche, se llevó la mochila a su lugar de trabajo para ir directo desde allí. Al salir decidió tomarse un taxi para llegar más rápido. Estaba convencido de que en la billetera tenía efectivo, por lo que paró el primer auto que venía libre y le indicó al chofer la dirección. Al llegar a destino, tomó el dinero pero se dio cuenta de que solo poseía $ 100. Con un poco de vergüenza le comunicó al conductor, esperando que este le pidiera que fuera a un cajero o que consiguiera más dinero, pero el veterano que estaba al volante dijo: “No, es viernes, dame lo que tenés y si nos volvemos a encontrar algún día terminás de pagarme”.

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El tiempo pasa y las cosas cambian


La periodista estaba hablando con una de sus hijas a la hora de la cena. De repente y, sin anunciar, la niña pregunta: “¿Mamá, vos conocés a Bad Bunny?”. Al escuchar esto, la madre la miró y, casi si querer, respondió confiada que sí. “Cómo no lo voy a conocer, es un conejo muy famoso”. La comunicadora estaba convencida de lo que decía pero la pequeña la miró con cara de sopresa y le preguntó de qué conejo estaba hablando. Ella le preguntaba por el famoso cantante puertorriqueño de trap. La madre quedó sin respuesta alguna pero todo tuvo sentido cuando tomó su celular y buscó el nombre de este muchaho, dándose cuenta de cómo pasan los años.

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La presentación en la cena


La familia suele jugar en la cena a “Mirtha Legrand”. La madre hace el papel de la histórica conductora argentina y el padre y los dos niños son los comensales. Una de las primeras veces que jugaron, la madre presentó primero a la niña. Después de su nombre, siguió: “Actriz, luchadora por los derechos humanos, presidenta de la Suprema Corte de Justicia”. La niña se preocupa generalmente porque las cosas sean justas, y esa presentación era fiel a su personalidad. Cuando llegó el turno del niño, luego de su nombre, la madre dijo: “Futbolista, bombero, luchador por los derechos humanos, Power ranger”. El niño, que ampliaba su sonrisa ante cada una de las palabras de su madre, cuando terminó la presentación no quedó del todo conforme y reclamó, con las manos junto a la boca como diciendo un secreto: “Te faltó ‘fuerte y musculoso’”.

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Un postre que no fue


La periodista terminó de comer en el trabajo y fue directo a servirse el postre. Siempre, para esta comida, decide poner en su taper una fruta porque además de ser saludable, es dulce. Más allá de que es una especie de descanso en la mitad de la jornada laboral, a la joven le gusta mucho todas las comidas dulces o azucaradas. Con la misma ilusión de todos los mediodías, tomó su cuchara y se encaminó al escritorio con el pequeño bolso de neopreno en donde llevaba el postre. Se sentó y cuando abrió el taper se dio cuenta de que lo que había dentro no era manzana cortada, sino palmitos. Sin poder creerlo, cerró el recipiente y debió conformarse con una galletita rellena.

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Una siesta exprés


Para la joven es casi una rutina salir de clase y que una compañera de trabajo que asiste a la misma universidad la espere. En muchas ocasiones salen a la misma hora pero, debido a que están en clases diferentes, a veces una tiene que esperar a la otra. Aprovechando que su compañera había conseguido el auto de los padres, le dijo que cuando saliera ella estaría afuera para llegar al trabajo en hora y no tener que recurrir al transporte público. Fue así que la chica salió de facultad y comenzó a mirar de un lado al otro para saber dónde estaba su compañera. Pasaron unos minutos pero nadie aparecía, Ante la ausencia, pensó que algo había pasado o que, simplemente, su compañera había decidido irse al trabajo sin ella. Comenzó a caminar rumbo a la parada y le pareció ver el auto su compañera. Decidió acercarse y cuando miró por la ventanilla, se encontró con el asiento del conductor reclinado y a la joven dormida profundamente. Le llevó más de cinco minutos lograr que despertara.

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El vaso de agua caliente


La periodista esperó las vacaciones durante mucho tiempo, por lo tanto organizó un viaje a China para pasar esos días con su familia. Al llegar una de las primeras sorpresas fue el calor casi tropical que azotaba el país. Además, la oferta en comida era tan variada que muchas veces se hacía difícil elegir qué comer, sumado a que los nombres estaban en chino y las imágenes que acompañaban los distintos menús no eran del todo claras. Sabiendo esto de antemano, la joven fue a comer y notó que la bebida que acompañaba la comida era té caliente, por lo que prefirió pedir agua. Cuando llegó la moza, se podía ver que del vaso salía vapor pero la periodista agradeció y no dijo nada. Al otro día, fue clara en su explicación y pidió que el vaso tuviera agua fría.

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Momentos incómodos


El periodista estaba en la casa de un amigo y comenzó a recordar esos momentos en los que se siente vergüenza ajena. Fue así que se acordó cuando hace dos años asistió al concierto de La Vela Puerca por el festejo de los 20 años de la banda. Al evento fue con su novia, su cuñada y su concuñado. Al salir del show en busca de un taxi libre, su concuñado comentó lo divertido que había estado y empezó a enlistar aquellas canciones que faltaron. “La que no cantaron fue No era cierto”, entonces el silencio y las tímidas risas comenzaron a ser protagonistas de la situación. Hasta que después de unos segundos en los que nadie habló, alguien se animó a decir o casi que gritar: “Esa es de No Te Va Gustar”. El joven quedó rojo y se mantuvo callado el resto del camino.

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Mejor paramos el viernes


El periodista estaba en pleno proceso de armado de una nota el viernes en la tarde cuando una respuesta al otro lado del teléfono lo descolocó: “Mirá, hoy no te puedo atender porque estoy solo en la empresa con mil cosas”, le respondió presuroso el ejecutivo ante una consulta. Acto seguido, la fuente le explicó que en su compañía el gremio había optado por correr el paro general –al que había convocado el PIT-CNT para el miércoles 22– para el viernes 24. Quizá para muchos trabajadores de esa compañía fue una mejor opción contar con un fin de semana largo o tener una jornada libre para planificar la Noche de la Nostalgia que adherirse a la convocatoria de la central sindical en medio de la semana.

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Un conductor que mete miedo


La periodista decidió solicitar un servicio de transporte a través de una aplicación para trasladarse. En el recorrido, charla mediante con el conductor, le dijo que era comunicadora. Hasta ahí todo iba bien pero cuando comenzaron a pasar por familias durmiendo en la calle los comentarios del hombre no fueron los esperados. "Cómo estaría para rajarlos a tiros a todos", decía sin ningún pudor. La misma escena se repitió casi seis veces en todo el camino. La joven comenzó a sentir un cierto temor porque no sabía si los dichos iban en serio o era una especie de broma pasada de tono. Cuando ya estaba por llegar a destino, el hombre le preguntó por qué en su próximo titular no escribía: "¿Por qué los ciudadanos no pueden rajar a tiros a los que ensucian la calle?". La respuesta de la chica fue breve porque lo único que quería era bajarse del auto.

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Un año desaparecida


El joven suele tomarse el mismo ómnibus todas las mañanas para ir a su facultad. Hace un año, en uno de sus tantos recorridos, perdió la billetera y estaba seguro de que fue en el trayecto cuando iba a estudiar. De igual modo, había hecho los trámites correspondientes para recuperar los documentos. Este jueves se levantó tarde y se tomó otro ómnibus para llegar a clases. Sin siquiera mirar a quien manejaba, pagó el boleto y se sentó. Luego de un rato vio que era observado por el chofer, que lo miraba por el espejo, pero no hizo caso y siguió concentrado con los ojos en la ventana. Cuando estaba dispuesto a bajarse, el chofer preguntó: “¿Esta billetera es tuya, no? La perdiste hace un años más o menos”. Ante la sorpresa, el joven tomó el accesorio –que todavía tenía los $ 500 que llevaba cuando la perdió– y le dio las gracias, sin poder creer lo que le había pasado.

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Un taladro sin descanso


El joven tuvo un sábado de descanso después de muchos meses de trabajar los fines de semana. Por lo tanto, se dispuso a dormir la mañana para recargar energías y encarar la semana con ganas. Decidió quedarse en la casa de su novia y así pasar todo el fin de semana con ella. A eso de las 10 de la mañana el sonido de un taladro los despertó y, después de intentar volver a dormir sin éxito, decidieron levantarse. Una vez que lo hicieron, el ruido se detuvo y todo volvió a estar en silencio, de igual modo, ambos prefirieron desayunar antes de seguir durmiendo. Después de comer y charlar un buen rato, alrededor de dos horas, el joven continuaba con esperanzas de descansar y así fue que decidió tratar de conciliar el sueño. Además, el ruido molesto del taladro no había vuelto durante el desayuno. Cuando puso la cabeza en la almohada y cerró los ojos, quien estaba usando el taladro comenzó a hacerlo otra vez, casi adivinando que él quería volver a dormir.

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Reflexión para el recuerdo


En sus vacaciones, el periodista viajó a Estados Unidos. Acompañado de su hijo visitó varias ciudades y entre ellas Washington DC. Allí ingresaron al Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto. Varios de los espacios, contenidos y propuestas le llamaron la atención, por ejemplo el Salón del Recuerdo o la posibilidad, previa cita, de sostener una conversación privada con descendientes de sobrevivientes del genocidio. Pero lo primero que le llamó la atención, acostumbrado a solicitar en cada sitio al que ingresaba la clave de acceso a la señal de wifi, es la que se utiliza en dicho museo: la palabra remember (recuerda). Nada más apropiado, reflexionó.

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Despedida contra reloj


El joven se iba de viaje, por lo que su madre y su novia fueron a despedirlo al aeropuerto. Mientras esperaba para hacer el check in, su hermana lo llamó y le dijo que también quería saludarlo antes de que se fuera. El reloj le jugaba en contra y no podía faltar ni un solo día más a clase, por lo que decidió decir que se sentía mal para salir lo más rápido posible de allí. Tomó el auto y manejó entre bocina y bocina hasta el aeropuerto. Mientras tanto, todos los viajeros embarcaban rumbo al avión para partir, pero el muchacho seguía allí, ansioso como nunca, esperando por su hermana. Cuando por fin llegó, despeinada y agitada, se fundió en un abrazo con él que pareció eterno. El nerviosismo, la taquicardia del apuro y la mentira piadosa valieron la pena al ver que su hermano se iba contento y sonriente al viejo continente.

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Encerradas en el balcón


Las amigas tenían mucho que conversar, por lo que cuando la invitada salió al balcón a fumar la dueña de casa la acompañó. El ímpetu con que la fumadora cerró la puerta hizo que se trancara el cerrojo y quedaran “encerradas” afuera. Hacía frío, no tenían teléfono para pedir auxilio y en la gélida noche invernal nadie pasaba por la calle. Consideraron romper el vidrio pero lo descartaron. Pasados unos cuantos minutos vieron venir a un hombre y le gritaron desde el noveno piso que llamara al portero, a quien le pidieron que buscara un cerrajero para que abriera la puerta del apartamento que había quedado con la llave puesta en la cerradura. Mientras, siguieron intentado abrir la ventana aferradas a un fino borde hasta que de repente lograron desenganchar el cerrojo y la puerta se abrió. Se abrazaron como si hubieran sacado la grande y la charla prosiguió.

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Error serial entre familia


La periodista charlaba con su familia en la sobre mesa de domingo sobre series y películas. Si bien no todos estaban de acuerdo en cuanto a gustos y cuáles son las mejores programaciones, la abuela de la joven justo había terminado de ver la misma serie que la periodista estaba viendo en ese momento. Ante esto, las dos comenzaron a comentar los distintos hechos que se daban en la ficción. Mientras que el resto de su familia seguía hablando, las dos siguieron muy emocionadas comentando. Pero llegó un momento en que la abuela comentó: “lástima que al final el protagonista se muere”. La periodista quedó desanimada y enojada porque, sin querer, su abuela le quito el entusiasmo para seguir mirando la serie.

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Una entrevista accidentada


La joven periodista se dispuso a hacer una entrevista telefónica a un empresario. Todo transcurría con normalidad, hasta que el entrevistado cortó la comunicación. Ella no entendía el porqué pero tampoco volvió a insistir porque otra persona se comunicó con ella para avisarle que el empresario volvería a llamar en un rato. Y así fue. Cuando volvió a llamar, la entrevista transcurrió con normalidad. Al terminar, el hombre le comentó a la periodista que un rato antes había visto que le estaban robando el auto y, por lo tanto, tuvo que cortar para frenar al ladrón. Cuando decidió volver a llamar, se dio cuenta de que su celular se había roto debido al forcejeo con el delincuente. A pesar de toda la situación, el empresario se tomó su tiempo para continuar con la entrevista.

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Hay que buscar en todos lados


Luego de un día duro de trabajo, el periodista llegó a su casa y se dio cuenta de que no tenía la billetera. Ante esto comenzó a buscar por toda la casa pero no había ni rastro de dicho accesorio. De igual modo, trató de mantener la calma y esperó a regresar a su trabajo al otro día y encontrar allí el objeto en cuestión. Pero no, el resultado no fue el esperado, ya que en el trabajo tampoco encontró la billetera. Desesperado, comenzó a llamar a algunos bancos para que cancelaran sus tarjetas y fue directo a una seccional policial a denunciar su cédula como robada. Pasaron dos días y la esperanza de que alguien apareciera con la billetera se esfumaron. Una mañana, mientras tendía la cama, se agachó para acomodar las sábanas y la billetera estaba debajo de la cama. El único lugar donde no había buscado.

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La maldita grasera


El hombre empezó a sentir un olor feo cuando limpiaba los platos en la cocina y enseguida asoció: ¡la grasera! Sacó todos los productos de limpieza que guarda debajo de la pileta, abrió la grasera y comenzó a sacar el líquido con grasa en un balde, que luego tiró por el váter del baño. Al día siguiente vio que al lavar la vajilla volvía a subir el agua en la grasera hasta el tope, y que no bajaba. Pero lo peor era que también vio que el agua demoraba en bajar en el váter. Un día después, ya sin poder lavar nada en la cocina y sin poder usar el inodoro porque estaba desbordado, consiguió una sopapa y –no sin echastrarse todo– destapó el baño. Con la grasera no tuvo suerte. Terminó llamando a un sanitario y esta mañana pensaba tener el problema solucionado.

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Desastre zapatero


Llegó el día de cobrar el sueldo y el joven periodista fue directo a una tienda de zapatos a comprar un par de championes blancos. Esperó ese momento por dos meses porque otros gastos no le permitían adquirirlos. Al llegar, se dio cuenta de que había la clásica promoción de 2×1, fue así que decidió llevar dos pares distintos en vez de uno. De igual modo, los championes blancos eran los que más le gustaban. Los estrenó para ir a clase. Ese día caminó con cuidado para evitar cualquier accidente que manchara el blanco papel del calzado. Cuando volvía de la facultad, hizo una parada para comprar tinta para impresoras. Al llegar a su casa, colocó la tinta en la máquina pero, ni bien abrió el paquete, una gota negra se derramó sobre uno de los championes. La frustración fue tanta, que nunca más usó el calzado.

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Feliz con un regalo inesperado


El padre fue el sábado con su hijo de 11 años a una tienda deportiva para comprarle dos regalos por el Día del Niño, que se celebraba el domingo. El preadolescente ya había dicho que quería unos championes nuevos y una pelota de básquetbol, por lo que no había cómo fallar con la elección, pero fue con su padre para probarse el talle del calzado y asegurarse de que todo estuviera bien. Una vez finalizada la compra, y ya en la caja para pagar, los empleados del comercio le obsequiaron al niño un slime, una especie de masa gelatinosa que se estira, se pueden crear formas, y después vuelve a su lugar. Los championes y la pelota le habían salido carísimos a aquel padre, pero el hijo estaba feliz por el slime, y no le dio ni corte a lo que le habían comprado.

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Un final inesperado


La joven salía de su facultad y como todos los días de la semana se dispuso a recorrer 18 de Julio hasta Ejido para llegar a su casa. Ni bien salió del lugar, se encontró con un hombre que llevaba lentes oscuros, pantalón blanco y una campera negra. Además, el factor que más le llamó la atención fue que caminaba con un bastón de color blanco, símbolo de una persona no vidente. La joven miró a su alrededor, esperando que alguien lo ayudara a cruzar la calle pero como nadie se acercó, decidió acudir en su ayuda. Con un poco de vergüenza, le tocó el hombro y le ofreció cruzar la calle con él. Pero, para su sorpresa, la respuesta fue: “No, gracias, estoy mirando vidrieras”. La chica, sin poder disimular el desconcierto y la sorpresa, se alejó rápidamente. Hasta ahora, después de dos semanas, se siente confundida.

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El vaso con nafta


La chica comenzó a recordar momentos con sus abuelos, entre ellos había muchos divertidos y emotivos. Hasta que recordó uno de esos que no se olvidan más. Cuando tenía alrededor de 6 años era costumbre pasar los fines de semana en lo de sus abuelos. Una imagen inolvidable más es la de su abuelo sentado en la entrada del garaje de la casa, con el auto detrás y un vaso de bebida sobre una mesa plegable. En uno de esos fines de semana, la pequeña corría en el patio de la casa mientras jugaba. Luego de un rato, tanto calor le provocó una sed intolerable y ella sabía que su abuelo debía tener el clásico vaso a su lado. Cuando llegó al garaje, él no estaba pero sí el vaso. Entonces, entusiasmada, tomó el líquido pero era nafta. Al instante escupió y el enojo brotó de sus venas. Nunca entendió por qué había nafta en un vaso de vidrio.

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El error garrafal del peluquero


Luego de un mes sin cortarse el cabello, el joven decidió ir a la peluquería. Al llegar había un adolescente, de 15 años aproximadamente, que también esperaba por un corte de pelo. La charla con el peluquero se centraba en el partido de Peñarol frente a Atlético Paranaense, dejando claro que ambos eran del equipo mirasol. Luego de unos 15 minutos en los que hablaron de las posibles decisiones que los aurinegros debían tomar para encaminar su futuro futbolístico, el peluquero, un tanto veterano, tomó la máquina de cortar pelo y la encendió. Si bien el muchacho tuvo un gesto de confusión, no pronunció una sola palabra. Luego, la máquina fue directo a su cabeza, entonces se detuvo el tiempo. El adolescente, que vestía una camiseta de Peñarol, movió la cabeza y gritó “¡pará!”. El hombre retiró la mano y preguntó qué pasaba. Tocándose el pelo, el joven respondió que no quería raparse, que le había pedido otro corte. El silencio inundó el local pero la única solución fue rasurarle la cabeza por completo. Seguramente el gorro será una de las prendas más usadas por este hincha peñarolense.

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Una ducha que se hizo esperar


El hombre salió a correr en la mañana, antes de llegar a su casa ya pensaba en la ducha porque el sudor y el calor comenzaban a agobiarlo. Además, después de correr siempre se va al trabajo por lo que el baño es esencial para encarar el día. Cuando llegó, dejó las cosas sobre la mesa de la cocina y, sin decir nada, pasó al baño con la intención de darse el tan esperado y añorado baño. Comenzó a sacarse la ropa, se miró al espejo para ver si no debía afeitarse y, al ver que no era preciso, se dispuso a entrar en la ducha. Cuando giró la canilla no salía agua, ni caliente ni fría. Ya desesperado y sudado aún, miró el reloj, se visitó y fue al supermercado en busca de un bidón de agua. Al regresar, entró al baño y comenzó a tirarse el agua mineral. Quizá no fue el mejor baño de su vida pero llegó limpio al trabajo como todos los días.

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Agua tónica mezclada con café


Luego del almuerzo familiar de todos los domingos, la sobremesa es casi una obligación. Para acompañar las charlas del momento, el café se presenta como la mejor opción. El padre del periodista hablaba largo y tendido con su yerno, la conversación se puso entretenida por lo que el café quedó en segundo plano y cuando fue a tomarlo se dio cuenta de que estaba frío. Luego de calentarlo en el microondas, el panorama era inverso, la bebida estaba hirviendo. Después de esperar un momento y ya harto de no poder darle un sorbo, el hombre tomó un vaso de agua con el objetivo de enfriarlo. Ante esta situación, la esposa le advirtió que la bebida era agua tónica pero el hombre, necio ante su deseo, vertió el líquido en la tasa. Luego de probar un sorbo afirmó: “Sí, es agua tónica”, resignándose a no tomar café.

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El clima y una cama mojada


El periodista, siguiendo su rutina de todas las mañanas, abrió la ventana de su cuarto antes de salir a trabajar. Si bien el clima amenzaba con llover, desestimó cualquier pronóstico y dejó la única ventana de su cuarto abierta. Ni bien llegó a su trabajo, las predicciones comenzaron a cumplirse y las gotas caían de las nubes grandes y negras. De igual modo, el joven pensó que sería imposible que se mojara el interior de la habitación porque el árbol ubicado en frente, casi siempre, hace las veces de paraguas. La lluvia y el viento no pararon durante las ocho horas de trabajo. Cuando el joven llegó a su casa, empapado porque decidió volver caminando, se encontró con el piso todo mojado y su cama que tampoco había resistido al agua. Aquella noche tuvo que dormir sobre el colchón un tanto húmedo, sabiendo que el pronóstico no siempre falla.

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Consecuencias del periodismo


El periodista, un tanto obsesionado por cubrir casos policiales, se fue a dormir y ni bien consiguió conciliar el sueño, comenzó a tener una pesadilla. Allí se enteraba que a uno de sus compañeros y editor lo condenaban a la pena de muerte por escribir una nota. Ante la terrible noticia, decide llamar a otro periodista, se suben a un auto y van directo a donde está el acusado. Al llegar a la mansión ubicada en un costero del este, se encuentra con más compañeros de redacción. Allí comienza a preguntarles por qué no hacían algo para que el involucrado pueda salir de la situación con vida, pero nadie dio una respuesta positiva. Al periodista lo invitan a retirarse y entre lágrimas y desesperación se sienta en el auto junto a su compañero. Cuando el llanto parecía irse de las manos despertó y ni bien llegó a su trabajo lo primero que hizo fue dar un abrazo al acusado, que por suerte seguía con vida.

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Picaporte salido y alarma casera


El hombre llegó a su apartamento después de ir al gimnasio. Eran poco más de las 9 de la noche y se encontró que el picaporte estaba salido del lado de adentro, con los tornillos aflojados. Rápidamente pensó que ladrones habían entrado, pero giró su cabeza para ver si su laptop estaba y comprobó que sí. Era raro que si alguien había intentado robar no se la hubiera llevado. Por la ventana tampoco había entrado nadie. Antes de irse a dormir puso la tabla de planchar sobre la puerta. Si alguien intentaba forzarla y abrirla, la tabla caería y haría un estruendo que lo despertaría. La alarma casera no sonó. A la mañana siguiente, cuando llegó el único portero del edificio vieron juntos el picaporte y el portero tranquilizó al hombre: “Esto pasa en todas las puertas del edificio dos por tres, son una porquería”.

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Nacía un político


El periodista decidió hacer su recorrido en un servicio de Uber, todo iba tranquilo y en silencio hasta que el chofer se enteró de que el pasajero era un comunicador y comenzó a hablar rápidamente. El tema central fue su pasado futbolístico por el Club Atlético Progreso, cuando era presidido por Tabaré Vázquez, actual presidente de la República, y en donde ya se evidenciaban sus dotes políticos. El chofer, entusiasmado, contó que en una oportunidad no logró llegar a un acuerdo y pactar el sueldo, por tanto fue a hablar con Vázquez. “Me dijo que arreglara y que cobrara por goles”, ya que él jugaba de puntero derecho y venía de hacer dos goles en tres partidos. Fue así que el conductor aceptó la propuesta de Tabaré Vázquez confiando en su demostrada capacidad goleadora, pero cuando salió se percató que, para llegar a la cifra que pretendía cobrar, tenía que marcar más goles que Fernando Morena. Una locura imposible. “Pero Tabaré me convenció y desde entonces sabía que iba a ser político”.

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Desatención serial


Tras diagnosticar a la joven de una infección respiratoria, la doctora le dio un consejo: elegir una buena serie para el reposo durante el fin de semana. Esa tarde comenzó el proceso de recuperación a puro antibiótico y Netflix. Un capítulo le seguía a otro y, sin embargo, no le generaba el enganche que esperaba. “Debe ser la gripe que no me tiene muy bien dispuesta”, pensaba mientras seguía aguardando por esa relación mágica entre serie y persona. Diez capítulos después, apareció la razón ante sus ojos: “Temporada 2, capítulo 11”. Quiso creer que fue la fiebre lo que la llevó a comenzar a mirar una serie por la segunda temporada.

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“Pasa-favores”


La periodista salía de trabajar cuando ya era de noche. La humedad que se impregnaba por todas las esquinas capitalinas, sumado a la lluvia que no daba tregua, hacía que circular por la calle fuera un desafío. La comunicadora se dirigía a la casa de sus padres por la calle paralela a Avenida Italia y Bolivia. Todo estaba bajo control hasta que se enfrentó a un cartel de media calzada, viró hacia la derecha en pos de saltar el obstáculo pero allí había barro y el auto quedó enterrado. Luego de hacer un llamado inútil por media hora a la grúa, una camioneta estacionó detrás y de ella descendió un hombre vestido de traje. El individuo se acercó al auto, se tapó de barro y ofreció ayuda. La periodista aceptó y fue rescatada. Ante el agradecimiento por haber brindado ayuda, el hombre respondió: “Los favores no se agradecen, se pasan”. Finalmente, el rescatista, sin decir nada más, siguió su camino.

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Coincidencia de intentendes


Sabida es la buena relación que tienen los intendentes de Montevideo y de Canelones, Daniel Martínez y Yamandú Orsi. El jueves 26, el jefe comunal canario disertaba en el foro organizado por Somos Uruguay en el mirador del tercer piso en el aeropuerto de Carrasco. Mientras Orsi hablaba de los proyectos de inversiones del departamento y la necesidad de “arriesgar”, atrás de él se veía el movimiento de aviones en la pista. “Cuando diga que tienen que despegar las inversiones ya está coordinado que levante vuelo un avión”, bromeó uno de los presentes. Esa fantasía no se cumplió, pero pasó algo peculiar. Sobre el final del desayuno, uno de los asesores de Orsi ve que estaban cerca del evento dos asistentes de Martínez “¿Está el pelado acá?”, le preguntó sorprendido. “Viene ahí”, respondió el secretario de Martínez y señaló a un avión que estaba aterrizando en la pista.

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El falso robo


En el seminario sobre seguridad organizado este miércoles por la Asociación de Dirigentes de Marketing de Uruguay estaba previsto que el cierre fuera llevado a cabo por el conductor Humberto de Vargas. Pero una persona se acercó a Raúl Ponce de León, quien también formó parte de la moderación del evento, y le solicitó si era posible que él finalizara el debate. Según dijo el mismo Ponce de León ayer en Radio Sarandí, le avisaron que De Vargas se ausentó porque habrían entrado a su casa para robarle. No obstante, según dijo a El Observador la esposa de De Vargas, no fue así. Dijo que los motivos de la ausencia del comunicador fueron otros que nada tuvieron que ver con un supuesto hurto a su hogar. Al parecer, en la cena de ADM había algún bromista.

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Algo para comer


El periodista llegaba a su casa alrededor de las 10 de la noche cuando una persona que habitualmente, duerme en la calle lo paró y le preguntó si podía comprarle algo de comer. Ante la solicitud, la respuesta fue que no tenía inconveniente de darle algo de dinero para poder comer. Nuevamente la persona le retrucó y le dijo que el problema no era el dinero, sino que le daba vergüenza llegar a un supermercado porque lo miraban “raro”. El periodista se tomó unos minutos para digerir la situación y luego accedió a ir hasta el supermercado más cerca para cumplir con el pedido. La persona que, como otros tantos, duerme noche tras noche en el centro de Montevideo comentó que hacía un día que no probaba un bocado.

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“En el medio de la nada”


El periodista salió a la hora 17.30 de Punta del Este, desde el comienzo estaba molesto porque al auto no le funcionaba el aire acondicionado y no podía desempañar los vidrios. A medida que pasaba el tiempo notaba que el motor se estaba quedando sin fuerzas, llegó un momento en que el problema era evidente y debió parar en el kilómetro 91. Desahuciado ante lo sucedido, llamó al seguro para ser remolcado hasta su casa. Luego de esperar una hora en donde la lluvia y la noche no daban tregua, llegó el guinche. Pero ese no fue el final del viaje, ya que fue remolcado hasta la estación de San Luis y ahí debió esperar, durante otra hora más, al otro servicio de remolque que lo dejara en Montevideo. La hora de llegada debió ser a las 19 pero gracias al transbordo, el periodista regresó a su casa a la 1 de la madrugada.

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Un caudillito


El líder nacionalista Jorge Larrañaga recorría el pasado sábado el barrio Nuevo París junto a dirigentes y seguidores, en el marco de la campaña de recolección de firmas “Vivir sin miedo”. En un momento del recorrido un militante de una de las coordinadoras de la lista del diputado Jorge Gandini comenzó a hablar acerca del wilsonismo y del orgullo que sentía por ser wilsonista. Mientras hablaba, Gandini lo abrazaba y sonreía, hasta que en un momento el hombre dijo una frase que dejó a los presentes entre asombrados y tentados de risa. “Y es muy lindo cuando vienen caudillitos, como Gandini”, exclamó. El aludido, sin perder el humor y haciendo que el momento fuera gracioso para todos, recibió el “halago” de buena manera y le contestó con un rezongo a modo de broma: “¿¡Caudillito me dice!?”.

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La coherencia no es una virtud


El joven se tomó un taxi y marcó como destino al conductor el Palacio Legislativo.

“Ahí habría que poner una bomba, los políticos no hacen nada, son todos ladrones y corruptos”, fue la tajante respuesta del obrero del volante, como prefacio de un viaje que se anticiparía tenso. Sin embargo, el viaje transcurrió en silencio y cuando llegó al destino, el conductor preguntó de forma poco sutil a su eventual acompañante:
–¿Vos vas a trabajar ahí o vas a buscar trabajo?
–Soy periodista –contestó el viajero–. ¿Me podés dar un tique por el viaje?
–Sí, son $ 180. ¿Te lo hago por $ 200 y me quedo con $ 20? –preguntó el conductor, que minutos antes había despotricado contra la corrupción.

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La llave perdida y la moraleja


El joven se despidió de sus amigos, buscó la llave de su camioneta en todos los bolsillos del pantalón y de la campera sin suerte. Decidió desandar el camino hecho hacia el pub donde habían estado con la vista clavada en las baldosas. Una vez en el boliche, buscó donde habían estado sentados. Preguntó a los encargados, que prendieron las luces y lo ayudaron. Una pareja que bailaba en la penumbra, aunque no muy contenta con la interrupción, también ayudó. Después de un largo rato de búsqueda infructuosa fue hasta otro bar cercano en el que habían estado más temprano. Aunque ya había cerrado logró que el sereno le abriera. Tampoco ahí estaba. Finalmente, ya abatido, decidió tomarse un taxi. Cuando se sacó la ropa para acostarse descubrió la llave en el bolsillo del buzo que llevaba. “La llave siempre la tenés vos”, le dijo una amiga cuando le contó, a modo de moraleja.

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Licencias compartidas


El joven almorzaba en la cocina del trabajo con su jefa cuando le comentó que pensaba tomarse licencia a partir del 17 de agosto para viajar a Río de Janeiro. La jefa le contestó que le parecía que otro compañero también pensaba tomarse licencia en agosto, pero que pensaba que no habría problema porque no coincidían las fechas. Segundos después, entró a la cocina el aludido, que fue inmediatamente consultado por los comensales sobre cuándo pensaba irse de vacaciones “El 17 de agosto, porque me voy a Río”, contestó ante la sorpresa de sus interlocutores, que no esperaban tamaña coincidencia.

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Fanático al volante


Al acomodarse en el asiento de acompañante de un auto de Uber, lo primero que escuchó el joven fue la estrofa que más se escucha por estos días en Uruguay: "Hay algo que sigue vivo". Aburrido de escuchar la canción Cielo de un solo color por estos días, el pasajero pensó que se trataba de una radio que estaba emitiendo el tema por su vuelta a la popularidad. Pero atrás de esa vino Cuando juega Uruguay de Jaime Roos y el chofer reveló la verdad: "Me armé un CD con todas las canciones de la selección, porque estoy como loco". A lo largo del viaje, el conductor – un hombre veterano – explicó su fanatismo por la selección de Óscar Tabárez, sus expectativas para el partido del sábado contra Portugal, y confesó que está preparando un poema sobre la celeste, para el caso de que la selección salga campeona en Rusia.

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Dulzura en siete palabras


La familia viajaba tranquila en el auto hacia el oeste del país. El viaje no era muy largo e iban en silencio, disfrutando del paisaje. Los niños no se peleaban, la ruta estaba tranquila y los adultos celebraban ese momento de paz que no suele ser frecuente cuando hay pequeños a bordo. Pero todavía podía ser mejor. La frase de la niña con la inocencia propia de sus 6 años dejó a los padres, abuelos y todos los que se enteraron con una sonrisa pintada. Cuando pasaron el puente Santa Lucía apareció una de las fábricas del lugar, que tenía la chimenea encendida y largaba un espeso humo blanco. La niña preguntó lo que le resultaba obvio: “Papá, ¿esa es una fábrica de nubes?”.

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La más educada del ómnibus


La mujer embarazada subió al ómnibus a una hora que, en general, va bastante vacío. Sin embargo ese día todos los asientos estaban ocupados, aunque casi no había pasajeros parados. Miró el asiento maternal y había una mujer con un bebé; en el de al lado, una señora mayor. Decidió que no se quedaría parada esperando que le cedieran un asiento y tampoco tenía energía para pedirlo, así que empezó a caminar hacia el fondo de la unidad. Nadie se dio por enterado del embarazo de la mujer, salvo una niña que estaba sentada junto a su abuela en la mitad del bus. “Venga señora, siéntese. Le tendrían que haber dado un asiento antes”, dijo, a viva voz, y dejó expuestos a todos los que, como es habitual, justo miran por la ventana, se duermen o miran el celular cuando sube una embarazada al ómnibus.

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Gata ausente


Desde que la mujer vive con su nueva gata, que encontró abandonada en un baldío, su perro pasó a ser el enemigo de la casa. El gran danés está a un paso de recibir la tarjeta roja, pero se está salvando porque la hija de la dueña es su ferviente defensora. El domingo pasó lo predecible: el animal más grande se puso a corretear al más chico, y la gata se esfumó. La mujer lloró un día entero, la buscó por todo el barrio, puerta por puerta. Volvió a salir en la noche. Publicó en todos los grupos animalistas que hay en Facebook, pero las horas pasaban sin novedades. La mujer tenía tanta rabia con su perro que decía que iba a regalarlo, aunque era obvio que no lo haría. Al día siguiente escuchó un maullido y salió con la ilusión de encontrarla. La gata nunca había salido de su casa. Pasó el día entero dentro de la chimenea del parrillero y logró no ser descubierta, ni por el perro, ni por su dueña.

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Relato con un infiltrado


En medio del clima mundialista, la maestra propuso a los alumnos hacer el relato de parte de un partido de fútbol, en el que la selección uruguaya fuera protagonista. La niña dejó volar su imaginación y relató paso a paso un partido apasionante. “La tiene Suárez, se la pasa a Cavani, se la da atrás a Giménez, patea desde afuera del área y ¡gooooooool de Giménez, golazo y Uruguay pasa a ganar 1 a 0!”, escribió la pequeña. Sin embargo, su selección uruguaya traía una sorpresa. “Ataca de nuevo Uruguay, la tiene Cavani, se la da a Suárez que se la pasa a Nández, Nández a Cristiano Ronaldo y ¡goooooooool! ¡Segundo gol de Uruguay que va a ganar el partido!”. La respuesta de la niña ante la sorpresa de sus padres cuando leyeron el relato fue categórica. “Es mi selección uruguaya y pongo al jugador que quiero”.

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Sonría


Camino a una entrevista pactada en un lugar de la Ciudad Vieja, el periodista transitaba por la calle Brecha hacia el cruce de Buenos Aires con Juan Carlos Gómez cuando, a mitad de cuadra y en la entrada de un estacionamiento, en un pizarrón observó un mensaje frecuente en estos tiempos en comercios de todo tipo. El texto comenzaba con el ya clásico “Sonría”, pero no tenía el habitual complemento, “lo estamos filmando”. En este caso el texto completo sugería: “Sonría… no lo estamos filmando, pero no cuesta nada”.

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Fecha patria con otro himno


Para ver a su hijo entre los abanderados, el periodista concurrió el 19 de junio al acto de conmemoración del natalicio del general José Gervasio Artigas que se desarrolló en el colegio y liceo Santa Teresa de Jesús. Como es tradicional, presenció la promesa al Pabellón Nacional de los niños más pequeños y la jura de la bandera que hicieron los de edad liceal. También entonó las estrofas del Himno Nacional, de la canción A Don José y de la marcha Mi Bandera, en un programa en el que la profesora de historia habló sobre el prócer y se bailó El Pericón. Todo dentro de lo esperado, salvo el final, cuando la profesora de música desde el piano hizo que alumnos, docentes y padres terminaran el acto cantando una canción distinta y a tono con la fiebre mundialista del pueblo celeste: “Vayan pelando las chauchas, vayan pelando las chauchas aunque les cueste trabajo, donde juega la celeste, donde juega la celeste, todo el mundo boca abajo”.

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Nuevos hinchas


Decenas de niños que estudian en una escuela pública de Kiriat Shmone, al norte de Israel y en la frontera con Siria, jugaban y gritaban mientras preparaban su fiesta de cierre de cursos, cuando llegó una delegación de periodistas latinoamericanos. Saludaron, intentaron comunicarse, jugar con los visitantes. El tema Mundial fue inevitable y unos cuantos identificaron a Messi como su estrella admirada. Pero el de cara más pícara, fue tentado por un periodista uruguayo para armar un coro y gritar por “U-ru-guay, U-ru-guay”, y lo hizo con gran esmero. Él mismo junto a amigas y amigos en una escalera gritaron como si estuvieran en la tribuna popular del Estadio, y lograron convencer a los fans de Messi de pasarse a su bando.

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Un resfrío paralizador


El grupo de pasajeros estaba ansioso por su viaje a Rusia para acompañar a la selección uruguaya en el Mundial. Uno de ellos arrastraba un fuerte resfrío y malestar desde hacía varios días pero eso no lo amedrentó. Sus ganas eran mucho más fuertes. Sin embargo, cuando el avión finalmente aterrizó, el miedo lo paralizó. Un grupo de médicos subió a hacer una especie de control de seguridad y ningún pasajero podía bajar hasta que se sometiera a un examen de salud. Los médicos colocaban a cada pasajero un aparato sobre el pecho para controlar algo que el hombre aún no logra entender. Como si fuera uno de los futbolistas, tembló al pensar que ese maldito resfrío podría llegar a dejarlo afuera del Mundial. Por suerte, se ve que los médicos buscaban otra cosa y el aparato lo dejó pasar.

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Una estatua que impresiona


La niña, de 6 años, caminaba de la mano de su madre, contenta porque estaba por entrar a la Feria del Libro Infantil y Juvenil que se estaba desarrollando en la Intendencia de Montevideo. Si bien había pasado muchas veces por la explanada, era la primera vez que pasaba cerca de algo que la paró en seco. “¡Mamá, se le ven las partes íntimas!”, gritó con estupor. La niña señaló a la estatua del David con vergüenza. Y desde la puerta de la sede completó: “¡Y se le ven las pompis!”

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Una poción de amor


La niña estaba mirando un capítulo de su dibujo animado favorito junto a su madre. En un momento, aparece una versión rockera y gorda de Cupido, el dios del amor en la mitología romana. Este, en vez de usar arco y flecha como siempre se lo retrata en las historias, usa pociones de amor para formar parejas en un instante. Lleva frascos atados a su cintura para provocar distintos flechazos: duraderos o de verano, por ejemplo. La niña reflexionó un instante ante el televisor y, teniendo en cuenta que sus padres ya no están juntos desde hace tiempo, le dijo a su madre con severidad: “A vos te vendría bien una de esas”.

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Atrapada por la fiebre mundialista


Las dos señoras viajaban este jueves en un ómnibus y charlaban durante el trayecto. Una de ellas comenzó a hablar de fútbol, y la otra no se mostraba interesada. Le comentó sobre el Mundial de Rusia, cuándo empieza, contra quién juega Uruguay. “No, yo no miro mucho. Si está mi marido mirando lo veo de costado”, le respondió. “¿Ni siquiera a la selección?” “No, tampoco”, siguió el diálogo. La señora que sí seguía el deporte también le explicó la complicada definición del Torneo Intermedio, que si Torque, que si Progreso, que si Nacional… Su compañera de asiento escuchaba, pero cada tanto le volvía a manifestar su desinterés por el tema. Finalmente le contó que a la noche jugaba Uruguay un amistoso de despedida frente a Uzbekistán. Resignada, la otra respondió: “Y bueno, me tocará ver el partido”.

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Impaciente por llegar


La señora viajaba en un 522 Pocitos desde el oeste de Montevideo. A la altura de la Facultad de Ciencias Económicas, en Gonzalo Ramírez y Jackson, comenzó a mover la cartera que tenía en la falda como insinuando que se bajaría. Pero luego de unos segundos se quedaba quieta, como si nada. Al cruzar el parque Rodó, lo mismo. Quien se sentaba en el asiento contiguo, del lado del pasillo, estaba nervioso por no saber si tenía que levantarse para dejarla pasar o no. Cuando el ómnibus tomó 21 de Setiembre y cruzó Ellauri, la señora finalmente se levantó y le dijo al conductor donde quería bajar. Todavía faltaba. Amagaba con acercarse a la puerta para descender, pero no era aún la parada. Ante la impaciencia de la mujer el conductor soltó "¡Espere, señora, que va a llegar igual!". Su destino tan ansiado era la plaza Gomensoro.

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Un fanático desesperado


Es sabido que el álbum de figuritas del Mundial de Rusia 2018 tiene cautivados a niños y adultos por igual. Tanto que algunos no pueden esperar a conseguir las “difíciles” y se desesperan hasta lograrlo. En un local de canje de figuritas, días atrás, un hombre solicitaba con insistencia una determinada. Una de esas difíciles que ni siquiera allí estaba disponible. “¿Cómo que tengo que esperar 20 días? ¡Es la única que me falta!”, decía, casi con desesperación, cuando le informaron que esa figurita era una de las que estaba agotada y llegaría en tres semanas. Evidentemente la modernidad hizo olvidar al hombre que cuando era niño la única forma de conseguir las difíciles era intentando canjearlas con otros coleccionistas o comprando sobres sin parar hasta que saliera.

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Mucho más importante


La niña acababa de ser operada de un ojo. Sus padres, aunque ya aliviados porque todo había salido bien, aún se recuperaban de los nervios que habían pasado durante la anestesia. Cuando salieron del hospital la pequeña aún estaba mareada y solo pensaba en llegar a su hogar para descansar. Pero siempre hay un imprevisto. La niña vio a lo lejos un pequeño stand de figuritas y recordó que a su primo le faltaba una para llenar su álbum de Rusia 2018. No le importó el ojo operado, el cansancio de sus padres ni nada que pudieran decirle. No iba a parar hasta tenerla. Finalmente logró que la llevaran hasta el puesto y consiguió la ansiada figurita. Los padres lo maldijeron en ese momento pero se llenaron de orgullo al ver la forma con la que su hija demostró el amor a su primo.

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Conciencia social


El hombre se quejaba permanentemente del aire acondicionado en su trabajo. Un día, al entrar en la cocina mientras sus compañeros almorzaban, protestó con énfasis: “Afuera hay 30 grados, acá adentro está helado y nos estamos muriendo de frío. Se está gastando un dineral en aire que no necesitamos”, vociferó, y cuestionó a los otros trabajadores que no le daban importancia al cuidado de los recursos. El hombre siguió adelante con su postura mientras lavaba sus platos y se preparaba para comer el postre. Una vez sentado a la mesa nuevamente, y mientras disfrutaba de unas ricas frutas, la pregunta de una compañera lo dejó completamente en offside: “¿Esta canilla que está abierta desde hace rato, la dejaste así por alguna razón?”.

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La funcionaria pública buena onda


Cuando estaba para comenzar con las clases de manejo, ya habiendo pagado la libreta de conducir en la Intendencia de Montevideo, la joven se percató de que tenía la cédula vencida por lo que agendó rápidamente hora en la Dirección Nacional de Identificación Civil. El día que se presentó para hacer el trámite le hicieron notar que estaba agendada para 10 días después. En ese momento pensó que el trámite de la libreta se retrasaría aun más y se le fue el alma a los pies. Al parecer su cara lo denotó y la funcionaria se compadeció de ella. Le dijo que no se preocupara, que ya que estaba ahí podía hacer el trámite. Minutos después salió de la oficina de Ciudad Vieja con el documento actualizado y enormemente agradecida con la funcionaria que le tocó en suerte.

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Una vianda engañosa


Había sobrado asado y su madre se lo guardó para la vianda. A la mañana siguiente, apurado, el joven agarró el tupper y partió a trabajar. Cuando llegó la hora del almuerzo, prácticamente se relamió al recordar el menú que le esperaba. Sacó el tupper de la heladera y lo abrió para calentar la carne en el microondas. Al ver lo que había adentro se llevó una sorpresa: no era asado, sino dulce de membrillo. Por agarrar el tupper equivocado, no le quedó más opción que encargarse comida y aguantar el apetito un rato más.

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¿En San Carlos o en Babia?


El periodista recorría una de las calles principales de San Carlos, la ciudad de Maldonado que afronta un problema de narcotráfico que crece gradualmente desde hace varios años. Hacía rato que había llegado y ya había realizado algunas entrevistas con autoridades, pero antes de adentrarse en los barrios donde sabía imperaba el enfrentamiento entre narcotraficantes buscaba alguna señal que diera cuenta de la presencia del problema en la ciudad. Y no tardó en llegar: un hombre, con la mirada perdida y la boca semiabierta le pidió la hora: eran las 14.50. Pero saber el momento del día no pareció ayudarlo, aunque a decir verdad nada parecía que pudiera sacarlo de su confusión, probablemente bajo los efectos de vaya saber qué sustancia. Inmediatamente dejó muy claro que el hombre no estaba en San Carlos, sino en Babia, al hacer su segunda pregunta: “¿Del miércoles o del sábado?”

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El apuro de Julio Bocca


El estreno de La Bella Durmiente, el jueves por la noche, marcó el inicio de la actividad 2018 del Ballet Nacional del Sodre, ya sin el maestro Julio Bocca al frente. De todos modos el director estaba en primera fila, siguiendo atentamente la obra, ataviado en un llamativo traje turquesa y fucsia. Al terminar la obra, sobre la hora 23, Bocca aplaudió efusivamente, pero acto seguido sorprendió a todos: salió corriendo delante de todo el público hasta la puerta del Teatro Solís, y luego se perdió entre la oscuridad de las calles de Ciudad Vieja. El público, sorprendido, se quedó con la duda de cuál era el apuro.

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Un incidente en el medio de la fiesta


El casamiento estaba previsto para terminar a las 23, ya que era domingo. Pero tenían la posibilidad de estirarlo hasta la medianoche, lo que la pareja decidió hacer, por lo que el novio fue a hablar con el encargado de la fiesta, el cocinero. Como no se escuchaban, se encerraron en un cuarto del salón de fiestas, para arreglar detalles. El problema fue que, cuando decidieron salir, se quedaron con el pestillo en la mano. Con la música a todo volumen, nadie los escuchaba afuera. Entonces apelaron a la ventana, y empezaron a gritarle a un invitado que estaba en el jardín, quien dio la vuelta y les abrió. Pasado el susto, un amigo del novio hizo el chiste cantado: "¡Mirá que te vi encerrarte en el cuarto con el cocinero!"

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Un corte que nadie esperaba


Era viernes por la noche y tres jóvenes se encontraron en un shopping de Montevideo para ver una de las películas nominadas a los premios Oscar. La proyección comenzó a la hora estipulada y sin ningún inconveniente. De repente, casi al final de la película, en una escena de mucha tensión emocional, unos flashes se encendieron en la sala y –para el sobresalto de los espectadores– la pantalla se sumió en completa oscuridad. ¿Un recurso artístico?, pensó uno de los jóvenes. Difícil. Poco coherente. Improbable, comentó el resto. Sorpresivamente la pantalla se volvió a encender pero esta vez solo se proyectaban las letras de los subtítulos sobre un fondo negro. Alarmado y preocupado por lo que esas letras podían anticipar de la historia, uno de los espectadores fue a buscar a un encargado del cine para que solucionara el imprevisto. Al parecer el complejo había sufrido una baja en la tensión eléctrica. A los pocos minutos el problema se solucionó y la película se reinició en la escena en la que se había cortado, aunque llevó unos minutos entrar en clima.

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El mozo que no era mozo


La madre fue a comer a un restaurante con sus hijas; entre el gentío lograron captar la atención de un mozo, que se acercó a tomarles el pedido. Pero la comida no llegaba nunca y, después de casi media hora, la mujer fue a preguntar qué estaba pasando. Fue entonces cuando descubrió que el supuesto mozo era un guardia de seguridad, un simpático cubano que procedió a contar buena parte de su vida y a relatar que, seguramente, en poco tiempo pasaría a ser mozo. Por ahora sigue haciendo de intermediario entre el cliente y quien recibe los pedidos. Si mejora la velocidad de salida de los pedidos, tiene chance.

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Un problema de logística


La familia alquiló una casita en Punta del Diablo para pasar Carnaval. Pero grande fue su sorpresa cuando, al llegar al lugar, los dueños de la casa les dijeron q ni se les ocurriera usar el parrillero, porque debajo del mismo pasa el caño de gas que alimenta a la casa. Agregaron que, en caso que quisieran hacer un asado –básico a esta altura del año, ¿no?– usaran un pequeño rincón de material ubicado en el piso, cerca del pasto y fuera de la barbacoa. Los inquilinos se quedaron pensando que quienes instalaron el gas en la casa no pensaron muy bien la operativa.

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El fanático de las Llamadas


Que el Desfile de Llamadas es un llamador para turistas de todo el mundo no es una novedad, y el mejor ejemplo este año fue Julieta Venegas, quien se dio el gusto de estar en primera fila y subir sus impresiones a las redes sociales. Sin embargo, más llamó la atención de los asistentes este año un argentino, ignoto él, quien enfundado en una camiseta de la selección argentina se pasó bailando costado de cada comparsa que desfiló por la calle Isla de Flores. Con un energía envidiable, se puso a bailar casi con cada vedette que pasó, e incluso siguió con su rutina cuando el resto de su familia empezó a retirarse. Una muestra de lo cómo los tambores cautivan no solo a los uruguayos.

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Una sucesión de eventos desafortunados


El joven estaba en el jardín de su casa, el jueves de mañana, cuando su madre salió raudamente porque llegaba tarde a trabajar. ¡No tranques la puerta! llegó a gritarle a su progenitora, antes de seguir en sus quehaceres, terminar, volver a la casa, bañarse y salir a la facultad. Cuando terminó, se dirigió a la puerta de la casa… y efectivamente, estaba trancada. No tenía el teléfono encima, y para agregar problemas, la puerta del portón de salida también estaba trancada. Encerrado en el jardín, optó por una solución arriesgada: se trepó al techo, caminó entre las tejas, rompió una ventanita pequeña y metió la mano para abrirla desde adentro y colarse en su propia casa. A la madre no le hizo mucha gracia, pero tuvo que reconocer que la primera falta había sido suya.

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A cubrir el tiroteo en un Audi


La noticia del robo en el hotel Enjoy de Punta del Este corrió como reguero de pólvora. El periodista de El Observador apenas se enteró se puso a la orden y salió volando a cubrir el robo. Eso no fue sorpresa para el grupo de Whatsapp de los periodistas del diario. Pero la sorpresa sí venía escondida en un audio. "Ya tengo algo y estoy yendo para la zona donde se están tiroteando. Es la zona de plaza México, la zona de edificios nuevos. Mangueé un auto. Un Audi. Espero que no me pase nada porque no me va a dar la vida para pagarlo. Se lo pedí a un argentino que vive en el edificio donde estoy, relató. Sacó fotos, una de ellas la que se publicó en tapa, hizo videos del operativo policial y, por suerte, el Audio volvió sano y salvo a manos de su generoso dueño.

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Un problema de ubicación


Ante la visita de un amigo que vive en el exterior, un grupo de jóvenes montevideanos decidió alquilar, vía Airbnb, una casa en Punta Negra. La idea de los muchachos era estar en un lugar tranquilo para un fin de semana de pesca y camaradería, lo suficientemente cerca de un balneario más grande como Piriápolis, para ir a bailar.

Cuando faltaban pocos días para la jornada, uno de los jóvenes decidió fijarse a cuanto quedaba la casa de los principales boliches de Piriápolis. Entró a la página de Airbnb, fue hasta el mapa y empezó a alejarse con la ruedita del mouse, pero no encontraba ninguna referencia conocida. Siguió alejándose y alejándose hasta que vio una palabra que le hizo entender todo y obligó al grupo a buscar otro lugar para hospedarse. Habían reservado dos noches en la costa de Perú.

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Justicia por mano propia frente al juzgado


La joven estaba frente al juzgado de la calle Juan Carlos Gómez, en la Ciudad Vieja montevideana, cuando un vendedor ambulante que pasaba por esa calle se acercó a ella. No tenía curitas, tampoco ofrecía trapos ni plumeros. Sus productos eran bastante particulares. “Señorita, ¿no me quiere comprar algo? Vendo gas pimienta, picanas y unas cuchillas que puede llevar en su cartera. Mire qué linda. Se la dejo en 300 pesos”, le dijo el hombre. La muchacha no estaba interesada, pero ante la insistencia del vendedor, la tomó y se la quedó durante unos segundos en la mano. Era como un cuchillo de cocina que medía unos 30 intimidantes centímetros. “La puede usar en la calle para defensa personal”, agregó el vendedor, intentando lograr su cometido. La joven se lo devolvió y le agradeció, pero luego se quedó pensando qué ironía había sido. Frente al lugar donde el Estado imparte justicia, el hombre la quería incitar a que, en caso de que fuera necesario, hiciera justicia por mano propia.

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Comé tranquilo, Cebolla


El restaurante de Piriápolis estaba lleno, pero una mesa en particular concentraba la atención de los comensales. En ella, almorzaba con su familia el jugador de Peñarol Cristian “Cebolla” Rodríguez. Si bien las miradas y los cuchicheos hacían referencia a esa presencia célebre en el establecimiento, el futbolista pudo disfrutar de la comida sin interrupciones ni molestias de curiosos… hasta que su plato quedó vacío. Una vez que hubo terminado el último bocado, los presentes se sintieron habilitados a solicitar fotos y autógrafos varios, que el jugador correspondió con cortesía.

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La entrevistada, el diario de regalo y la propina


La mujer había sido entrevistada por El Observador y justo estaba en la playa, en Punta del Este, cuando el ejemplar del diario con la entrevista incluida entre los contenidos de la edición ya estaba en la calle. El padre, entre orgulloso por la exposición pública de su hija y ansioso al mismo tiempo por leer la nota, quería conseguir el diario de una buena vez. Ambos vieron a dos jóvenes ataviados con remeras del diario que estaban vendiendo El Observador en la playa. El padre fue a su encuentro y les pidió un ejemplar para ver la entrevista a su hija, pero no tenía cambio para comprar el diario. Para su sorpresa, los jóvenes decidieron regalarle el ejemplar. Al día siguiente, la joven entrevistada advirtió la presencia de los vendedores y fue a pagarles pero estos no aceptaron el dinero. Entonces, y a modo de recompensa por el gesto que habían tenido el día anterior, pretendió dejarles una propina, que cortésmente también rechazaron.

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Decisión meditada


El hombre le trajo un sobre a su esposa, comentándole que dentro estaba la invitación a un evento emocionante y casi milagroso. La mujer, curiosa, abrió el sobre y vio una tarjeta en color azul prolijamente cerrada con iniciales impresas. Cuando la leyó se rió un buen rato. Una pareja amiga los invitaba a su casamiento de la siguiente manera: “Luego de una corta etapa de 14 años y 273 días hemos pensado que deberíamos formalizar nuestra relación”. A continuación daban a conocer el día y la hora para concurrir al Registro Civil a presenciar el acto, y también invitaban a una celebración “después de reponerte de la emoción”.

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Tortas fritas bendecidas


La concentración de productores agropecuarios en Durazno marcó un hito entre las protestas del sector y dio para todo tipo de particularidades, curiosidades y, por qué no, oportunidades de negocio. Desde quienes vendían bebidas y comida para sobrellevar la calurosa jornada hasta quienes ofrecían pegotines y banderas uruguayas, las opciones comerciales fueron innumerables. Pero una de ellas resultó llamativa no por el producto en sí, sino por el marketing de venta de sus responsables: el puesto de las “tortas fritas bendecidas” que un grupo de monjas instaló en el predio donde se realizó la movilización. “Bendice a la persona que la come”, “y a la que la compra también”, decían las monjas sonrientes a la periodista que las interrogaba sobre su iniciativa comercial.

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Un pequeño error de cálculo


La familia fue con el niño, que está dejando los pañales, a pasear por la Costa de Oro el fin de semana. Estar al aire libre era una buena prueba para el pequeño, que tenía la misión de avisar si la necesidad fisiológica llamaba a la puerta. Y lo hizo, de manera tan simple y clara como lo puede hacer un niño de su edad: “Pipí”, dijo. Allí fueron los padres, a ayudarlo con la ropa, para poder evacuar. Solo que hubo un pequeño error de cálculo: no solo fue “pipí”, lo que obligó a los padres a trabajar el doble.

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Cuando la suerte te persigue


El hombre había tenido un accidente con su moto y había quedado muy golpeado. A pesar de que era su único medio de transporte resolvió dejarla porque ya no se sentía seguro. Días después jugó a la Quiniela un número que se le vino a la mente y para su sorpresa ganó $ 70 mil. Pero sentía que ese era su día de suerte. Entonces tomó el dinero y se dirigió al casino. Ganó una partida, dos, tres hasta que una buena mano lo dejó con US$ 5.000 en el bolsillo. El hombre cobró el premio y se fue a su casa. Al otro día mientras tomaba mate le dijo a su esposa: “Vieja, voy a comprar un autito”, a lo que ella respondió incrédula: “¿Y con qué plata?”. El hombre le contó la historia y como su esposa no creía le creía, le mostró el dinero. Acto seguido el matrimonio fue derecho a una automotora donde encontraron un auto usado y económico. Cuando preguntaron el precio, la suerte nuevamente estuvo de su lado: “Con el escribano te queda en US$ 5.000”. El hombre entregó todo el dinero y salió en su auto. De la moto, ya ni se acuerda.

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El taxiuber


La joven se encontraba de vacaciones familiares en Lima, Perú, y decidió usar Uber para trasladarse. Una noche, pidió un auto y cuando llegó, fue con su padre a su encuentro. En la puerta del hotel esperaban con las balizas prendidas dos autos: un taxi y uno particular. El padre de la joven abrió la puerta del acompañanate del auto particular y se sentó confiado de que ese era el Uber que habían pedido y que el taxi esperaba a otros pasajeros. Sin embargo, se bajó enseguida cuando el conductor le dijo que estaba equivocado y al escuchar que su hija le gritaba que ese no era el vehículo pedido. La joven se extrañó porque el Uber pedido era en realidad un taxi. "¿Acá los taxistas usan esta aplicación?", le preguntó al chofer. "Sí, la usamos mucho", le respondió y se sorprendió cuando los uruguayos le contaron que usar Uber en Uruguay era mala palabra para los taxistas.

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El Uber fantasma


El joven pidió un viaje en Uber y durante la espera se dedicó a seguir el trayecto que el conductor hacía para llegar al punto de encuentro. Los minutos pasaban y el joven notó en el mapa de la aplicación que el chofer se comportaba de forma errática, como si tuviera problemas para dar con la dirección, hasta que en determinado momento vio que el vehículo doblaba la esquina. En ese momento, el joven se arrimó a la vereda y le hizo señas al conductor, que pasó junto a él y siguió sin detenerse. Sin saber qué hacer, el joven volvió a mirar su celular y notó que el viaje había sido iniciado, pero él no estaba sobre el vehículo como era de esperarse. Lo más llamativo fue que el conductor hizo el trayecto hacia el destino marcado por el pasajero, pero sin el pasajero. Por suerte para el joven, luego de presentar la queja ante Uber el importe del viaje fantasma le fue devuelto.

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Buen samaritano en La Paloma


La veraneante estaba en su casa en La Paloma cuando sintió que golpeaban a la puerta. Sin estar esperando a nadie en especial, se sorprendió cuando, al atender el llamado, se encontró de pie frente a un joven que mostraba en su mano las llaves del auto de la veraneante. Luego de preguntar si le pertenecían, el muchacho –oriundo de Rivera– explicó que había visto las llaves en el suelo cerca de un vehículo en el lado del conductor, por lo que instintivamente atinó a golpear en la puerta más cercana para probar suerte e intentar encontrar al propietario. Sin creer todavía en su buena fortuna, la veraneante procedió a agradecer de todas las formas posibles al joven por su honestidad y preocupación, ya que era consciente de que el manojo de llaves hacía varias horas que debía estar en la calle sin ella haberlo siquiera notado.

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Edad dudosa


La joven se disponía a ingresar al casino del hotel Conrad de Punta del Este cuando fue detenida por los encargados de seguridad apostados en la entrada, que le solicitaron el documento de identidad. Sorprendida, la joven preguntó a qué se debía esa situación y la respuesta la descolocó: los porteros sospechaban que estuvieran frente a una menor de edad. La joven, de 22 años, no pudo menos que sentirse halagada aunque debió volver hasta el lugar donde se estaba alojando porque justo en ese momento no cargaba con su cédula de identidad.

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Confusión


El periodista estaba en otra extenuante jornada de trabajo durante la temporada alta en Punta del Este y concurrió a una nota en una camioneta blanca del diario. Cuando terminó su tarea, se dispuso a partir a otra actividad pero no logró abrir el vehículo con la llave correspondiente. Por más que lo intentó, la cerradura no respondía a sus deseos. Luego de algunos minutos, decidió observar con mayor detenimiento cuál podría ser el problema cuando se percató de que la camioneta en la que había arribado al lugar no contaba con una lona negra en su caja, como sí tenía la que intentaba abrir. Una rápida mirada a la cuadra le permitió darse cuenta de que estaba frente al vehículo incorrecto, y que el que debía abrir estaba a algunos metros de allí. Silbando bajito y observando disimuladamente que no hubiera testigos, caminó hasta la camioneta correcta que, ahora sí, respondió a la llave.

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Un lío con la ubicación


El periodista tenía clara la ubicación. El localizador de Google Maps que el propio entrevistado le había enviado no podía estar errándole. Pero por más que recorría esos caminos de tierra perdidos en algún lugar del este uruguayo, la casona no aparecía. Y el tiempo apremiaba. Preguntó y preguntó pero nadie de la zona conocía el lugar. Encima, el entrevistado no respondía su teléfono. Pero, después de un rato, lo hizo. La casa quedaba lejos, muy lejos de allí. En algo le había errado la tecnología. Para cuando el periodista llegó, el entrevistado se había ido. Con calor, poca nafta, lleno de tierra y ofuscado, regresó al apartamento donde se alojaba. Al final, para tranquilidad de su editor, la entrevista se pudo hacer. Pero por teléfono.

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Complicaciones de un mundo conectado


La periodista esperaba a la entrevistada en el lobby de un hotel. Le mandaba mensajes, pero no le llegaban. Empezó a preocuparse porque pasaban los minutos, hasta que de pronto se dio cuenta de que era su propio teléfono que se había quedado sin internet. Probó preguntando en recepción para llamarla a la habitación, pero la entrevistada ya había bajado, precisamente para encontrarse con la periodista. Por suerte la profesional también traía su teléfono personal encima, por lo que agregó el contacto de la entrevistada en el otro móvil y finalmente le pudo escribir y encontrarse, mientras pensaba si en la era preinternet era tan difícil encontrarse con alguien.

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Complicaciones de un mundo conectado


La periodista esperaba a la entrevistada en el lobby de un hotel. Le mandaba mensajes, pero no le llegaban. Empezó a preocuparse porque pasaban los minutos, hasta que de pronto se dio cuenta de que era su propio teléfono que se había quedado sin internet. Probó preguntando en recepción para llamarla a la habitación, pero la entrevistada ya había bajado, precisamente para encontrarse con la periodista. Por suerte la profesional también traía su teléfono personal encima, por lo que agregó el contacto de la entrevistada en el otro móvil y finalmente le pudo escribir y encontrarse, mientras pensaba si en la era preinternet era tan difícil encontrarse con alguien.

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Noche loca


El verano es una época de diversión, en La Paloma los jóvenes hacen de esa consigna su leitmotiv durante las vacaciones. A la salida del boliche Barbas, en la zona de La Aguada, la mañana permite encontrar a decenas de adolescentes malheridos por los excesos de una jornada extensa. La periodista, que terminaba su trabajo en la cobertura de la noche esteña, había decidido comer un pancho y en eso estaba cuando se cruzó con un grupo de jóvenes que intentaba levantar del suelo a un amigo casi inconsciente por los efectos del alcohol. En cuanto se puso de pie y con lo que le quedaba de lucidez, le rogó a la periodista que le cediera lo que quedaba de su pancho, sin importarle que el bocadillo ya estuviera mordido de ambos lados. Ante la pregunta de si no le daba asco comerlo así, el joven se limitó a responder con un mordisco que hizo desaparecer lo que quedaba del pancho de un solo bocado.

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Una abuela moderna


La cena de Año Nuevo siempre es un buen momento para que la familia se ponga al día. En este caso, la joven insistía en presentarle una amiga a su primo soltero, pero este le anunció que estaba saliendo con una chica. De pronto, desde la otra punta de la mesa, la abuela gritó: “Se la podés presentar igual, ¡si ahora se usa andar con más de una persona al mismo tiempo!”. Luego se corrigió: “Bueno, antes también pero no se decía”, espetó, generando la sorpresa y la risa inmediata de sus compinches nietos.

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La soja y la plata


El analista argentino de la consultora Nóvitas, Diego de la Puente, ha cruzado muchas veces el Río de la Plata para dar charlas sobre su especialidad: el mercado mundial de granos. Con un decir pausado y muchas veces punzante, De la Puente realizó semanas atrás una disertación en la presentación del acuerdo entre la empresa uruguaya Calvase, de semillas, insumos y servicios, con la holandesa Brandenburg, con sede en Argentina. Por supuesto que el tema central fue la soja, su camino productivo en EEUU y en la región del Cono Sur, que reúnen casi la totalidad de la cosecha mundial de la oleaginosa. Y las perspectivas del comercio, con la mirada en China, el principal importador mundial. Ante un auditorio de productores y empresarios del sector, De la Puente pintó un panorama alentador desde la demanda, y sentenció: “Producimos lo que China quiere. Y tienen plata”.

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El extraño consejo del edificio


Con motivo de las fechas y las licencias, la administración del edificio de Punta Carretas decidió enviar a sus clientes una carta con recomendaciones tales como “no permitir el ingreso al edificio de personas que no conozca”, controlar la llave del gas antes de irse o desenchufar el calefón. Pero la sorpresa para llegó en uno de los últimos puntos de la carta: “Al cruzar un semáforo con luz verde, espere unos segundos antes de avanzar”. Los vecinos se preguntaban si en la siguiente lista de consejos incluirán el “hacer el bien sin mirar a quién”.

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Una agresión en plena calle


La joven caminaba por la avenida Rondeau rumbo a su trabajo. Y de pronto, la sorpresa: una mujer pasó al lado suyo y le pegó una piña. “No me gusta tu cara”, le dijo, y salió corriendo. La joven quedó paralizada y en shock, y miró hacia los costados, pero no había ningún testigo. Solo un hombre arriba de un camión, al que le preguntó si había visto la situación. El camionero le dijo que no, pero se ofreció a perseguir a la mujer. La chica le agradeció pero le comentó que ya no tenía mucho sentido, y se limitó a seguir caminando hacia su lugar de trabajo, indignada y conmocionada por la acción de la agresora, que claramente no estaba en sus cabales.

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Un poco más lejos


La periodista intentó sin éxito coordinar una entrevista con un emprendedor tecnológico uruguayo. “No puedo esta semana. No voy a estar en Montevideo. Voy a estar en San Francisco dos días. Puede ser la semana que viene”, se excusó el muchacho. A la semana siguiente volvió a comunicarse. El emprendedor se excusó de nuevo. “Mil disculpas, otra vez tengo que ir a San Francisco. También es por dos días. El jueves estoy de vuelta”, le dijo. Una vez concretado el encuentro, la mujer le preguntó cómo le había ido en Punta Colorada, pero el emprendedor no lograba entender la pregunta. “Ah no, no era Punta Colorada, sino San Francisco, cerca de Piriápolis”, rectificó ella. El emprendedor sonrió. “No precisamente ese San Francisco, sino el de Silicon Valley, en California”, precisó.

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La puerta que no abre


En estos días de fiestas y despedidas, una noche, la hija adolescente llegó de madrugada y no pudo abrir la puerta de su casa. El padre tuvo que despertarse y desconfiado le preguntó si no habría tomado demasiado, porque esa puerta ni la llave tenían problemas. La joven se defendió y le dijo que tomar una cerveza no era suficiente para emborracharse y que, en cualquier caso, si estuviera ebria difícilmente podría sostener su aguerrido discurso de defensa. La madre luego le dijo al padre que no exagerara y que recordara cómo volvía a su casa a la misma edad, ciertamente en un estado bastante más preocupante.

A la semana fue la madre quien tuvo una fiesta de despedida. Ese día había alerta amarilla y llegó a su casa luego de varias horas de baile y algunos vinos, bajo lluvia. Ella tampoco pudo abrir la puerta y tuvo que despertar a su esposo. A la mañana siguiente la mesa estaba servida para la broma: “Che mamá, ¿ayer no pudiste abrir vos la puerta? Decile a papá que no estabas borracha”.

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Inclusión financiera frustrada


El hombre fue al cajero que está en el Ministerio de Economía, una especie de homenaje involuntario a la inclusión financiera. Además, justo en el día en que el gobierno anunciaba sus planes de extender el programa durante 2018. Pero todo eso no lo protegió de la mala suerte. En medio de su operación para sacar dinero, llegó un apagón generalizado y la tarjeta le quedó trancada. A la fuerza, por unos días, se quedó fuera de la famosa inclusión.

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El futbolista sin coronita


Una recorrida nocturna por la zona de Cordón y Parque Rodó tuvo su momento de sorpresa para unos amigos. Querían ingresar a un boliche pero había que esperar detrás de un precinto con una soga que estaba custodiado por guardias de seguridad y un RRPP. Como ellos, habría unas 20 personas, entre damas y caballeros. Algunos llegaban y pasaban sin problemas, diciendo su nombre. Y entre los que aguantaban para entrar había un reconocido futbolista recientemente campeón con Peñarol, que, de licencia, aprovechó para salir. Pero como uno más, tuvo que aguantar su turno, sin chistar. Los amigos no podían creer que no dejaran entrar al jugador, uno de los más queridos por la hinchada aurinegra e inconfundible para cualquiera que vea fútbol uruguayo. Cansados de esperar, se fueron mientras el aguerrido futbolista seguía esperando. “Lo bueno es que no hacen distinciones para el ingreso”, comentaron.

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El agrónomo celeste


Los logros de la selección uruguaya de fútbol que dirige Óscar Tabárez, los de adentro y los de afuera de las canchas, han ido creando un conjunto de hinchas de la selección. Uno de ellos es Ignacio de Barbieri, agrónomo e investigador del programa Carne y Lana del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria. Hace unos días, en la conferencia de prensa en la que detalló las metas alcanzadas por el Consorcio Regional de Innovación en Lanas Ultrafinas, en power point paró su equipo en la cancha utilizando como jugadores a logros y valores del consorcio. Por ejemplo, de golero puso a Núcleo Ultrafino, de N° 5 a Interacción Institucional y uno de los delanteros fue Material Genético. Y no dejó de exhibir la frase célebre del maestro: “El camino es la recompensa”. Luego, cuando El Observador lo entrevistó para la contratapa del suplemento Agropecuario y para la ficha de presentación le preguntó de qué cuadro es hincha en fútbol, respondió al toque: “De la selección uruguaya”.

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El paseador mala onda


La mujer paseaba a su perro cuando de pronto se cruzó con un grupo de varios canes junto a su paseador. En una movida esperable y lógica, el perro se alborotó ante el grupo, y quiso salir corriendo, por lo que la señora tuvo que hacer un buen esfuerzo para controlarlo. “Tenés un cliente nuevo, quiere ir contigo”, le dijo al paseador para romper el hielo. Pero se ve que el hombre estaba en un mal día, o no quería sumar nuevos clientes: “Vení mañana que hay croquetas”, fue su intempestiva –y maleducada– respuesta.

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Niño precavido vale por Papá Noel


El niño acompañó a su madre a hacer las compras al supermercado. De repente se topó con la góndola de juguetes y vio el regalo que había pedido: unas pistolas que lanzan dardos y pelotas de última generación. Le avisó a su madre del hallazgo, a lo que ella contestó que se quedara tranquilo que Papá Noel pasaría a buscar las pistolas y se las dejaría en el arbolito. El pequeño igual temió que se llevaran el juguete antes y mientras la madre siguió con las compras, tomó todas las pistolas de la góndola y las escondió detrás de unos bebotes. Luego, se fue corriendo a avisarle a su madre dónde las había escondido y le pidió ir rápido a su casa para corregir la carta de regalos y avisarle a Papá Noel dónde las había escondido.

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La entrevista, el mate y el pijama


La periodista debía entrevistar a Joan Roca, uno de los mejores cocineros del mundo, que llegó a Uruguay para participar de la final de Masterchef. La noche anterior realizó la clásica tarea de investigación previa y se enteró de que el chef español nunca había probado mate. Entonces, como el suyo había quedado en el diario, comenzó un operativo para conseguir uno para llevar a la entrevista. Llamó a un compañero de redacción, que vive cerca, y marchó a la casa. El periodista tuvo que bajar apurado y en pijama a la puerta de su apartamento para prestarle el termo y el mate. Al final, a Roca le gustó bastante la tan uruguaya bebida.

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Un piropo y un lamento


Terminaba la final de Masterchef y le gente se estaba yendo, cuando surgió una charla entre algunos periodistas y una exparticipante del concurso. Conversaban sobre la final, sobre quiénes habían sido los mejores para cada uno, cuando de pronto pasó otro participante cerca del grupo. La cocinera frenó su discurso, miró, suspiró, y luego dijo: “Qué bueno que está; lástima que sea gay”.

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¿Del patriarcado al matriarcado?


El hombre estaba en la puerta de su trabajo esperando que un auto con conductor viniera a buscarlo y se quedó unos minutos conversando con un compañero que justo estaba en la puerta. En un momento siente que le tocan la cola, pero su cerebro no logró decodificar lo que le estaba pasando e intuitivamente fue a fijarse si no le habían robado la billetera o el celular. “No, se ve que solo quería tocarte”, le dijo su compañero. “Se nota que ahora del patriarcado estamos pasando al matriarcado”, comentó entre risas.

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Cuando el Estado funciona


La empresa, que está comenzando su producción, el sábado se quedó sin luz, producto de un corte que afectó a buena parte de Canelones. Llamaron a UTE a quejarse, y se encontraron con la agradable sorpresa de una atención muy personalizada: un funcionario les pasó su celular personal y su mail, y se puso a entera disposición, no solo en este caso, sino ante cualquier dificultad que tuvieran con el suministro de energía. Los directores de la empresa se quedaron contentos de que un organismo estatal ofrezca una atención que tradicionalmente se espera de un servicio privado.

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El autorrobo


La chica fue en bicicleta a hacer un trámite, por lo que cuando llegó a la oficina estacionó el birrodado y le puso en candado con la combinación que venía de fábrica. Al salir, intentó abrir el candado pero no pudo. Los nervios empezaron a ganarle, y con cada intento se le hacía más difícil vencer a un artefacto que definitivamente no tenía ninguna intención de abrirse. Desesperada, la joven empezó a hacer fuerza, sin ningún resultado. Al final tuvo que recurrir a dos hurgadores que pasaban en uno de los modernos carros eléctricos cedidos por la intendencia. Con pinza y cuchillo, los muchachos ayudaron a la joven, que pudo romper el candado e irse en su bicicleta.

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Chuequera traicionera


La periodista tenía un buen día. Ya sabía sobre qué iba a escribir y había mantenido una reunión con una jerarca de un ministerio. El encuentro había sido muy bueno y la joven sentía que de a poco afianzaba su vínculo con las fuentes: algo indispensable en el periodismo. A la salida, mientras bajaba por las escaleras de mármol del ministerio, su celular comenzó a sonar y la joven se puso a buscarlo dentro de la cartera. Entonces su chuequera le jugó una mala pasada, se tropezó y rodó por los escalones. Cuando el descanso por fin la detuvo, la periodista se dio cuenta de que no se había lastimado y que –por suerte– ningún testigo había presenciado semejante espectáculo.

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El músico, el sonidista y el micrófono


El músico estaba tan entusiasmado con la respuesta del público en el festival Montevideo Rock que se bajó a cantar entre la gente y justo tomó una bengala que un espectador había encendido. Así cantó un rato, pero lo hizo con el micrófono en la otra mano. Pero lo que el músico no tuvo en cuenta es la bronca que se agarraría el responsable del sonido porque bajó del escenario con el micrófono: el profesional entendía que debía dejarlo en su lugar.

El sonidista ya estaba molesto porque unos minutos antes el músico había derramado agua sobre unos parlantes.

Entonces, cuando terminó de cantar y llegó a su lugar, el sonidista comenzó a correrlo y no precisamente para saludarlo, sino con una clara intención de pegarle. Estaba tan molesto que al músico lo sacaron por un costado para evitar que fuera presa de la ira momentánea del sonidista, que estaba demasiado irritado como para entrar en razones.

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Un niño en la conferencia


Suele pasar que alguna madre deba ir al trabajo con un hijo pequeño cuando no tiene con quien dejarlo. Hace unos días, le sucedió a una reportera gráfica que cubrió la conferencia de prensa en la que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca y el Ministerio de Defensa Nacional informaron sobre el rediseño del sistema de las barreras sanitarias. El pequeño, de poco más de 1 año, se ubicó en primera fila, frente a los ministros Tabaré Aguerre y Jorge Menéndez, cerca de su madre y se portó como un campeón durante más de media hora, lo que duró la actividad. Aguerre inició su oratoria celebrando esa presencia juvenil, tras lo cual un periodista le explicó la situación y el jerarca aprovechó para anunciar que el ministerio está adecuando sus infraestructuras, por ejemplo en las instalaciones que posee sobre la ruta 8, donde habrá guardería, jardín de infantes, gimnasio, cantina y comedor y que espera que con esas mejoras en una próxima instancia se puedan atender de mejor modo estas situaciones especiales, lo que fue agradecido por la profesional de la fotografía.

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Cocinera y celebridad


La banda colombiana Aterciopelados hizo bailar y disfrutar al público que los fue a La Trastienda, pero no fue su cantante, Andrea Echeverri, la mujer que al final del espectáculo se robó la atención de los espectadores y concentró la solicitud de selfis. Entre el público –que fue dominado por la colectividad venezolana residente en Uruguay– se destacó la presencia de la participante de la segunda edición de MasterChef, la también venezolana María Gracia. Su popularidad entre los presentes fue tal que luego de finalizado el show estuvo varios minutos atendiendo las solicitudes de fotos, bajo la atenta y paciente mirada de su novio que esperaba a su lado a que cumpliera con el ritual de una celebridad con su público.

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Ceremonia desorganizada


La ceremonia de entrega de los diplomas de tecnicaturas de la UTU, el martes en el auditorio Nelly Goitiño, fue bastante desorganizada. Se recibían 1.200 estudiantes, pero la organización hizo cálculos con base en el 40% de esa cifra, que es la que habitualmente concurre a retirar el título en la ceremonia. El tema es que esta vez fue el 90%, por lo que la sala quedó francamente chica para los recibir a los alumnos y a sus familiares, que tuvieron que organizarse en turnos para entrar y salir cuando les tocaba. Muchos familiares, incluso, tuvieron que esperar en la calle a que los alumnos entraran a retirar el diploma, perdiéndose una ceremonia que, de todos modos, por la organización, no dejaba mucho margen para la emoción.

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Uruguayos por todas partes


El grupo de periodistas de América Latina –entre los cuales hay dos uruguayos– está en sus últimos días de visita a Israel y fueron a visitar los túneles del Muro de los Lamentos. Allí estaban cuando escucharon una voz preguntándole al director del instituto que los recibe: ¿y uruguayos no hay? Cuando levantaron la vista verificaron que quien hablaba era el embajador de Uruguay en Israel, Bernardo Greissman, que además iba acompañado de una nutrida delegación celeste de los uruguayos que ganaron el premio Jerusalén, entre los que se encontraban Luis Alberto Lacalle, Gerardo Caetano, Sergio Puglia, Blanca Rodríguez, Gerardo Sotelo, Ruperto Long y Gerardo Amarilla. Estaban acompañados por la embajadora de Israel en Montevideo Nina Ben-Ami, impulsora del viaje, y de Daniel Rodríguez Oteiza, hijo del diplomático uruguayo Enrique Rodríguez Fabregat, que hace 70 años presentó la moción en Naciones Unidas para el establecimiento del Estado de Israel. Como para ratificar que el mundo es un pañuelo.

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San Antonio voladora


La niña de tres años, su padre y su tía caminaban el domingo por una avenida 18 de Julio desierta. La niña llevaba en brazos un peluche de vaquita de San Antonio con alas, y a su padre se le ocurrió lanzar el peluche hacia arriba para que su hija la viera “volar”. En eso estaba cuando, al llegar a la esquina de 18 de Julio y Paraguay, su lanzamiento tuvo tanta imprevisión que el peluche quedó enganchado en una de las macetas aéreas que adornan la avenida. Sin saber qué hacer y sin ningún local abierto en las cercanías que pudieran prestar una silla o un palo para acceder al muñeco, el padre y la tía se dedicaron varios minutos a idear la forma de llegar hasta el peluche bajo la atenta y preocupada mirada de la niña. Hasta que apareció un buen samaritano con un palo de escoba que permitió retornar el muñeco a los brazos de su dueña. ¡Se cansó de volar!, dijo su padre para cerrar el asunto.

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Carne a la parrilla


Wayne D. Schmidt es asesor de Comercio Agrícola del Departamento de Estado de EEUU y en esa condición llegó días atrás por primera vez a Uruguay, donde permaneció una semana. Durante la visita, además de reuniones con autoridades uruguayas y actores agrícolas del sector privado, visitó el centro La Estanzuela del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria. Al cierre de su estadía, concedió una entrevista a El Observador. Una vez terminado el diálogo, el periodista le preguntó qué le pareció la carne uruguaya. “No la he probado aún porque me han tenido ocupado todos los días”, se quejó entre risas. El periodista le dijo que ahora podía probar el cordero uruguayo en su país y Schmidt replicó: “Ya lo he probado, yo estuve entre los que intervinieron para que la carne ovina ingresara a EEUU. Además, soy de Kansas y me gusta comer carne asada, así que voy a pedir que antes de irme me lleven a comer en una parrilla”.

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Incontinencia verbal y real


La mujer estaba paseando al perro por Pocitos y se encontró con una vecina. Por la conversación, evidentemente compartían edificio, y comenzaron a charlar sobre un vecino en particular, con quejas varias: que hacía ruido tarde, que era un desordenado y algunas críticas más. La conversación pintaba para largo porque ambas tenían muchas ganas de hablar, pero tras cinco minutos, una de las dos la cortó en seco: “Te dejo porque me estoy haciendo”, fue la gráfica explicación.

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Atendido por sus propios dueños


El periodista había viajado en octubre a Buenos Aires al recital de la banda irlandesa U2. Cuando emprendió el regreso, le llamó la atención ver al dueño de la empresa Buquebus, Juan Carlos López Mena, en la terminal portuaria, tomando café en un rincón y ordenando la operativa. La inconfundible cabellera canosa del empresario dedicado a cruzar pasajeros por el Río de la Plata sobresalía entre los viajeros que merendaban.

Pero al parecer la presencia en el puerto bonaerense es más asidua de la que el periodista imaginaba. El 16 de noviembre, cuando regresaba nuevamente de la capital argentina, visualizó a López Mena en el mismo rincón donde lo había visto tiempo atrás. A pesar de la magnitud de la empresa, el hombre sigue de cerca el servicio de Buquebus. Un negocio atendido por su propio dueño.

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“¡Me está faltando uno…!”


La presidenta del Senado, Lucía Topolansky, se aprestaba a abrir la votación de uno de los artículos de la ley de financiamiento de los partidos políticos que dividen a oficialismo y oposición cuando se percató de que el Frente Amplio no contaba con mayoría en sala por la ausencia de un legislador. Mientras el secretario contaba las manos levantadas, Topolansky notó esa situación.

“¡Me está faltando uno, la puta que lo parió!”, expresó en voz baja. A su izquierda, la secretaria le advirtió que todavía tenía el micrófono abierto, pero ya era demasiado tarde y su voz había sido captada por la transmisión del Parlamento. Por unos segundos la aprobación del artículo estuvo en duda, pero rápidamente ingresó Michelini, el senador ausente, para dar la mayoría para la aprobación.

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Una triple coincidencia


El joven había acordado con un amigo encontrarse esa noche en un bar en el Centro. La idea era juntarse a charlar y tomar algo, y tal vez horas más tarde, si ambos no estaban muy cansados, ir a bailar a algún boliche. Cuando se encontraron, ambos estaban de campera negra, aunque uno de ellos estaba con el abrigo abierto y el otro cerrado. En el bar no hacía frío, por lo que cuando quien tenía la campera cerrada se la quitó se dieron cuenta de una rara coincidencia: ambos tenían puesta exactamente la misma remera, cual niños gemelos. “No pasa nada”, dijo uno de ellos, “a quién le importa”. Al rato decidieron finalmente ir a bailar. Y para sorpresa de ambos, al ingresar al boliche se dieron cuenta de que de originales no tenían nada. Un tercer hombre en el recinto tenía una camiseta igual, o muy parecida. Ambos rieron, y se alejaron de la zona donde el joven en cuestión se encontraba. Trillizos ya era mucho.

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Fisurado por el vicio


En lo que era la última jugada de un partido de fútbol cinco entre amigos, que trascurría con un ajustado empate a 10, el joven logró escaparse para convertir el tanto que rompió el empate. El problema fue que al momento de patear un rival lo agarró de la camiseta y provocó la caída del goleador que terminó con fractura de muñeca. A la 1 de la mañana, el lesionado -fumador empedernido- ya sabía que su destino sería una cirugía y que la hora programada sería las 9 de la mañana. Ansioso y dolorido, toleró como pudo una noche sin dormir y sin fumar, pero a las 7 no aguantó más y pidió permiso para escapar a atender su vicio. Sorprendido por la pregunta, el enfermero se limitó a contestar: "Andá, pero a mí no me dijiste nada", con lo que el futbolista enyesado logró, después de bajar tres pisos, encender sus últimos dos cigarros antes de ingresar al quirófano.

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Halloween saludable


La madre acompañó a su hija y a una amiga a recorrer las casas del barrio disfrazadas de Halloween. Lógicamente, con los disfraces de estilo. Hicieron el recorrido y acumularon bastantes dulces, hasta que llegaron a la última casa de la cuadra. Tocaron timbre y les abrió la puerta un adolescente, flaco y desgarbado, con un bol en la mano. Desesperanzado, dijo: “Tengo frutillas. Mi madre es nutricionista”. Las niñas lo miraron con sorpresa pero aceptaron la oferta. Y se apiadaron un poco, por lo que le regalaron unos caramelos. Si la madre del adolescente lee estas líneas, puede sentirse satisfecha: a las niñas les encantaron las frutillas.

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El viaje empezó accidentado


La pareja se iba la pasada madrugada a Estados Unidos. La mujer decidió hacer el web check in el sábado por la noche, de manera de llegar tranquilos al aeropuerto en la madrugada del domingo al lunes. Pero hete aquí que sus nombres no aparecían en el vuelo pactado. Nerviosos, llamaron a la aerolínea, pero fueron derivados a un callcenter en el extranjero que no supo solucionar el problema. Llamaron a la agencia de viajes y su vendedor de confianza les propuso ir juntos al aeropuerto. Al llegar, en la aerolínea les dijeron que tenían que esperar a despachar los vuelos que salían esa noche. Pasaron tres horas esperando en la terminal aérea, hasta que, ya con el alba, sí pudieron hablar con un representante de la empresa, quien atribuyó la culpa a la agencia de viaje, que supuestamente no había pagado los pasajes. Argumento va, argumento viene, y con el nerviosismo a flor de piel –faltaban menos de 24 horas para viajar, ya había salido el sol y no tenían solución–, la agencia les buscó vuelo por otra compañía y lo terminaron consiguiendo. Al final, la pareja se fue a dormir a las 10 de la mañana del domingo, con los pasajes asegurados para viajar esa misma noche y la sensación que la aventura había empezado bastante antes de subir al avión.

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El gato y el millón de dólares


En un curso para docentes, un alumno estaba explicando cómo funciona una herramienta alternativa al power point para realizar presentaciones. Ese instrumento privilegia la imagen y como “internet, está lleno de gatos”, puso una de las típicas fotos de felinos “tiernos” como muestra. La presentación siguió, pero no pasaron ni cinco minutos cuando por la puerta entró un gato. La clase entera explotó en risas y miradas incrédulas. “¡Qué presentación te mandaste!”, le dijo uno de sus compañeros. Otro le sugirió: “¿Por qué no ponés una foto con un millón de dólares. Capaz que lo encontramos y lo repartimos entre todos”. El alumno/docente lo hizo, pero en este caso no tuvo tanta suerte.

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Torpeza problemática


El hombre había acompañado a su padre al médico, y avisó al trabajo que llegaría unos minutos tarde. Se quedó aguardándolo en la sala de espera, y se sirvió un café de máquina para matizar el tiempo. Vaya a saber si el sueño que lo había llevado a tomar ese café, o el maniobrar al mismo tiempo el celular, hizo que pocos minutos después se volcara medio vaso de café sobre la ropa. Además de la vergüenza de que el resto de los presentes se quedaran mirando con cara de “A este qué le pasa”, el hombre tuvo que esperar a su padre y salir corriendo para su casa, para cambiarse y recién después salir para el trabajo.

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Misión imposible en Boston


Los jóvenes se fueron de viaje a EEUU y alquilaron un auto en Boston, con el que recurrieron varias ciudades. En la parte final del viaje volvían a esa ciudad y debían entregar el auto en la sede de la concesionaria, un par de días antes de irse. Cargaron medio tanque de combustible –no necesitaban más– y partieron rumbo a Boston, por lo que pusieron la dirección en el GPS. Pero cuando se dieron cuenta, el GPS los estaba llevando a la sucursal del aeropuerto de la automotora, bastante alejado. Y

la flechita del combustible seguía bajando. Para peor, el camino no les permitía volver, y varios túneles por los que pasaban complicaban la señal de celular. Cuando consiguieron encontrar el camino de vuelta en el GPS, la flecha de combustible ya estaba en reserva. Iniciaron una carrera frenética, cruzando carriles. Y finalmente llegaron. Con la lengua afuera, pero la satisfacción del deber cumplido.

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“Huevonazo”


El viajero arribó de vacaciones al aeropuerto de Nueva York y se dispuso a hacer los trámites rutinarios de migración, con la diferencia que en esa terminal aérea todo se hace por autogestión. El proceso consiste en ingresar los datos personales y escanear el pasaporte y las huellas dactilares de una mano a elección. El viajero optó ingresar las huellas de la mano derecha y comenzó el proceso de escaneo. Lo intentó una vez, dos, tres cuatro… pero sin lograr completar exitosamente la operación, hasta que confuso pidió asistencia a un agente de migraciones. Rápido en identificar el problema, el agente –de origen latino– advirtió el error en el que había incurrido el viajero, pero lo expresó de forma bastante particular.

­­­­—¡Pero que huevonazo! –dijo el agente en un español con acento caribeño–, elegiste la mano izquierda y estás escaneando la derecha.

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Un olvido caro


El muchacho se subió al ómnibus, como todos los días, para ir a trabajar, y también como todos los días, con el tiempo justo. Pero cuando fue a pagar se dio cuenta que, acostumbrado a usar la tarjeta de débito para casi todo, se había quedado sin plata suficiente en el bolsillo. Apeló a la mochila en busca de esas monedas que siempre quedan por ahí, pero tampoco. Entonces, rojo de vergüenza, tuvo que decirle al chofer que se tenía que bajar porque no tenía plata. Por si no fuera suficiente incomodidad, el chofer no lo escuchó y bajó la música, por lo que el joven tuvo que repetir el speech, luego bajarse de la unidad, ir hasta su casa, buscar algo de dinero para tener durante el día y finalmente pedir coche a una app de transporte, que obviamente no tuvo que pagar con dinero físico. Al final, el olvido –y no tener tarjeta STM– le salió bastante caro.

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Siempre listos


Las periodistas estaban cenando en un pub y vieron a lo lejos a una compañera del diario. Y decidieron hacerle una broma. Una de ellas le escribió por whatsApp a la colega y le dijo que había una noticia de último momento en su área, por lo que, aun siendo las 23.45, debía volver al diario. La joven periodista pasó la prueba: sin dudarlo un instante empezó a juntar sus pertenencias para volver a la redacción. Tuvo que llegar otro mensaje de la bromista aclarándole la actuación, y felicitándola por su contracción al trabajo.

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Diez minutos en la reunión equivocada


El padre llegó al liceo para participar de la reunión semanal con el fin de preparar el acto de graduación de su hija. Consultó al portero dónde era la reunión de sexto ese día y se dirigió al salón. Golpeó la puerta, pidió permiso, saludó y tomó asiento. Los padres debatían sobre un campamento. Una madre advertía que el lugar elegido para sus hijos estaba en malas condiciones y que el agua de la piscina estaba podrida, según le habían comentado. Además era caro. Otra madre se molestó con un padre que miraba el celular y no atendía. Otra explicó que en primera instancia habían previsto ir a otro lugar, pero en esa fecha no estaba disponible. El padre no entendía nada. ¿De qué campamento hablaban? La hija nunca le comentó de un campamento. El tema tampoco se había tratado el miércoles anterior. Pasaron 10 minutos, el hombre se levantó y salió del salón tratando de pasar lo más inadvertido posible. Bajó la escalera y le preguntó al portero: “¿Qué reunión es esa?” “De sexto de Primaria”, respondió. La de Secundaria se había fijado para el jueves.

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Novia ansiosa


Como es tradición en el grupo de amigas, la novia recibió de obsequio la noche de hotel previa a su casamiento. Como la celebración de la unión se realizaría en el Carrasco Yacht Club, sobre uno de los lagos de Parque Miramar, el hotel elegido fue el recientemente inaugurado Hampton by Hilton, a escasos metros del salón de fiestas. Uno de los requerimientos que llamó la atención de las amigas fue que la novia exigió que le dejaran unos binoculares en la habitación, para seguir al detalle los preparativos de su noche esperada. Al final, la novia no llegó a usar la habitación así que pudo contener la ansiedad, al menos por unas horas.

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Dos marcas mejor que una


La periodista tenía un largo día y por eso decidió planificarlo desde temprano, para poder cumplir con todo y no perderse la clase de yoga, a la nochecita. A las 7 de la mañana hizo el esquema mental de todo lo que necesitaría durante el día además de agenda, papeles diversos y vianda, armó el bolso con ropa y calzado deportivo.

El día fue largo pero transcurrió sin inconvenientes. Cuando llegó a la clase de yoga, casi al filo del comienzo, se cambió con rapidez. Al calzarse se dio cuenta de que había guardado dos championes diferentes, en marca y modelo. Pero el destino estaba de su lado: había uno para el pie derecho y otro para el izquierdo. Así volvió a su casa, con championes diversos.

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Dos marcas mejor que una


La periodista tenía un largo día y por eso decidió planificarlo desde temprano, para poder cumplir con todo y no perderse la clase de yoga, a la nochecita. A las 7 de la mañana hizo el esquema mental de todo lo que necesitaría durante el día además de agenda, papeles diversos y vianda, armó el bolso con ropa y calzado deportivo.
El día fue largo pero transcurrió sin inconvenientes. Cuando llegó a la clase de yoga, casi al filo del comienzo, se cambió con rapidez. Al calzarse se dio cuenta de que había guardado dos championes diferentes, en marca y modelo. Pero el destino estaba de su lado: había uno para el pie derecho y otro para el izquierdo. Así volvió a su casa, con championes diversos.

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Una mentira maquillada


La periodista tenía que dar una conferencia a media tarde, por lo que se fue temprano del diario. Pero al llegar a su casa se dio cuenta de que se había olvidado de la cartera, con documentos y su maquillaje. No le daba el tiempo para hacer el viaje de vuelta, por lo que le pidió a una compañera que se lo mandara a través del móvil de una app de transporte. La ventaja de las apps es que se les puede seguir el rastro, y la periodista que estaba en el diario se dio cuenta de que el hombre no se estaba apurando demasiado. Entonces apeló a sus dotes actorales y lo llamó: “Señor, le pido que se apure. En la cartera que le entregué hay medicamentos, y la persona que los espera los tiene que tomar de forma urgente”. La mentira funcionó, el chofer se apiadó, aceleró y llegó con la bendita cartera, para que la periodista se pudiera poner de punta en blanco para la conferencia. Quedó regia.

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El preso de Alcatraz que al final se reformó


Alcatraz es una leyenda viviente que cada año recibe casi un millón y medio de visitantes, ansiosos por conocer la historia de una cárcel de máxima seguridad que albergó historias increíbles así como figuras icónicas, entre ellos el mafioso Al Capone. Al terminar el recorrido se accede a una zona de venta de souvenirs. Allí la semana pasada un grupo de turistas uruguayos vieron un hombre ya anciano, firmando el libro de su autoría Alcatraz #1259 (por su número de prisionero). Sentado en un stand, con un gorro de beisbol y su rostro apacible, atendía a los compradores de su libro. En él, Bill Baker relata los tres años que pasó en la prisión, a la que llegó en 1957, a los 23 años, luego de intentar escapar de otros tres centros. Lo curioso es que tras ser liberado de Alcatraz siguió su carrera delictiva durante 50 años, porque allí aprendió a falsificar cheques, una “habilidad” que lo llevó tras las rejas varias veces más. Al final, parece haber encontrado una forma legal de ganarse la vida.

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Un ascensor problemático


La pareja acaba de tener a su primer hijo y en el edificio han recibido la felicitación de casi todos sus vecinos, especialmente los del mismo piso, que se ofrecieron a ayudar en lo que sea necesario. El único problema es que uno de esos vecinos, joven e impulsivo, no es muy cuidadoso a la hora de cerrar la puerta del ascensor, que está pegado al apartamento donde vive la familia, por lo que los golpes se sienten más fuerte y han provocado que el pequeño se despierte sobresaltado en más de una ocasión. Así, con un cartel en la puerta del ascensor, los padres ya pidieron un poco más de cuidado para cerrar la puerta, y que de esa manera el bebé siga durmiendo plácidamente como hasta ahora.

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Nunca más


El hombre decidió darle una última oportunidad a los taxis.

Luego de algunas malas experiencias, y gracias a la aparición de las apps de transporte, hacía mucho tiempo que había dejado de usar el sistema tradicional. Pero hace unos días necesitaba un traslado rápido, vio un taxi libre a unos metros, y pensó que iba a ser mas rápido subirse a ese que llamar a un Uber, y de paso le daba otra oportunidad a los amarillos. Un par de metros le bastaron para arrepentirse de haber tomado esa decisión, ya que el chofer encendió un tabaco mientras conversaba por teléfono con un amigo, como si fuera poco cuando terminó la conversación se dedicó a chatear por celular durante todo el recorrido.

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¿Hipocondríaco yo?


El joven estaba en la cocina de su trabajo cuando por accidente rompió un plato y se cortó la mano. Luego de contener el sangrado, la preocupación sobre los efectos que la herida pudiera acarrearle fueron en aumento, al extremo que el joven decidió, por extrema precaución, ir a darse la vacuna antitetánica, aun cuando el riesgo de contraer tétanos es improbable cuando la lastimadura se produce con elementos que no están oxidados. Tan sugestionado estaba el joven que convenció a la vacunadora de su mutualista de que le inoculara la medicina responsabilizándola de los males que pudiera acarrearle la lesión, aun cuando el centro de vacunación ya había cerrado y la trabajadora estaba fuera de su horario laboral.

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Sospechosamente similares


El padre y la madre se bajaron rápidamente del auto con el bebé de dos meses, y enfilaron hacia el edificio para que el pequeño no pasara frío. Dejaron varias cosas en la valija del auto, entre ellas el cochecito del bebé, que el padre bajó a buscar unos minutos después. Entre bolsos y el coche, la operativa de subida no fue fácil, pero lo logró. Unos minutos después llegó la abuela materna de visita, y el padre fue a la panadería de la esquina a comprar bizcochos. Al volver, vio un cartel pegado en la puerta: la vecina del 201 anunciaba que había encontrado un llavero, con las llaves de un auto, del cual especificaba los detalles. “¡Qué parecido al mío!”, pensó el padre, pero tras dos segundos se dio cuenta de que eran de él, y que se le habían caído en la puerta del edificio mientras cargaba con todos los petates. Así, decidió parar en el segundo piso y pedir las llaves. La historia no terminó mal, porque la vecina, además de las llaves, tenía desde hace días pronto un regalo para el bebé.

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Estos inoportunos cables


El hombre llegó al edificio y una vecina estaba abriéndole la puerta al técnico de una empresa de cable. Al subir al ascensor le preguntó a la mujer si las tormentas de los últimos días le habían generado problemas con la señal. Pero la vecina, con un niño de 1 año a upa, le explicó: “El chiquito está aprendiendo a caminar, y los cables de la TV le quedan justo a la altura. Se agarró de eso y nos quedamos sin la tele”, explicó sin hacerse mucho problema: todo sea porque el niño dé sus primeros pasos.

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Las guardias periodísticas, un desafío


Las esperas en la puerta de los juzgados suelen ser una prueba de fuego para un comunicador. En este caso, la periodista estaba haciendo guardia en la puerta del juzgado de la calle Juan Carlos Gómez. Primero estuvo parada, luego sentada, y finalmente en cuclillas.
El tema es que cuando finalmente el involucrado salió y se dispuso a hablar con la prensa, la periodista se puso de pie y se dio cuenta de que se le había dormido la pierna debido a la incómoda posición. Profesional al 100%, terminó interrogando al indagado por la Justicia mientras hacía una especie de baile para que la pierna saliera de su estado somnoliento.

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Gracias por todo


La periodista hablaba con una fuente por teléfono, pero la comunicación no era buena, lo que la obligó a gritar varias veces, atrayendo la atención de sus compañeros. “Gracias”, le dijo a su interlocutor cuando terminó la conversación, pero este no lo escuchó. “Que gracias, le dije”, expresó en un tono más alto. A esa altura, sus compañeros no tuvieron que coordinarse mucho para empezar a responder. El “gracias” comenzó a multiplicarse a lo largo de la redacción, mientras la periodista intentaba alejarse del ruido y seguía agradeciendo por la conversación a la fuente que, finalmente, pudo escucharla y cerrar el llamado.

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Tarjetas vencidas


El empleado había pedido a la empresa la reposición de sus tarjetas de presentación personales hacía varias semanas. Mientras el tiempo transcurría, el trabajador recibió una oferta laboral de otra empresa, tuvo las entrevistas pertinentes, confirmó que aceptaba la proposición y acordó una fecha de partida con su actual empleador con la antelación suficiente para planificar cómo sería repuesta la vacante. Dos días antes de que ese plazo se cumpliera para dejar su empleo, llegaron las demoradas –y a ese punto ya obsoletas– tarjetas personales.

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Atrapados sin entradas


Tres hermanos y la novia de uno de ellos iban el miércoles de noche a ver El cónsul, la nueva ópera del Teatro Solís. Originalmente también iban a ir dos tías, que ya habían comprado entradas pero desistieron porque una de ellas no se encontraba bien de salud. El hermano mayor tenía su entrada y la de su novia, mientras que uno de los otros dos hermanos tenía las restantes. El miércoles, el primero en llegar al Solís fue el hermano que no tenía las entradas. Luego arribó la pareja, casi sobre la hora. Traían, por las dudas, las entradas de las tías que no llegaron. El último hermano llegó cinco minutos después de la hora señalada. Comenzó a buscar las dos entradas que estaban en su poder, y en ningún bolsillo aparecían: las había perdido en el camino. Solo gracias a las tías que no fueron, y de que tenían los tiques, pudieron entrar.

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Honestidad brutal


Al bebe recién nacido le apareció de un día para el otro una supuración en la oreja, por lo que los padres decidieron consultar al médico y fueron al otorrino de urgencia de su mutualista. El profesional no estaba muy seguro del diagnóstico, aunque concluyó que era una otitis y ordenó un antibiótico. Los padres no quedaron muy convencidos, porque el bebé no mostraba ningún síntoma: las noches anteriores había dormido plácidamente y tomando pecho con normalidad. Entonces decidieron adelantar el control que tenían con el neonatólogo, que era en tres días. El médico lo revisó y concluyó que era una otitis externa, que a diferencia de la otitis tradicional no provoca fiebre y tampoco acarrea mucho tratamiento. Les dijo que hiciera vida normal, y concluyó: “Si no lo ven enfermo no lo lleven al médico. Así no lo enfermamos nosotros”.

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El patrullero/uber


La joven tenía que ir a la cosmetóloga en Carrasco. Se tomó el ómnibus pero como no conocía el barrio iba mirando Google Map. Con la certeza que le dio el guarda (y el celular) se bajó en la parada correcta. El sol se empezaba a poner. Miró el celular y comenzó a caminar. A la media cuadra chequeó que se dirigía correctamente hacia el punto de destino, pero el celular se apagó por falta de batería.

Cada vez estaba más oscuro. Se había confiado en que tenía anotada la dirección en el celular y no la recordaba.

Dos hombres hacían ejercicio al lado de un auto abierto y los paró para preguntarles si no tenían un cargador. No tuvo suerte. Pasó un patrullero y ella lo corrió. “No soy de acá y estoy perdida. ¿No tienen cómo cargar el celular? “, les preguntó. No pudieron ayudarla con eso, pero le preguntaron a dónde quería ir.

Como no sabía la dirección, uno de los policías le prestó el celular para buscar en internet. Pero además de ese servicio se ofrecieron a llevarla. Cuando la cosmetóloga abrió la puerta no entendía por qué a su nueva cliente la llevaba la policía.

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La entrevista y el momento incómodo


El miércoles fue un día agitado en el Parlamento. Luego de la asunción de Lucía Topolanksy como vicepresidenta, los legisladores se abocaban a retomar sus rutinas. Un periodista de El Observador telefoneó a un político para consultarlo sobre varios temas de actualidad. Aunque había un eco de fondo, la conversación transcurría normalmente hasta que los golpes en una puerta interrumpieron el diálogo. Al legislador no le quedó otra que decir una palabra que evidenciaba el lugar en el que se encontraba. “Ocupado”, se limitó a decir. Y, a continuación, siguió marcando postura sobre las consultas de El Observador como si nada hubiese pasado. A pesar del momento incómodo, el político cumplió al contestar las consultas . Todo un profesional.

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Falta comunicación


Al hombre le sonó el celular y tenía una llamada de su lugar de trabajo. Como estaba en el edificio, le llamó la atención. Pero más se sorprendió cuando desde el otro lado de la línea le dijeron: “Queremos renegociar el producto que contratamos a su empresa hace un tiempo”. Bastante confundido, volvió a consultar, y se dio cuenta de que su interlocutora se refería a un producto de la empresa en la que trabajó hace tres años. El hombre le dijo: “Hace tres años que no trabajo allí. Es más, hace dos años que trabajo en tu empresa”. Sorprendida, su compañera de trabajo le preguntó su nombre, y remató: “Ah, no te conozco”.

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Una abuela cholula


La señora de 66 años se acaba de jubilar y tiene mucho tiempo libre. Hace poco descubrió las redes sociales y todavía no sabe cómo utilizarlas, por lo que escribe "Me gusta" en las fotos de sus nietas, sin terminar de comprender que existe un botón para eso. Además, le comenta las publicaciones a Nilson Viazzo, ganador de MasterChef Uruguay, y aprovecha para revisar los perfiles de famosos. También utiliza WhatsApp y le escribió a su nieta, que es periodista en El Observador, para que le consiguiera un autógrafo de Ana Durán, enterada de que visitaría la redacción del diario. La especialista en tareas hogareñas es su "ídola" –como la abuela la definió–, por lo que la señora quería guardar un recuerdo suyo.

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Un trámite con obstáculos


Los padres debían llevar a su bebé recién nacido a sacar su primera cédula de identidad. Pero la noche anterior se dieron cuenta de que necesitaban una nueva partida de nacimiento, ya que habían pasado 30 días desde que vino al mundo y la original no tenía validez. El padre fue al Centro Comunal más cercano, pero le dijeron que solo tenían las partidas desde antes de 2012. Aún con el objetivo de cumplir con la hora pedida, llamó al Registro de la calle Uruguay, pero nadie lo atendió. Mientras la madre trataba sin éxito contactarse con la oficina del Pereira Rossell que realiza el trámite para evitar sacar una nueva, el padre intentó pedir la bendita partida vía web, pero si bien en las opciones de pago aparecía su banco, la web no procesaba la transacción. Arrancó hacia el Registro, pero al ver una cola de 20 personas, y que le quedaban 20 minutos para volver a su casa, pasar a buscar al bebé y a la madre y llevarlos hasta el Pereira Rossell, decidió desistir y probar otro día.

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El campeón de bachata sensual


La periodista –que es fanática de la salsa y va a clases de baile en su barrio– viajó invitada por ESPN a cubrir el US Open de tenis en Nueva York. El grupo de periodistas de toda la región decidió que la noche del jueves, penúltimo día de la cobertura, salieran todos juntos a bailar salsa. La uruguaya estaba más que entusiasmada. A medida que pasaban los minutos identificó a quienes eran los que bailaban mejor. Y en la lista estaba una colega norteamericana de ESPN que era parte del grupo. Pero había otro hombre en el boliche que se robaba toda la atención por lo bien que se movía. La uruguaya no dudó y lo invitó a bailar, pensando que era la oportunidad de aplicar sus conocimientos. Lo que no esperaba era que el hombre estuviera en un nivel tan superior: era el campeón mundial de bachata sensual.

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Protagonista involuntario


La función inaugural del Cirque du Soleil en Uruguay atrajo una gran cantidad de público que se maravilló por la perfección técnica del grupo teatral.

Pero a algunos de los integrantes del público les tocó ser un poco más protagonistas. Es el caso de un hombre que quedó en el medio de dos de los actores de la obra, un hombre, y una mujer, que se mezclaron entre el público para desarrollar una escena en la cual se mostraban todo su amor lanzándose besos.

Uno de esos besos le “cayó” al espectador en cuestión, y la actriz no tuvo mejor idea que “recuperarlo”, besando al pobre señor. Para peor, la improvisación actoral siguió y el otro actor reaccionó celoso, y decidió también estamparle un beso al atribulado espectador, que, entre risas incómodas, acusó a sus amigos que lo acompañaban de pergeñar todo el número para hacerlo pasar un poco de calor.

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Casi de la familia


Con el bebé recién nacido llegando a casa, la farmacia que está junto a la entrada del edificio pasó a ser una referencia permanente. Las empleadas del comercio se involucraron rápidamente en las novedades del pequeño, preguntándole al padre por su evolución y por cómo avanzaba la madre. Con tanta pregunta, hace unos días la madre decidió dar la primera vuelta a la manzana con el bebé, para que tomara aire y conociera el barrio. Y la parada por la farmacia fue obligada. Las empleadas reaccionaron con gran alegría al ver al destinatario de las compras, y hasta se animaron a aseverar: “¡Es igual al padre!”.

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El valor de los jóvenes políticos


El intendente de Montevideo, Daniel Martínez, y el senador Luis Lacalle Pou participaron del taller de trabajo Experiencia vs Juventud, organizado por el municipio CH. El objetivo era compartir con los jóvenes su experiencia en la política y motivarlos a que se involucren. En este marco, Lacalle Pou contó el orgullo que sentía por la juventud del Partido Nacional, dado que había 25 mil jóvenes que se estaban movilizando de cara a las elecciones juveniles del 2 de setiembre. Martínez felicitó a los nacionalistas por ese motivo y manifestó: “Ojalá que después alguno se pase para el Frente”. Lacalle Pou le contestó: “Te comento que la tendencia es otra”.

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Un mensaje en el contenedor


Luego de una fiesta de cumpleaños habían sobrado al menos una decena de chivitos. La madre de la cumpleañera se los llevó pensando que con ellos tendría el almuerzo del domingo resuelto. Sin embargo, cuando se disponía a calentarlos, notó que el pan estaba humedecido y el pegote de mayonesa con muzarela, lechuga y tomate impedía separar ese mejunje de la carne para calentarlos. Decidió cocinar otro menú, y dejar los chivitos en el contenedor pensando que alguien que no tuviera para comer podría aprovecharlos. Los preparó en una bolsa, los ató al costado del recipiente y dejó un mensaje: “Son chivitos de una fiesta de anoche y están muy buenos”. A los 10 minutos miró por el balcón y ya no estaban.​

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Un mensaje en el contenedor


Luego de una fiesta de cumpleaños habían sobrado al menos una decena de chivitos. La madre de la cumpleañera se los llevó pensando que con ellos tendría el almuerzo del domingo resuelto. Sin embargo, cuando se disponía a calentarlos, notó que el pan estaba humedecido y que el pegote de mayonesa con muzarela, lechuga y tomate impedía separar ese mejunje de la carne para calentarlos. Decidió cocinar otro menú, y dejar los chivitos en el contenedor pensando que alguien que no tuviera para comer podría aprovecharlos. Los preparó en una bolsa, los ató al costado del recipiente y dejó un mensaje: "Son chivitos de una fiesta de anoche y están muy buenos". A los 10 minutos miró por el balcón y ya no estaban.

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Motociclista en fuga


El conductor estaba detenido en un semáforo cuando sintió un golpe en la parte trasera de su vehículo. Cuando miró para atrás, vio que un motociclista se levantaba luego de impactar contra su auto y caer al suelo. Al descender vio una abolladura en la puerta trasera, y mientras intentaba dialogar con el motociclista con uniforme policial para llamar al seguro, el hombre emprendió su camino argumentando que estaba apurado y no podía quedarse. Luego de realizar la denuncia ante su seguro, el conductor decidió iniciar la búsqueda del motociclista en fuga a partir del número de patente que tuvo el recaudo de memorizar. Así dio con el titular del birrodado, una mujer, y luego de buscar su nombre por Facebook, dio con el motociclista en fuga, que aparecía como pareja de la titular de la moto. Luego de idas y vueltas, y denuncia policial mediante, consiguió que su aseguradora se contactara con el motociclista para iniciar el reclamo por los daños.

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Intendente ciclista


Durante el lanzamiento de la Expo Prado 2017 en el predio de la Rural, tras el anuncio del programa de contenidos a cargo de las autoridades de la Asociación Rural del Uruguay, los invitados fueron convidados con un rico asado. A pocos metros de la enorme parrilla, pero sin probar bocado, con una figura más estilizada luego de perder varios kilos gracias a una dieta más equilibrada, estaba Daniel Martínez, el intendente de Montevideo. Cuando el periodista le hizo un comentario sobre el cambio en su figura, le dijo: “Antes hacía 30 o 40 kilómetros y me cansaba, ahora hago 50 kilómetros como si nada”, aludiendo a su mejor performance con su medio de transporte preferido, la bicicleta.

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Un cumpleaños particular


La niña es fanática del Cuarteto de Nos, y cuando llegó su cumpleaños, no le pidió a sus padres a Violetta ni a cualquiera de los dibujitos de moda como eje temático de la fiesta: reclamó que el tema fuera su banda favorita. El problema es que la niña tiene como compañera de clase nada menos que a una hija de Roberto Musso, líder de la banda. El cantante contó en una entrevista, la semana pasada, que su pequeña se sorprendió cuando al llegar a la fiesta vio a su padre por todos lados. Pero reaccionó bien. Eso sí, una vez pasado el cumpleaños, le aclaró a sus padres: “Estuvo bueno, pero cuando llegó la piñata no le pegué a tu cara, le pegué a la cara de Alvin, el batero”, razonó la niña.

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Diplomático asiático al ritmo de Elena Elena


Lo tiene como un ritual. El diplomático asiático –de misión en Montevideo– sale a correr cada día sobre las 6 de la mañana por la rambla montevideana con sus auriculares, pero no escucha música típica de su país.

La semana pasada llegó a su oficina y contó que mientras hace deporte sintoniza la FM tropical 100.3 y que su canción favorita es el hit de Sonora Borinquen Elena Elena, lo que despertó las risas de todos sus compañeros de trabajo y confirmó que la plena uruguaya trasciende fronteras.

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El teléfono rojo de Aduanas


La chica llamó a Aduanas para saber de su compra vía internet encargada desde Japón. Sonaba y sonaba, y siempre ocupado. Por fin, luego de muchos intentos, un funcionario atendió. Del otro lado se escuchó una voz violenta que preguntó: “¿Qué necesita?”. Explicada la clienta, el trabajador de Aduanas le dijo que tenía que ir personalmente y que la consulta le costaba $ 1.000. ¿Es una broma?, preguntó la chica, ya inquieta. “Sí, es broma”, agregó el telefonista sin dejar de ser violento. “Bueno, no te cuesta nada pero tenés que venir igual a la oficina”, concluyo el funcionario. La chica solo quería saber si su envío había llegado y podía ir a retirarlo. En Aduanas le explicaron que, como venía de Japón, debían abrirlo para saber qué traía dentro. La compradora no tenía problema en hacerlo, pero tuvo que soportar esa charla incómoda.

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Un micrófono traicionero


El hombre estaba dando una entrevista para televisión, por lo que estaba frente a cámaras y con un micrófono solapero enganchado en la camisa. Una larga charla hablando sobre su mayor pasión lo llevó a recordar buena parte de su vida. La conversación con la periodista estaba por terminar, pero antes el hombre pidió unos minutos para ir a buscar algo. Se levantó de donde estaba y se metió en un lugar fuera de la vista de la periodista. Los minutos pasaban y el hombre no volvía, pero nada parecía extraño. Lo que nunca se dio cuenta el entrevistado es que no se había sacado el micrófono ni lo habían apagado. Por los auriculares que sirven para monitorear el sonido se escuchó de repente un ruido. El entrevistado había decidido hacer una escala en el baño, que quedó registrada en toda su sonoridad en el grabador.

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Establecimiento privilegiado


El joven fue a trabajar de la Aguada al Centro en su bicicleta. Era su primer día y al llegar se dio cuenta de que no llevaba candado o artefacto alguno para dejar la bici en la calle de forma segura. Fue por eso que entró a la empresa y preguntó si había algún sitio donde guardarla. La sorpresa fue grande cuando un encargado le dijo: “Ponela allí, en el despacho del director”. El joven sospechó que se trataba de una broma pensada para su primer día de trabajo, pero resultó ser verdad: el estacionamiento privilegiado de su bici fue, por un día, la oficina del director de la empresa.

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“Volvió la maruja”


Desde que se puso en marcha la venta de cannabis para uso recreativo en 16 farmacias de todo el país, los consumidores registrados han tenido que hacer largas filas frente a los locales para adquirir la droga. La gran demanda del producto, sumada a fallas en el sistema de reconocimiento, el bajo stock permitido y la lenta reposición hicieron cada vez más tediosa la espera. Un domingo de estos, un ómnibus de UCOT, línea 370, frenó frente a la farmacia Pitágoras de Malvín (una de las que venden en Montevideo), donde se ubica una de sus paradas establecidas, y desde arriba del coche un pasajero les gritó a los que hacían fila para comprar: “Volvió la maruja, gurises, buen fin de semana”. Hubo risas de varios, miradas incómodas de algunos y uno que levantó el pulgar agradeciendo el ánimo.

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Abuela tecno


La señora, de cerca de 70 años, tiene serias dificultades para conciliar el sueño. Duerme muy poco y, por lo general, está despierta durante gran parte de la madrugada. Hace un tiempo que encontró una manera de entretenerse en esos momentos: hablar por WhatsApp con sus nietas adolescentes. Las nietas salen a bailar, le muestran los lugares donde están y le cuentan qué están haciendo. La señora ha llegado a aconsejarles que se fueran de determinados locales, y hasta en una ocasión les envió un vehículo a buscarlas. Hace poco, un sábado, una de sus nietas le envió un mensaje: “Abuela, ¿estás despierta?”. La mujer se preocupó pero la chica le respondió enseguida que estaba bien en la fiesta de una amiga. “Lo que pasa es que estoy muy aburrida, conversemos”, le pidió. Así estuvieron un buen rato intercambiando sobre la vestimenta de quienes estaban en la fiesta, entre otros temas.

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La tarta más cara del mundo


Dos amigas fueron a tomar el té a un local de Carrasco. Se disponían a disfrutar de una tarde de charla. El servicio estuvo correcto y a pesar del frío la jornada era ideal. Pero todo se vino abajo cuando vino la cuenta. Una de las mujeres pidió té con scones y panes varios con manteca y mermelada. La otra, que es celíaca, eligió una de las dos opciones que había para contemplar su enfermedad, que no tolera harina de trigo. Era una tarta de limón o lemon pie. La queja al local se generó cuando se enteraron que el menú con harina de trigo costó 100 y pocos pesos, mientras que el menú para celíacos casi el triple. Las amigas se fueron indignadas tras haber degustado la porción de tarta más cara del mundo.

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Asesoría de vestuario


Vestido de pie a cabeza con ropa del Club Nacional de Football, el joven fue a comprar entradas para ver un espectáculo de reggaetón en Montevideo. Llegó al local de pagos y pidió el tique. Creyó que se iba a realizar en el Velódromo Municipal, pero la vendedora le advirtió que su artista favorito en realidad ofrecía el concierto en el Palacio Peñarol. El joven quedó helado y los que hacían fila detrás advirtieron la incomodidad. “Nunca fui. Bueno, dame igual la entrada”. La funcionaria del local de pagos le cobró y antes de retirarse le dio un consejo: “No vayas vestido así”.

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En casa de herrero, inclusión de palo


El hombre fue a hacer un trámite al Ministerio de Relaciones Exteriores. El papeleo necesario tenía un costo, y a la hora de pagar sacó su tarjeta de débito para cumplir con la exigencia. Sin embargo, el funcionario le dijo que solo aceptaban dinero en efectivo. En tiempos de inclusión financiera, el involucrado no podía creer lo que escuchaba, y se tuvo que conformar con tragar saliva, darse la vuelta y cruzar la calle para retirar dinero de un cajero automático.

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El vendedor


“Amigo, tengo ganas de comer cuadril hoy. ¿No me querés comprar algo?” Así encaró el hombre, de unos 60 años y pelo canoso, a otro que se encontraba en la puerta de una empresa. “Te puedo vender sal. Me dijeron que acá pagan buenos sueldos”, insistió. Ante la negativa del potencial comprador continuó intentando temas de conversación, mientras miraba hacia todos lados en la búsqueda de algún otro cliente. La posibilidad de venta ya no prosperaba y allí buscó una última oportunidad. “Mirá que tengo para ofrecerte una Browning (pistola calibre 9 mm) barata. ¿No te sirve? ¿Y una picana?”, ofreció. Pero tampoco consiguió una respuesta favorable. Entonces continuó caminando y se paró metros más adelante frente al local de otra empresa, para ofrecer esos y otros artículos que decía tener dentro de una mochila donde parecía no llevar mercadería alguna.

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Hombre demasiado confiado


El señor fue a comprar repelente a una farmacia de turno en la madrugada. Al momento de abonar le dio la tarjeta de débito por la ventanilla a la farmacéutica. Unos minutos después regresó la vendedora con la tarjeta y le dijo en tono muy bajo que no podía alcanzarle el POS para que ingresara su PIN, y que si él quería podía decirle la clave para ingresar el pago. El hombre confió y le dio la clave personal de su tarjeta para que ella la ingresara. Días después pudo confirmar que nada extraño sucedió con los movimientos de su cuenta bancaria.

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Parado de por vida


La presentación de un libro sobre comunicación política tuvo como invitados a dos senadores, Rafael Michelini y Pablo Mieres. Mientras hablaban de la crisis de credibilidad que vive el sistema político a nivel global, el senador del Frente Amplio contó una anécdota que le ocurrió en Buenos Aires cuando viajaba en taxi. Sin saber de quién se trataba el pasajero, el taxista daba un encendido discurso. “Los políticos son todos ladrones y no sirven para nada; no resuelven nada. Dame a mí 24 horas”, contó que decía y repetía el trabajador mientras enumeraba problemáticas. Ya muy cercano a destino, repetía la misma frase de las 24 horas. Parecía que el hombre se tenía una fe bárbara para resolver los problemas de su país en poco tiempo, pero al final repitió la frase pero con un ligero cambio: “Dame a mí 24 horas, dame a mí 24 horas, que quedo parado de por vida”.

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Varios escoceses y libras esterlinas


“¿Precisa cédula?”, gritó el hombre de unos 50 años en la casa de cambios ubicada en el Buceo. Nadie respondió. “¿Precisa cédula?”, insistió. Una de las empleadas del negocio, que estaba a menos de un metro atendiendo a un cliente, ni siquiera lo miró. Los que estaban más lejos, menos. Nadie entendía a quién le hablaba. A pesar de que era temprano, apenas las 10 y media de la mañana, el hombre ya se mostraba alterado. “¿Precisa cédula?”, exclamó por tercera vez, y finalmente logró que alguien interactuara con él. “¿Me habla a mí?”, le preguntó otro cliente que estaba siendo atendido más lejos. “No –dijo– al señor ahí. Compré 20 libras esterlinas”. Apuntaba a otro de los empleados, que cortó lo que estaba haciendo, le dijo que no necesitaba nada, se paró y buscó los billetes británicos que demandaba. Cuando se fue, los empleados se quedaron mirándolo azorados mientras el hombre caminaba por la vereda, sacaba de su bolsillo una petaca plateada y continuaba bebiendo. “Si a esta hora ya está así…”, dijo el cambista, y remató: “¿La verdad? Le tendría que haber pedido la cédula”.

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Buen mendocino


La cumbre del Mercosur de la semana pasada en Mendoza había terminado, y los periodistas uruguayos –cabizbajos por no haber tenido la palabra del presidente Tabaré Vázquez– seretiraban por la tarde del predio donde se celebró la reunión, en busca de un taxi. Al ver que no pasaba, los seis trabajadores de los medios pararon un ómnibus que los llevaría a la zona de los hoteles. Pero otro inconveniente se sumaba a su mal día: el coche no aceptaba efectivo, ya que solo funciona con tarjeta prepaga. El chofer mendocino vio la frustración en la cara de los uruguayos y se apiadó. “No se hagan problema, muchachos, yo los llevo igual”, dijo el buen hombre tras el volante. Al bajar, los viajeros retribuyeron el gesto del chofer con una propina y una sonrisa de oreja a oreja.

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Hombres, mujeres y una cuestión de justicia


La niña de 8 años no deja de sorprender a su madre con sus gestos, dichos o actitudes.

Desde hace algún tiempo, por otra parte algo bastante común en niños de su edad e incluso menores, la niña comenzó con los porqué. Y la manida pregunta por lo general abarca los temas más disímiles, algunos de los cuales incluso tienen que ver con las actividades que realiza habitualmente y con el aprendizaje que realiza en la escuela.
Uno de esos días le preguntó a su madre: “¿Por qué se dice que el hombre inventó, por ejemplo, una vacuna o por qué el hombre fue a la luna…?”.
La madre no entendía nada hasta que su hija se lo hizo entender. “Si fueron hombres y mujeres. Eso no está bien. Eso no es justo…”, le dijo sin rodeos.
Pero la reflexión continuó: “Si hay más mujeres que hombres en el mundo, no es justo que se digan que los hombres hacen esto o aquello…”.
La madre la miraba sin dar crédito, porque el razonamiento no era descabellado ni mucho menos, cuando la pequeña le puso la cereza a la torta: “Cuando haya más hombres que mujeres entonces sí será justo; mientras tanto no…”.

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Fotos no


El ánimo ayer de los consumidores habilitados para comprar marihuana en farmacias fue en general de alegría. La puesta en marcha del sistema regulado por el Estado daba por primera vez la posibilidad de adquirir la droga sin tener que apelar al narcotráfico, y eso fue celebrado por muchos. La inquietud de los medios de comunicación para recabar testimonios era grande y varios de los compradores accedieron sin problema a hablar ante una cámara. Pero ese ambiente no fue compartido por todos. En la fila de personas que aguardaban fuera de la farmacia habilitada en Ciudad Vieja (en 25 de Mayo y Colón), un hombre se molestó por las fotos que tomaba un periodista de El Observador. El individuo de unos 50 años acusó al diario de “fascista” e intentó atacar a los trabajadores. El intercambio no pasó a mayores pero el mal momento desentonó con el resto de los consumidores, que soportaron el frío y a los periodistas que buscaban información para dar cuenta de un día histórico.

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Conductor honesto


La señora subió a su auto pero antes vio un papel en el limpiaparabrisas. Lo quitó, pensando que era uno de tantos papeles promocionales que suelen dejarse. Lo arrugó y lo tiró dentro del vehículo para no ensuciar la calle.

Dos días más tarde su marido, mientras limpiaba el interior del coche, lo metió en una bolsa junto con otros desechos. Pero un dejo de curiosidad hizo que volviera a meter la mano en la bolsa y lo abriera para ver qué estaba tirando y se sorprendió al descubrir que era una carta que decía: “Disculpe por los daños ocasionados”, y seguía con nombre, apellido y teléfono de la compañía de seguros.
El siniestro que pudo haber pasado inadvertido tuvo un final feliz. El auto ya se encuentra en el taller y la señora confirma que no todo está perdido.

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El DT de baile gallego


Un grupo de amigos viajó a Barcelona y, como suelen hacer los turistas que visitan esa ciudad española, fue a visitar la icónica iglesia de la Sagrada Familia. Antes de entrar vieron que frente a la catedral estaba por comenzar un espectáculo de baile gallego. Pasaron por detrás del escenario y escucharon al director darles una charla a los bailarines al mejor estilo Juan Ramón Carrasco. “Hoy nos comemos el mundo”, les dijo para animarlos, y siguió: “El mundo es nuestro. Si alguien se equivoca en un paso, sigue adelante como si no hubiera pasado nada”. Sorprendidos por el parecido motivacional con el director técnico, uno de los turistas comenzó a filmar con su celular. “Si alguien se va de tono, sigue adelante”, continuaba el director de baile. Cuando la charla terminó, llegó la decepción. No fue por el desempeño de los bailarines, sino que quien filmaba se equivocó y nada de lo que había dicho ese DT de la danza quedó registrado.

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El mandato materno


El entrevistado, un joven en ascenso en la televisión uruguaya, llegó a la entrevista de El Observador TV con unos minutos de retraso. Rápidamente se disculpó por la tardanza, y explicó: "Es que llegué del trabajo a casa y mi madre me preguntó: ‘¿Adónde vas?’. Tengo una entrevista en El Observador", le dijo a su progenitora. A lo que la madre lo arrinconó: "¡Pero entonces cambiate la camisa, que está toda arrugada!". El muchacho tuvo que buscar una camisa planchada para cumplir con el mandato materno, lo que lo llevó a la entendible demora.

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El baño maldito


Al hombre, que vive en un edificio relativamente nuevo, se le cayó parte del techo del baño. Después de un mes de soportar el agujero, la empresa constructora por fin mandó a un empleado. A las 8 de la mañana sonó el timbre y el dueño de casa bajó a abrirle la puerta al funcionario. Pero al volver al apartamento, llegó una nueva sorpresa: el dueño de casa intentó abrir la puerta y no pudo, ya que se había desfasado la cerradura. El constructor no tenía las herramientas necesarias, y las del locatario estaban del lado de adentro, por lo que el empleado tuvo que llevar a un compañero que hacía una reparación en un edificio cercano. Tras tanto esfuerzo, el techo sigue esperando ser arreglado.

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Wifi traicionero


El hombre hacía al menos cuatro meses que no lograba que su computadora se conectara a internet a través del wifi. Luego de darle largas al asunto y cuando se sumó el segundo problema que lo dejó definitivamente sin internet –también perdió los puertos USB que le permitían la conexión alámbrica–, se decidió a llevar el equipo al servicio técnico. Luego de explicar los problemas al experto, procedieron a encender la computadora con tanta fortuna que lo primero que hizo el aparato luego de cargar el sistema operativo fue conectarse al wifi del local. Ley de Murphy.

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Golpe de espejo


El policía esperaba el ómnibus en una de las paradas que se ubican en la circunvalación del Palacio Legislativo, cuando vio que una unidad de la línea que esperaba venía rumbo a su encuentro. Le hizo señas para que se detuviera, parado sobre el borde de la acera, y el ómnibus, que venía a buena velocidad, inició el frenado y el acercamiento hasta el cordón, con tanta mala fortuna que el espejo retrovisor del vehículo impactó contra el hombro del oficial, con la suficiente fuerza como para hacerlo girar contra su eje pero no para comprometer su estabilidad. Sin demasiada preocupación, el policía abordó la unidad y se quedó comentando en buen tono con el conductor sobre el incidente, que el chofer adjudicó a lo sobresalientes que tienen ese tipo de unidades de piso bajo los espejos retrovisores.

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De colada en regalo grupal


Cuando recibió la invitación a formar parte de un grupo de WhatsApp para comprar un regalo de cumpleaños no entendió por qué la incluían, pero aceptó al pensar que no tendría tiempo de hacer compras. Ya en la fiesta, al ver que le iban a entregar el regalo, la chica se acercó y le aclaró a la cumpleañera que ella también había participado del regalo. Le sorprendió ver que todos la miraban atónitos, incluida la homenajeada. Cuando la cumpleañera se retiró, le pagó a la que había hecho la compra que la miraba con la misma cara de extrañeza. Minutos después la persona que había creado el grupo se acercó a pedirle disculpas y le explicó que la tenía agendada en su celular con el nombre de otra mujer que sí formaba parte del grupo de amigos. De ahí la confusión. Ambas estallaron en risas y llamaron a la cumpleañera para explicarle la situación, quien también se rió con ganas.

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Golpe de espejo


El policía esperaba el ómnibus en una de las paradas que se ubican en la circunvalación del Palacio Legislativo, cuando vio que una unidad de la línea que esperaba venía rumbo a su encuentro. Le hizo señas para que se detuviera, parado sobre el borde de la acera, y el ómnibus, que venía a buena velocidad, inició el frenado y el acercamiento hasta el cordón, con tanta mala fortuna que el espejo retrovisor del vehículo impactó contra el hombro del oficial, con la suficiente fuerza como para hacerlo girar contra su eje pero no para comprometer su estabilidad. Sin demasiada preocupación, el policía abordó la unidad y se quedó comentando en buen tono con el conductor sobre el incidente, que el chofer adjudicó a lo sobresalientes que tienen ese tipo de unidades de piso bajo los espejos retrovisores.

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¿Uruguay? ¿Queda en España?


Hay una calle de la zona de Sant Antoni, en Ibiza, que tiene una particularidad: en tres cuadras concentra el mayor descontrol de ingleses que uno pueda imaginar. Los turistas uruguayos salían de comer una paella, en un tranquilo restaurante del puerto de esa zona de la isla, cuando se toparon con esa calle que parecía sacada de un reality show. La gran mayoría de los participantes eran ingleses que estaban totalmente borrachos. Muchos de ellos sin remera, otros peleándose y hasta algunas mujeres se gritaban cosas y amenazaban con irse a las manos. En medio de esa locura, un inglés intentaba parar a todos los que hablaban español para “practicar” el idioma. “¿De dónde son?”, preguntó. “¿Uruguay? ¿En España?”, dijo extrañado al recibir la respuesta. “¿Sudamérica qué es?”. Los uruguayos se dieron vuelta y lo dejaron hablando solo.

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Cena de viernes con temas políticos


Luego de la semana laboral, el intendente de Colonia, Carlos Moreira, comenzaba a disfrutar del fin de semana en Montevideo. Sobre las 11 de la noche, el jefe comunal llegó junto a dos amigos al restaurante La Perdiz de Punta Carretas. Entre copas de vino y algo de la parrilla para picar, Moreira conversaba distendido, pero sin poder dejar de lado su condición de bicho político. La conversación de viernes a la noche estuvo repleta de referencias a los temas de actualidad. La polémica en torno al uso de las tarjetas corporativas del vicepresidente Raúl Sendic y las repercusiones de la entrevista que Álvaro Vázquez, el hijo del presidente, había concedido a Brecha centraron la charla.

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El fiscal y el diputado


El festejo por el 4 de julio que organiza la embajada de EEUU en Montevideo –realizado el 29 de junio– es siempre un ámbito para que políticos, empresarios, periodistas y otros actores públicos se encuentren a conversar. En una ronda estaban el fiscal de Corte Jorge Díaz, el senador frenteamplista Enrique Pintado y el diputado blanco Pablo Iturralde. “¿Ustedes ya votaron la postergación del código del proceso penal?”, le preguntó Pintado al legislador nacionalista. Iturralde lo miró con cara de no saber de qué le hablaba, hasta que Díaz lo interrumpió para aclarar. “No, el Senado lo votó hoy (por el jueves) y ustedes en Diputados lo votan la semana que viene” dijo el fiscal –que es el principal promotor de la postergación– en referencia a la semana actual. Iturralde dijo que no estaba al tanto porque nadie le había informado. “Para enterarse hay que estar”, le dijo entre risas Díaz, nacido en Cerro Largo, al coterráneo legislador.

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A la caza de futbolistas en Ibiza


El grupo de cuatro parejas de amigos iban rumbo a Ibiza de vacaciones y al ver, en los días previos en las redes sociales, que Luis Suárez estaba con sus amigos Leo Messi y Cesc Fàbregas en la isla, fantaseaban con encontrarlo. Cuando llegaron Suárez ya estaba en Uruguay, pero los más futboleros del grupo tuvieron su revancha. Sin buscarlo, se cruzaron y sacaron fotos con varios futbolistas de elite mundial. En el boliche Pacha charlaron con el uruguayo Carlos de Pena, se cruzaron con el campeón del mundo español Javi Martínez y con el italiano del PSG, ahora codiciado por el Barcelona, Marco Verrati. A la salida, ya sobre el amanecer, y mientras comían unos panchos, sin darse cuenta se vieron hablando con Beñat, el 10 del Athletic, que se quitó el cotillón que tenía puesto antes de aceptar una foto. Pero la frutilla de la torta llegó unos días después. Cuando caminaban por la Marina Botafoch, los hombres del grupo se cruzaron con Fàbregas. Días antes, cuando miraban las fotos de Suárez, uno de los hombres elogió a la esposa del ex Barcelona. “¿Y estaba la mujer”?, preguntó la novia del hombre cuando él le mostró la foto. De la emoción de hablar con Fàbregas, ni se fijó con quién estaba el catalán.

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El jeque y las canillas de oro


Sin saber qué es mito o qué realidad, cada visitante que llegue a Ibiza recibirá cientos de cuentos sobre la presencia todos los veranos del príncipe de Arabia Saudita. El “jeque”, como le dicen los ibicencos a Abdul Aziz bin Fahd Al Saud, paga miles de euros por botellas de 30 litros de las que nos toma ni un trago, cierra partes de los boliches para él y su corte y entrega generosas propinas en todos los restaurantes que visita. Además, se cuenta en la isla, todos los veranos contrata una planta entera del hospital más lujoso de Ibiza y ordena cambiar todas las canillas para sustituirlas por grifos de oro.

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Bienvenida a Córdoba


La periodista arribó a la Terminal de Córdoba luego de 15 horas de viaje en ómnibus, y se dirigió a esperar un taxi que la llevara a su hotel.

Cuando llegó su turno en la fila, la persona encargada de detener el taxi le quitó su bolso de las manos, sin preguntar si necesitaba ayuda.

Luego de subir su bolso al taxi, la persona le exigió de forma no muy gentil el pago de la propina por su servicio no solicitado. Luego de excusarse por no tener cambio, el insistente abrepuertas le sugirió pedirle “al taxista que le cambie”. De mal humor, la viajera le dio cinco pesos argentinos que encontró en uno de sus bolsillos y se subió al taxi. Entre tanto, el taxista, que ya tenía la dirección de destino, compartió su “suerte” con el hombre del bolso, porque le había tocado “un viaje a un hotel cerca del aeropuerto”, lo que significaba un recorrido de media hora y una tarifa muy alta.

La respuesta no se hizo esperar y volvió envenenada para la viajera: “¡Qué suerte tenés! Yo le metí el bolso pesado al taxi y me da solo cinco pesos, gracias por tanto” y cerró la puerta de mal modo. Molesta, la viajera le respondió que nadie le había pedido su ayuda, y continuó su viaje con una primera impresión para nada amigable del pueblo cordobés.

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Un médico por ahí


La nueva directiva del Sindicato Médico del Uruguay se reunió con el presidente Tabaré Vázquez en la residencia presidencial de Suárez y Reyes. A la salida del encuentro, el presidente del gremio, Gustavo Grecco; el vicepresidente, Martín Frascini, y el secretario médico, Alejandro Cuesta, dieron una conferencia de prensa en una pequeña sala pensada para ese fin. En determinado momento, uno de los camarógrafos comenzó a sentirse mareado, Fue así que desde el escritorio armado para los voceros del sindicato, con el característico logo de Presidencia de fondo, los tres médicos pararon la conferencia y comenzaron a darle recomendaciones al hombre que para ese entonces se recuperaba de un intenso mareo.

“¿Se siente bien? Cualquier cosa aquí somos todos médicos”, dijo Cuestas.

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Cumpleaños en ascensor


El hombre cumple años el miércoles, y ya había comenzado la organización del evento, invitando a amigos y familia a su casa, en el quinto piso de un edificio de La Blanqueada. Pero de pronto sus planes se vieron ensombrecidos: resulta que la empresa que se encarga del service del ascensor hará un trabajo de mantenimiento mayor, por lo que estará 24 horas sin poder ser utilizado. El vecino tuvo la mala suerte que el día elegido fuera el miércoles, lo que transformaría la entrada y salida de sus invitados en un calvario. Así, ya comenzó la tarea de avisar que el festejo se pasa para el jueves.

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La sorpresa del conductor


La familia había participado de una reunión familiar en una chacra en las afueras de Montevideo. Habían ido sin auto, por lo que a la vuelta decidieron pedir un Uber, y se conectaron con el conductor de un Fiat Uno, que anunció que llegaría pocos minutos después. Padre, madre e hija esperaron el auto, y cuando vieron un Fiat Uno entrando al complejo se dirigieron rápidamente hacia él. Pero cuando abrieron la puerta del coche, llegó la sorpresa. El chofer reaccionó sobresaltado, por lo que la mujer le preguntó: “¿Vos sos el Uber, no?”. El conductor le dijo: “No señora, vengo a buscar a mi novia”. Deshaciéndose en disculpas, la familia se alejó del auto y se puso a esperar al Uber verdadero, mientras hacían lo que debieron hacer desde un primer momento: chequear la matrícula que decía la aplicación.

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Talento también para la naranja


A la hora de citar nombres de futbolistas con talento para el básquetbol hay varios ejemplos. Cuentan que Sebastián Abreu se destaca e incluso declaró que le gustaría defender oficialmente a Trouville. Hace poco, en un desafío en Francia, Edinson Cavani ejecutó 10 libres y embocó los 10, más el único triple que ejecutó. Un tercer caso, reciente, es el de Nicolás Schiappacasse, delantero de la selección uruguaya que disputó el Mundial sub 20 y jugador del Atlético de Madrid en España. De vacaciones en Montevideo, fue a ver el partido del club del cual es hincha y socio, Cordón, cuando el albiceleste venció a Unión Atlética por El Metro. En el entretiempo se le hizo un homenaje en cuyo marco le obsequiaron una placa, una camiseta y un balón. Lo desafiaron a ir al tablero y anotar, pero lejos de conformarse con una simple bandeja tiró de triple… ¡y embocó de una! Más de un hincha le pidió se quede a jugar para ayudar a que Cordón logre el ascenso.

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Novio en apuros


Días antes habían dado el sí frente a la jueza y la cristalización de su amor ante una autoridad religiosa judía dio pase a la celebración. En ese tipo de fiesta, el momento posvals se corona con una música tradicional judaica. Esto apenas implicaba levantar al novio y a la novia para que se encuentren en el aire con un beso y bailar en ronda. Desde hace unos años ese momento cambió un poco y pasó a ser el más esperado, sobre todo por los amigos del novio, quienes saltan y saltan y lo zamarrean de aquí para allá hasta que el novio queda deshilachado, boquiabierto y transpirado como si hubiera jugado 90 minutos en Barranquilla a las 2 de la tarde. (Y, por supuesto, el beso en el aire sigue presente). Es el momento en el que verdaderamente empieza la fiesta y, por lo tanto, la orden es no aflojar. La cuestión es que a este novio lo cargaron en los hombros pero al bajarlo no fueron lo suficientemente cuidadosos. Resultado: el novio sufrió un esguince de tobillo. Pero para suerte de la fiesta –y sobre todo de su novel esposa–, el novio tuvo el coraje suficiente de aguantar estoicamente hasta el final de la celebració

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Un problema de comunicación


El periodista había coordinado con la protagonista realizar una entrevista en un lugar neutral. Pero se acercaba la hora del encuentro y no respondía, por lo que decidió ir a buscarla al barrio. Mientras seguía probando al celular –sin respuesta–, se movió con conocidos para averiguar la dirección y finalmente le pasaron coordenadas cercanas, aunque no la dirección exacta. Llegó al barrio y empezó a preguntar a los vecinos, hasta que finalmente dio con la casa y tocó timbre. “Perdón, es que tenía el celular sin batería”, se excusó. El periodista le propuso pasar a la casa a hacer la nota, pero ella dijo: “No, está en obras, prefiero hacerlo en lo de mi prima”. Entonces allí fueron, en el auto del diario, el periodista, la protagonista y la fotógrafa, aprovechando el viaje para ir preparando la nota que, a pesar de los desencuentros, salió muy bien.

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¿Modales? Bien, gracias


La pareja, que está esperando a su primer hijo, estaba en el supermercado haciendo las compras. Cuando se dirigieron a las cajas eligieron la de prioridad de futuras mamás. Antes de ellos había dos personas, por lo cual el hombre les pidió si no podían dejarle lugar a su esposa embarazada. El primero, un hombre, no tuvo problemas, pero la segunda, mujer, reaccionó mientras les hacía espacio: “Pero viene contigo, ¿por qué no se sienta afuera mientras vos pagás? La pareja, que ya había ocupado el lugar, le ofreció dejarla pasar, pero se negó. Sin embargo, siguió despotricando: “Ni siquiera es que el bebé ya nació y lo esté cargando”, claramente sin entender cómo funciona el procedimiento. Tuvo que interceder la cajera, que le explicó que en esa caja todas las embarazadas tenían prioridad, y que si no quería cumplir con eso podía elegir otra.

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Insultos y golpes para subir al ómnibus


El ómnibus iba lleno y el recorrido transcurría en forma normal. Hasta que al promediar el trayecto, el vehículo se detuvo en una parada. Luego que varios pasajeros subieron y bajaron, el chofer cerró las puertas y avanzó unos un corto trecho, alejado de la parada, y se detuvo en un semáforo. Entonces, apareció de pronto un grupo de jóvenes que acababan de bajar de otra unidad del transporte urbano e intentaban abordar el bus. Los jóvenes corrieron por la calle, aun en medio del tránsito, que era bastante intenso, y se acercaron a la ventanilla del conductor para pedirle que les abriera la puerta. Como el conductor no lo hizo, porque además estaba a punto de arrancar, una adolescente comenzó a patear la carrocería del ómnibus, a la altura del habitáculo del chofer. Mientras, dos de sus acompañaban golpeaban con firmeza otras partes del ómnibus: uno el parabrisas, y otros dos la puerta delantera. Los pasajeros no disimulaban su disgusto por la situación y el momento de tensión, el chofer, que se mantuvo firme en su decisión no permitirles subir, arrancó apenas pudo, en medio de una enorme catarata de insultos.

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Víctima colateral


Las mujer había pedido hora en OSE para hacer un trámite pendiente de su local comercial. Como a cualquiera, no le había sido fácil encontrar el espacio para ir al Centro y pasarse un buen rato para concretar el trámite, en pleno horario laboral. Pero a tres días de la fecha pautada la llamaron de OSE: resulta que, producto de un paro sindical, ese día no atenderían al público. Y en vez de conseguirle una hora nueva, le dijeron que debía comenzar de nuevo el proceso de búsqueda. Adaptarse a las necesidades del cliente, que le dicen.

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Un viaje casi frustrado


Una notificación le llegó al celular en la tarde. Era la invitación para una fiesta, el sábado, en la casa de una amiga en la ciudad de Washington. Estaba en Montevideo, pero a la noche siguiente volaba hacia la capital estadounidense para disfrutar dos semanas de vacaciones en aquel país. Confirmó su asistencia, contento del viaje que estaba por hacer. A la noche llegó a su casa y puso a lavar ropa; quería dejar todo limpio y ordenado, para no enfrentarse al caos en el retorno. Mientras el lavarropas funcionaba, se puso a limpiar los platos y las ollas que habían quedado sucios del día anterior, y decidió empezar a empacar. Lo primero que hizo fue buscar el pasaporte. Fue al cajón donde guarda sus documentos y no lo veía por ningún lado.

Revolvió, lo sacó de su lugar, dio vuelta la casa. Y nada. Se había mudado hacía pocos meses de la casa de sus padres, por lo que optó por tomar un taxi e ir a buscar a su viejo dormitorio. Ni en su cuarto ni en ningún otro lado lo encontró. Cabizbajo, caminó a su casa y se resignó a que un esfuerzo mayor al día siguiente daría resultado. Pero desconfiaba de la amplia casa de sus padres, un verdadero agujero negro. A la mañana siguiente, un mensaje de su madre le devolvió la vida: “Me parece que lo encontré”. Una caja, dentro del ropero del cuarto de su hermano menor, era su paradero.

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Un pequeño accidente


La mujer tenía controles en el médico, ya en el tramo final de su embarazo. Uno de ellos era un urocultivo, un examen de orina un poco más complejo. Su marido la acompañó al médico, pero su ayuda terminó transformándose en un problema: a una cuadra de llegar, se le cayó el frasco y con él toda la primera orina de la mañana que la mujer pacientemente había recolectado. Después del enojo inicial, y con la tranquilidad de que la mujer sí pudo completar el resto de los exámenes, la situación pasó a ser divertida, y ambos reconocieron que era un buen entrenamiento para dentro de unos meses acostumbrarse a andar limpiando orina.

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Una sucesión de eventos desafortunados


A la pareja se le había vencido el colchón de la cama, y estaba en garantía, por lo que llamaron a la empresa que se los vendió para arreglarlo. Lo vinieron a buscar temprano en la mañana, pero allí empezaron los problemas: el colchón no entraba por el ascensor, por lo que el empleado tuvo que llamar a su compañero que manejaba la camioneta para bajarlo por las escaleras. Y anunció que de tarde, cuando lo trajera de vuelta, necesitaría ayuda para cargarlo porque en la cuadra suele haber problemas para estacionar. Con el hombre trabajando y la mujer embarazada, le dijeron que no tenían solución. El funcionario les dijo que le pediría ayuda al cuidacoches de la cuadra, a lo cual ambos se negaron. Pero de tarde, cuando volvió con el colchón, insistió en hacer entrar al cuidacoches, generando otra situación tensa. Afortunadamente, justo a esa hora estaba en la casa la empleada doméstica, que ayudó a subir el colchón. Pero, en pleno reingreso, rompieron el router que conecta a internet. Así, la familia recuperó un colchón en condiciones, pero por el momento se quedó sin conexión.

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Un día de furia, a la uruguaya


Era domingo por la noche y el hombre tenía que ir a hacer unas compras, por lo que aprovechó para llevar varias facturas que tenía para pagar a un local de cobranzas cercano. Pero allí empezaron los problemas: primero no pudo pagar una cuenta porque estaba vencida –cuando otras veces lo había podido hacer sin problemas–, y luego le costó bastante hacerse entender con la empleada para decirle que solo iba a pagar un mes de los dos que aparecían en otra de las cuentas, ya que el mes anterior lo había pagado pero no había llegado a quedar registrado antes de que saliera la nueva factura. La paciencia se le había acabado cuando dejó del comercio, y se encontró con el grueso de la hinchada de Nacional que salía del Parque Central. Un hincha, pasado de copas, le puso la mano en el hombro y le pidió plata, lo que terminó con la paciencia del hombre, que le sacó la mano. Sin embargo, decidió calmarse porque no era el lugar ni el momento para imitar a Bruce Willis en la famosa Un día de furia.

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Campanazo


El último congreso de la Federación Rural se desarrolló en el local de la Asociación Fomento Rural de Lascano, en Rocha. En el predio ubicado a unos cinco kilómetros de esa ciudad rochense, se levantó una carpa de gran dimensión para albergar a los dirigentes ruralistas, expositores, autoridades nacionales y departamentales, y público que se acercó para acompañar un hecho histórico: fue el Congreso Centenario. La mañana del sábado 27 de mayo pasado el tiempo acompañó con un sol brillante y cielo celeste el acto inaugural, que se realizó al aire libre. Una larga fila de caballos fue ingresando al predio con sus banderas, entre las que se encontraban los pabellones patrios, y de agremiaciones ruralistas y criollistas. En el medio del jardín se instaló la orquesta sinfónica del lugar, que interpretó el Himno Nacional y coronó su presencia con dos temas populares: A don José y La cumparsita, que también cumple un siglo. Hubo breves oratorias, entre ellas la del presidente de la Federación Rural, Jorge Riani, quien como un gesto de que el congreso quedaba abierto, tocó una campaña de las que abundan en las estancias para llamar a comer. “Y habrá que ir a comer”, dijo un paisano, entre risas.

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Cuando ser padre joven es la excepción


El hombre fue padre muy joven y nadie al verlo pensaba que ya tenía una hija. Si bien estaba en los veinte, parecía más joven y eso engañaba a los que no conocían su historia. De hecho, un día se atrasó en el trabajo y llegó tarde a buscar a su hija al jardín, pero se olvidó de avisar. Cuando llegó al colegio, la maestra –que estaba muy enojada– le dijo: “La próxima vez que vengas tan tarde llamo a tu madre, porque tu hermanita te está esperando hace horas”.

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Almuerzo accidentado


La joven estaba apurada y decidió comprar su almuerzo en el minimercado de una estación de servicio cerca de su trabajo. Viendo que había mucha demanda porque varias personas estaban en su misma situación, decidió pedir algo sencillo, una milanesa, para no esperar demasiado. Tras una excesiva demora de 25 minutos y con el mal humor en aumento decidió preguntar por su almuerzo para enterarse de que todavía no habían comenzado a prepararlo. Enojada, pidió que le cambiaran el menú por algo más sencillo aún, y su siguiente elección fue un bocata. Con paciencia, eligió uno a uno el pan y los ingredientes que quería, que le fue enumerando a su interlocutor. Su sorpresa fue mayúscula cuando recibió el sándwich y constató que casi ninguno de los ingredientes solicitados formaba parte de su almuerzo.

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La suerte y el apartamento en Siria


La mujer de 50 años, que ejerce su profesión desde hace 27, logró juntar dinero como para hacer una entrega para la compra de vivienda. Se inscribió en un sorteo de la Agencia Nacional de Vivienda y entre miles salió sorteada. Cuando le avisaron no podía creer la suerte que había tenido. “Nunca en mi vida había ganado nada”, comentó a un grupo de amigos. La llamaron para que fuera a ver un apartamento que estaba a disposición en Euskalerría. Acudió a la cita entusiasmada, hasta que subió con el responsable de la ANV y el portero del edificio. El apartamento estaba destruido. Cuando preguntó indignada cómo era posible que le mostraran algo en esas condiciones, el funcionario le dijo que era para entregarlo en un año porque había que “repararlo”. Evidentemente desilusionada, la mujer miraba a su alrededor en silencio, a lo que el portero, a modo de consuelo, le dijo: “Peor están los apartamentos en Siria”.

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Efecto Riccetto II


María Noel Riccetto ganó el premio Benois de la Danse 2017 a mejor bailarina por su interpretación de Tatiana en la obra Oneguin y muchos fueron los que quisieron ovacionarla. Fue así que el domingo 4 la sala del Auditorio Nacional del Sodre estaba repleta de uruguayos que fueron a verla bailar en una nueva función de Don Quijote. Cada movimiento que hacía en escena era celebrado. Gritos, aplausos, chiflidos…, solo faltaba la ola y el Sodre parecía una tribuna del Estadio Centenario. Entre esos fanáticos, estaban quienes querían fotografiar el momento. Y, en contra de lo pedido en cualquier obra de ballet, sacaron sus celulares en medio de la obra. Pero no todos estuvieron de acuerdo. “¡Ustedes dos!”, gritó un espectador a dos mujeres mientras las señalaba. “¡Dejen quietos sus celulares! Estuvieron molestando todo el primer acto. No se puede sacar fotos”, dijo el hombre, que fue aplaudido por el resto del auditorio.

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El efecto Riccetto


El domingo 4 de junio era difícil caminar por los pasillos del Auditorio Nacional del Sodre. La función de Don Quijote del Ballet Nacional del Sodre era la primera presentación de María Noel Riccetto luego de haber ganado el premio Benois de la Danse 2017 y cientos de personas quisieron ir a ver a quien fue elegida como mejor bailarina. “Señora, no queda ninguna entrada para ninguna función de Don Quijote. Están totalmente agotadas”, le dijo un funcionario del Auditorio a una mujer que insistía con conseguir una localidad. Una joven que sí tenía entradas escuchó la conversación. Había quedado de ir con tres amigas pero dos cancelaron a último momento y le ofreció una de esas entradas que le sobraban a la mujer. “Tengo dos entradas para la función que empieza en 15 minutos”. No había terminado de decir la oración cuando otra mujer apareció corriendo y le gritó: “¡Yo quiero una, vendémela!”. En menos de un minuto había vendido las dos entradas para la función en la que el público ovacionó a Riccetto durante todo el espectáculo.

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La celular-dependencia


Camino a realizar una entrevista a la embajadora de Israel, Nina Ben-Ami, un periodista de El Observador advirtió al fotógrafo que lo acompañaba sobre las preventivas medidas de seguridad que le habían sugerido desde la embajada; evitar llevar mochilas o bolsos, cualquier clase de aparato electrónico, o algún objeto que no fuera de propiedad personal. Al llegar al lugar, mientras ambos esperaban a que los recibiera el personal de seguridad, uno de ellos notó que el chofer del automóvil en que viajaron había dejado las luces prendidas. El problema fue que cuando quisieron advertir de la situación al chofer, y luego de revisar sus bolsillos de forma intensa y hasta preocupante, ambos notaron que los celulares habían quedado en el automóvil. El vehículo finalmente encendió, pero las necesidades de los tiempos modernos quedaron al descubierto.

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Mejor no saber




“No hay nada como un desayuno buffet”, comentaban los dos periodistas mientras se dirigían al restaurante del hotel de la ciudad de Rivera en el que se hospedaban. La fría y lluviosa mañana de aquel martes hacía más ardua la tarea de cumplir con la apretada agenda, pero las mesas rebosantes de comida los motivaban a empezar con energía. La sorpresa llegó cuando uno de los periodistas intentó servirse un sándwiche de jamón y queso y encontró en la bandeja una cucaracha caminando entre los panes. En ese momento soltó la pinza metálica con la que pretendía tomar la comida y abandonó la mesa en silencio. Al final debió conformarse con una taza de café, mientras veía como otros huéspedes del hotel se dirigían a la misma mesa donde minutos antes caminó insecto. “Hay veces que es mejor no saber”, dijo la colega​.​

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Mejor no saber


“No hay nada como un desayuno buffet”, comentaban los dos periodistas mientras se dirigían al restaurante del hotel de la ciudad de Rivera en el que se hospedaban. La fría y lluviosa mañana de aquel martes hacía más ardua la tarea de cumplir con la apretada agenda, pero las mesas rebosantes de comida los motivaban a empezar con energía.

La sorpresa llegó cuando uno de los periodistas intentó servirse un sándwich de jamón y queso y encontró en la bandeja una cucaracha caminando entre los panes. En ese momento soltó la pinza metálica con la que pretendía tomar la comida y abandonó la mesa en silencio. Al final debió conformarse con una taza de café, mientras veía como otros huéspedes del hotel se dirigían a la misma mesa donde minutos antes caminó el insecto. “Hay veces que es mejor no saber”, dijo la colega.

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Teléfonos ¿inteligentes?


En el Ministerio de Salud Pública se realizaba la presentación de la Guía de Certificaciones Médicas, en la que las autoridades anunciaban que se lanzará una app para que el médico instale en su celular. “Solo puede usarse en teléfonos inteligentes”, se anunció. Pero entonces intervino el director general de Salud, Jorge Quian, quien expresó: “Es mentira eso de los teléfonos inteligentes. Por ejemplo, el mío solo le responde a mi nieta. Cuando quiero usarlo yo, no funciona”.

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Un deseo frustrado desde la infancia


La mujer, de 32 años, tenía una espina desde la infancia: comprarse unas botitas rojas de una conocida marca de indumentaria deportiva. Su madre nunca se las había comprado, por varias razones: la primera era que para competir en gimnasia en la escuela le pedían championes negros o blancos. La segunda, que el negro combina con todo. Y la tercera era que su progenitora no estaba dispuesta a comprarle dos pares de botitas del mismo modelo pero distinto color. Entonces, tras varios años, la semana pasada fue a un shopping y pidió las benditas botitas rojas. Grande fue su decepción cuando en la tienda le dijeron que solo venden blancas y negras. Al parecer, en Uruguay no hay suficiente mercado para algo tan específico como las botitas rojas.

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Un enorme malentendido


La mujer estaba buscando una empleada doméstica y movió sus redes de contactos. Aparecieron varias candidatas, y eligió una que tenía buenas referencias. Sin embargo, ese mismo día se presentó otra señora queriendo competir por el puesto. La dueña de casa le dijo que lamentablemente ya no estaba vacante. La interesada se molestó, dijo que le había faltado el respeto y se fue a los gritos. Gigantesca fue la sorpresa de la dueña de casa cuando, unas horas después, recibió un llamado de la comisaría pidiéndole presentarse. Allá fue y, cuando llegó, le dijeron que tenía una denuncia por “amenaza de muerte”, y que debían dejarla detenida hasta que el juez viera el caso. Furiosa y desde la celda de la comisaría, la mujer pidió hablar con el comisario y le preguntó si alcanza con una denuncia para detener a alguien, a lo que el comisario le dijo que, al haberse presentado ella voluntariamente, sí alcanzaba. La mujer le explicó la situación al funcionario, que comprendió que se trataba de un enorme malentendido, le pidió disculpas y la dejó irse incluso antes de que el juez tomara el tema.

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Alien sin traducción


Los espectadores –con pop y bebida en mano– estaban en el cine para ver la última película de la saga Alien. Entre ellos había dos amigos que llegaron temprano para tener mejores lugares. La proyección empezó y aparecieron los personajes. Pero los subtítulos no llegaban. Quienes hablaban inglés y tenían el oído acostumbrado podían seguir la historia, pero los que no quedaban por fuera de todos los diálogos del filme. El público de inmediato empezó a gritar –algunos se reían– y una señora se levantó de su asiento para ir a buscar a una empleada del cine y explicarle lo que pasaba. Se prendieron las luces de la sala, la joven empleada pidió disculpas y avisó que el inconveniente sería solucionado. Pero no era tan fácil de arreglar. Los técnicos terminaron reiniciando el sistema que enviaba la película al proyector, lo que llevó un buen tiempo e impacientó a los que estaban en la sala. Diez minutos después empezó la película y esta vez, con los subtítulos en español, hubo aplausos de los fans de Alien.

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La búsqueda por Whatsapp y una confesión


La periodista estaba buscando insistentemente a una fuente, y para eso le mandó varios mensajes de Whatsapp. Pero nada. Hasta que la fuente, un hombre ya entrado en años, la llamó. “A mí ya me da vergüenza la relación que mantenemos por Whatsapp, todos esos mensajes míos sin respuestas. Disculpas por eso”, dijo la periodista, que recibió del funcionario una respuesta sorprendente. “Nada de vergüenza, a mí me hace ilusión. Es que a mi edad, hace tanto tiempo que no me persigue una mujer…”.

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La cámara lo registró, la Policía lo soltó


Un comerciante de la zona de Portones llegó por la mañana a su negocio, donde encontró una reja forzada. Revisó el local y no faltaba nada, así que recurrió a las cámaras de seguridad para saber qué había ocurrido. Allí observó que, en el medio de la noche, un ladrón había querido ingresar al local, pero, cuando intentaba hacerlo, llegó un móvil policial que frustró su intento. En las imágenes vio que luego de registrarlo, la policía lo dejó en libertad en la misma puerta del negocio. Para su sorpresa, dos horas después el mismo delincuente quedó registrado otra vez en las cámaras de seguridad cuando intentó nuevamente ingresar al local sin éxito. Buscando una respuesta, el hombre fue a la comisaría de la zona a consultar qué había ocurrido con el ladrón, pero allí le informaron que no había registros de una denuncia o de algún detenido por el hecho que relató. El hombre se fue con el sinsabor de que el ladrón sigue libre, a pesar de haberse frustrado dos veces.

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Un problema de otro tiempo


El hombre, que rondaba los 70 años, debía bajarse del ómnibus pero estaba desnorteado. Se dirigía a una esquina determinada pero, aunque sabía que era en los alrededores, no sabía exactamente dónde estaba. Entonces le preguntó a otro pasajero si sabía dónde se ubicaba la esquina que buscaba. El joven, aunque era del barrio, no lo tenía claro. Entonces decidió apelar a la tecnología: sacó el celular, buscó rápidamente en Google Maps, encontró la dirección y le dio las indiciaciones al veterano, que, asombrado por la tecnología que le solucionó el problema, le agradeció efusivamente a su interlocutor y al celular.

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El cantante que apostó mal


El cantante amateur se subió al ómnibus a hacer lo suyo. Pero arrancó con el pie izquierdo: preguntó “¿Cómo andan los pasajeros”, y nadie le respondió. En vez de ir a lo suyo rápidamente, dobló la apuesta y le salió peor: “Veo que están tímidos hoy: ¡pregunté cómo está el público!”, a lo que le siguió un silencio ya atronador e incómodo, a mitad de camino entre la indiferencia y la molestia con el insistente artista. Con todo ya casi perdido, el cantante sí ya se puso manos a la obra, pero eligió una balada de melódico internacional que nunca pasó ni pasará a la historia. Al final, llegó lo lógico: otro silencio duro, apenas cortado por un par de pasajeros que se apiadaron y le dieron un par de monedas, pero ni un aplauso.

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Lista de malos


Desde hacía rato, el periodista estaba negociando por WhattsApp con la encargada de comunicación de un ministerio la realización de una entrevista con la subsecretaria. En medio de la charla, la jefa de prensa le comentó al cronista que a la tarde saldría un comunicado a la opinión pública. Por miedo a perderse la información, el periodista rogó no quedar fuera de la cadena de mails, pero un error de tipeo le jugó una mala pasada. “Por favor, poneme en la cadena de malos”, escribió el cronista. “Mails” rectificó al instante. “En la de malos te pongo después de que salga la nota”, contestó la jerarca entre risas. La eterna tensión entre periodistas y encargados de prensa tuvo en este caso un final feliz. El comunicado llegó y la entrevista fue concedida. Solo resta saber si el periodista quedó en la lista de malos del ministerio.

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Cuando se mezclan las tarjetas


La mujer se había tomado un ómnibus y con su tarjeta del Sistema de Transporte Metropolitano (STM) compró un boleto de dos horas. Cuando le quedaban unos 60 minutos todavía para usar el boleto, se subió a otro ómnibus. Pasó la tarjeta por el lector… y nada. Volvió a intentar y nuevamente no registraba el viaje. El guardia le advirtió que no tenía boletos y que debía abonar el pasaje. Lo pasó por tercera vez y nada. La conversación empezó a subir de tono porque ella le insistía al guarda con que tenía crédito y él con que ella debía pagar. Cuando ya se transformaba en una discusión, la mujer miró la tarjeta que tenía en la mano y se dio cuenta de la razón del problema: no era la de STM, sino la de tiques de alimentación.

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La cocinera que calculó mal


La joven estaba entusiasmada por hacer una torta para llevar a una reunión con amigos. Y en eso estaba, cuando de pronto se llevó una sorpresa: se había quedado sin gas en el medio del proceso. Tras analizar algunas opciones, se tuvo que conformar con llevar la torta a medio hacer, y explicarle a sus amigos que no se trataba de una falla en su capacidad como cocinera, sino de un error de cálculo en la preparación.

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Un chofer insistente


La periodista necesitaba desplazarse desde la radio en la que trabaja hasta el Palacio Legislativo, por lo que pidió un coche a través de una de las apps que han aterrizado en el mercado. La pasó a buscar un chofer joven y, como es habitual, surgió la charla típica entre conductor y cliente.

Al llegar al Parlamento, el conductor sorprendió a la periodista: “Yo te espero”, le dijo, a lo que la chica le respondió que no lo hiciera ya que tenía para rato. Sin embargo, al salir, el muchacho seguía apostado allí. “No me salió ningún viaje, es el destino”, le dijo a la periodista ya un poco nerviosa con la insistencia pero sin saber cómo sacárselo de encima. Se subió al auto rumbo nuevamente hacia la radio y, al llegar, el chofer volvió a insistir: “¿Demorás? Te espero”, le dijo, y la invitó a almorzar. Allí la periodista cortó por lo sano y finalizó el vínculo con el insistente chofer.

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El último lustrador de plaza Cagancha


Antonio tiene 85 años y es el único lustrador que queda en la plaza de Cagancha. Empezó en 1983, cuando compartía la plaza con otros nueve colegas: cinco en la acera norte y cinco en la del lado sur. Todos trabajaban muy bien: eran épocas de la ONDA, y muchos señores les daban una lustrada a sus zapatos antes de viajar. Cada lustrador tenía su clientela habitual, y además les dejaban calzados para limpiar que pasaban a buscar al otro día. La Intendencia de Montevideo les daba un carné en forma gratuita que los habilitaba a lustrar en la plaza en el horario de 8 a 20. No era infrecuente que pasaran inspectores municipales a controlar dicho carné y su vigencia, que duraba un año.

Hoy la situación cambió, y Alberto se queja de que haya tantos championes, zapatos de gamuza o nobuk, que han ido desplazando al zapato de cuero y a su trabajo. Pero él sigue allí, en la plaza de Cagancha, luchando contra los molinos de viento de los tiempos modernos.

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El camarógrafo sin resistencia


La mutualista Asociación Española realizó esta semana una histórica operación que implicaba una nueva tecnología de prótesis de cadera.

Por eso invitó a la prensa y decidió filmar la intervención y transmitirla en vivo por videoconferencia al auditorio de la institución. Lo que no previeron es que no todos tienen la experiencia de médicos y enfermeros para ser testigos de situaciones tan fuertes como las que se viven en el quirófano.

Ciertamente no la tenía el camarógrafo encargado de filmar la operación, que se desmayó en la mitad del procedimiento y tuvo que ser retirado en camilla.

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El camarógrafo sin resistencia


La mutualista Asociación Española realizó esta semana una histórica operación que implicaba una nueva tecnología de prótesis de cadera. Por eso invitó a la prensa y decidió filmar la intervención y transmitirla en vivo por videoconferencia al auditorio de la institución. Lo que no previeron es que no todos tienen la experiencia de médicos y enfermeros para ser testigos de situaciones tan fuertes como las que se viven en el quirófano. Ciertamente no la tenía el camarógrafo encargado de filmar la operación, que se desmayó en la mitad del procedimiento y tuvo que ser retirado en camilla.

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“Compañera, vamos al acto a comer unos chori y una tortafrita”


La pareja, él español y arquitecto, ella periodista y uruguaya, se conoció en Madrid y resolvió vivir en Montevideo. Él conocía el destino, ya que había tenido un paso fugaz como turista para apreciar la obra de Eladio Dieste. Así que ni bien se instaló en el paisito comenzó a tomar nota de los rituales cotidianos, los imprescindibles para entender la uruguayez. Ella hacía todo lo posible por acercarle información (su lugar en los medios le facilitaba bastante la tarea). Un 1° de Mayo, él fue con ella a cubrir el Día de los Trabajadores. Era un acto alternativo al que convoca el PIT-CNT. Allí incorporó a su vocabulario tres palabras claves: compañera, choripán y tortafrita. Desde entonces, él recuerda aquel año en el que aprobó su examen como residente, mientras ella saboreaba uno de los bocados más típicos de la gastronomía local.

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El Fata y las consecuencias del tuit


El mes pasado la murga Cayó la Cabra festejó en la sala Adela Reta, frente a 2.000 espectadores, sus 10 años de vida. Entre los invitados Estaban Gerardo Nieto, Samantha Navarro y el Fata Delgado, que en los días previos había hecho un reclamo a través de redes sociales porque le habían negado el Teatro Solís para realizar un espectáculo con su grupo. Cuando el Fata terminó de cantar se le acercó uno de los cupleteros, Maximiliano Tuala, un flaco de largas rastas y más de dos metros de altura. Le agradeció por su participación y terminó diciéndole: “Bueno, Fata, viste que tanto insististe que al final te trajimos al Solís”, a lo que el Fata respondió en puntas de pie por estar a tono altura de su interlocutor: “Me estás tomando el pelo, si estamos en el Sodre”. Ante la risa de toda la audiencia Tuala se dio vuelta y, hablándole a la murga, dijo: “Uy, muchachos, se dio cuenta… Lo peor es que hay que tener cuidado con este porque te mete un tuit y te revienta”.

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Amor por el abuelo


El miércoles 26, en la remodelada sala de teatro de la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ), era la presentación del libro Desde el búnker, del exdirector de prensa de la Embajada de Estados Unidos, Rubek Orlando. La presentación estuvo a cargo del periodista Tomás Linn. Pero antes de eso, el director y propietario de la editorial Fin de Siglo, Edmundo Canalda, realizó una introducción en la que habló sobre Orlando. Contó cómo lo conoció hace pocos meses, cuando empezaron a trabajar en el proyecto del libro. Aseguró –en broma, según aclaró luego– que el mayor dolor de cabeza de los editores son los escritores, porque creen que el producto que escriben es intocable. En Orlando, según dijo, encontró todo lo contrario. Alguien abierto a las sugerencias, humilde y con intención de mejorar su producto. Mientras los elogios continuaban, desde la platea se escuchó una voz que derritió a todo el auditorio: “Ese es mi abuelo”.

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Me pasó un tren


La niña jugaba en la vereda de su casa en Canelones, bajo la atenta mirada de su padre, cuando un grupo de técnicos de origen asiático llegaron a la cuadra a realizar mediciones. La niña se acercó a los hombres y comenzó a hacerles preguntas sobre su actividad, sin encontrar respuesta, hasta que uno de ellos contestó: “No hablo español”. Intrigado, el padre de la niña se acercó, y en un inglés básico intentó entablar conversación. En ese diálogo el padre se enteró que las mediciones eran los trabajos previos al tendido de un ramal ferroviario que conectaría la ciudad de Florida con Montevideo. Shockeado por la revelación, el hombre intentó pensar que sería un proyecto que vería su concreción en un futuro lejano, pero tamaña fue su sorpresa cuando esa misma noche vio la noticia en televisión con el anuncio de que el tren operará “en tres meses”, justo debajo de su ventana.

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Una escena violenta


El hombre caminaba por la calle Yi cuando de pronto se sorprendió: una mujer discutía con dos jóvenes que estaban dentro de una camioneta de reparto de garrafas. La discusión había comenzado porque los hombres empezaron a tocarle bocina y a gritarle mientras la mujer trataba de estacionar y enlentecía el tránsito. Pero de pronto, la señora sacó un fierro y empezó a pegarle a la camioneta. “Vámonos de acá”, le dijo uno al otro y emprendieron raudamente la salida, mientras ya varios transeúntes miraban atónitos la violenta escena.

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Jarras compartidas


La joven, de viaje por Europa, fue a una cervecería en Praga y pidió para tomar una cerveza. En ese mismo momento vio como una pareja, que estaba sentada a una mesa, se levantó para abandonar el lugar. Sin perder tiempo, el dependiente del establecimiento retiró las jarras de cerveza que estaban en esa mesa y se dirigió a la barra, y en uno de esos mismos recipientes sirvió la cerveza que luego ofreció a la joven.

Testigo de la escena, la turista reclamó al cervecero que había visto la acción, y que no pensaba beber la cerveza en la misma jarra sucia que había retirado segundos antes de una mesa, a lo que el barman respondió con un rústico inglés: “No te preocupes, el alcohol mata todo”. Sin hacerse mala sangre, la joven tomó como válida la respuesta y se bebió la cerveza.

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No era el día para abrir puertas


El hombre no se caracteriza por su habilidad manual, aunque con el tiempo ha sabido aprender a sobrellevar esa faceta de su personalidad. Dicho esto, la semana pasada no pudo con su genio: hace tiempo que la puerta del lavarropas no andaba bien, ya que una vez que terminaba el lavado quedaba bloqueada más tiempo que el lógico. Y el hombre, en su intento de lograr abrirla y colgar la copa antes de irse a trabajar, se quedó con la manija en la mano. Ante eso tuvo que buscar un service y coordinar la visita, antes de irse a trabajar.

Ese mismo día, al volver del trabajo, increíblemente tuvo otro contratiempo: esta vez con la puerta de entrada al edificio, ya que la llave no entraba en la cerradura. Pero por una vez tuvo paciencia, y en lugar de hacer fuerza hasta romper, decidió llamar a su esposa, que ya dormía pero no tuvo problemas en bajar y abrirle, antes que tener que enfrentar una segunda rotura en un mismo día.

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Una amenaza que no era tal


La delegación de periodistas se encontraba en el aeropuerto de Buenos Aires, preparando la vuelta a Montevideo. Cortos de tiempo, cuatro de ellos pasaron por migraciones a las corridas, ante los insistentes llamados que de los altoparlantes exigían su presencia en la puerta de embarque.

Pero en el protocolar paso por la aduana todavía les esperaba una joven funcionaria policial deseosa de descubrir algún objeto prohibido en las maletas de los pasajeros para poder ganarse al fin el respeto de sus pares.

Cuando el equipaje del último de los periodistas pasaba por el escáner, la funcionaria puso cara de circunstancia y, luego de revisar atentamente el monitor, llamó a su supervisor para hacerlo testigo de su gran hallazgo. De entre la maraña de ropaje la muchacha sacó una herradura, echó una mirada de reprensión al periodista, y esperó el elogio de su jefe.
La respuesta de este la dejó helada. “¿Y? ¿Qué querés que haga, que lo felicite?”, le dijo en tono socarrón, antes de pasar a explicarle lo obvio: que una herradura no representaba ninguna amenaza.
Los periodistas siguieron su camino hacia el avión a carcajadas, y la pobre funcionaria quedó en ridículo ante el jefe y sus colegas.

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El culto a Mujica, por un argentino


Miguel Wiñazki, secretario de redacción de Clarín y conductor de La Noticia Deseada por Radio Mitre, contó tiempo atrás una anécdota con la que explica por qué entiende que “Mujica trasunta honestidad y sencillez”, y por lo que los argentinos lo ven diferente a sus políticos. Pero como muchas cosas del expresidente, tienen un gran dosis de buena comunicación. Según cuenta Wiñazki, estaba en un seminario en el que Mujica luego de hablar se iba a quedar a almorzar. Sin embargo no lo hizo y uno de sus guardaespaldas le dijo a él: “Qué suerte que no se quedó; cuando viene a estos lugares donde la comida es tan buena se nos escapa porque tiene a Manuela en el auto y le lleva comida de estos hoteles lujosos”. El periodista ahora cuenta esa anécdota de la perra del expresidente como símbolo de su sencillez.

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Garaje traicionero


Luego de una larga y extenuante jornada laboral, la periodista llegó a su edificio y cuando se disponía a ingresar con su auto, la cortina del garaje quedó trancada a mitad de camino, ni lo suficientemente abierta para ingresar ni lo suficientemente cerrada para que fuera seguro dejarla así durante la noche. Entre agotada y desesperada, la periodista comenzó a recorrer su agenda de contactos telefónicos en busca de socorro, y así se fueron acercando amigos, vecinos y hasta el portero del edificio del turno de la mañana, pero sin encontrar una solución. A las cansadas terminaron recurriendo a un técnico que a las 2.30 de la madrugada consiguió destrabar el portón, por la módica suma de $ 3.200, que debieron ser abonados entre la periodista y el portero y que, en algún momento, esperan recuperar de la comisión del edificio.

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El operativo familiar y el perro Tomy


El padre estaba aprontando a su hijo mayor, de 4 años, ya que estaba por pasar a buscarlo la camioneta para irse al colegio. Cualquier padre sabrá que, en esas condiciones, el operativo no es fácil: el niño tenía que llevar la mochila de clases, la del club y la merienda. Pero todo salió bien: bajaron a la puerta del edificio, con el padre cargando también a su hijo pequeño, de 1 año, y acompañados del perro Tomy, ya que el hombre pensó que era un buen momento para que el can tomara un poco de aire.

La plácida sensación del deber cumplido se alteró 15 minutos después, cuando llegó una familiar que cuida al niño pequeño por las tardes. Le dijo al hombre: “¡Mirá que Tomy está acá abajo!”
El pobre perro había sido olvidado durante el operativo y, tras pasar 15 minutos recorriendo la cuadra, esperaba en la puerta confiando en que alguien se acordaría de él.

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El operativo familiar y el perro Tomy


El padre estaba aprontando a su hijo mayor, de 4 años, ya que estaba por pasar a buscarlo la camioneta para irse al colegio. Cualquier padre sabrá que, en esas condiciones, el operativo no es fácil: el niño tenía que llevar la mochila de clases, la del club y la merienda. Pero todo salió bien: bajaron a la puerta del edificio, con el padre cargando también a su hijo pequeño, de 1 año, y acompañados del perro Tomy, ya que el hombre pensó que era un buen momento para que el can tomara un poco de aire.

La plácida sensación del deber cumplido se alteró 15 minutos después, cuando llegó una familiar que cuida al niño pequeño por las tardes. Le dijo al hombre: “¡Mirá que Tomy está acá abajo!”
El pobre perro había sido olvidado durante el operativo y, tras pasar 15 minutos recorriendo la cuadra, esperaba en la puerta confiando en que alguien se acordaría de él.

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La madre y el casamiento


La pareja se casaba el sábado pasado y por la tarde, antes de la ceremonia, decidió ir al cementerio para visitar la tumba de la madre de la novia, fallecida hace unos años pero siempre presente en su corazón. Ambos se dijeron que ella, de alguna manera, iba a estar presente y a modo de broma ella dijo: “Espero que no se manifieste con un apagón”.
Por la noche, cuando el viento soplaba fuerte y la lluvia era una amenaza, tras el ingreso de la novia a la ceremonia y con la jueza civil comenzando su discurso, el audio y las luces se cortaron de repente. Los novios se miraron emocionados mientras el corte se solucionaba en cuestión de minutos.

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La cena suspendida


El periodista ganó el premio del concurso que se hace en El Observador para elegir al mejor Rincón y Misiones del mes, que consiste en una cena en un restaurante de Montevideo.

Rápido de reflejos, hizo una reservación para ir con su esposa. Y luego, con ensayada pose de galán, le dijo: “Mi amor, hice una reserva para ir a comer esta noche”.
El tiro le salió por la culata: “Estoy a dieta, ¿no te acordás?”, le dijo la mujer. En un segundo, el periodista pasó de atento a olvidadizo, y con la cabeza gacha y vencido por las circunstancias, tuvo que llamar para cancelar su premio, mientras espera un momento más adecuado.

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La pedrada del clásico


El hombre se cruzó con su mecánico de la cuadra y le comentó: “Hacía 30 años que no iba a un clásico y mirá qué caro me salió” enseñándole un corte con moretón en hinchazón en la boca. Luego pasó a contar: “Estaba en el ómnibus sentado al fondo y de repente entró una pedrada a una velocidad impresionante. Rompió la ventana y yo venía al lado de una madre con dos nenitas, una de 6 y otra de 4 años. De milagro no les dio en la cabeza, las pudo haber matado”. El hombre dijo que la policía actuó de inmediato, lo atendieron y lo llevaron en una camioneta a su casa. “Mirá que el despliegue de la policía fue impresionante”, agregó.

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Tras el control remoto


El hombre se había dormido con la idea de que había dejado el televisor encendido, con lo que no lograba conciliar plenamente el sueño. Medio dormido, medio despierto, decidió tomar el control remoto que estaba en la mesa de luz y apagar la tele.

La maniobra no resultaba sencilla, ya que, además de estar acostado de espaldas a la mesa de luz, no quería despertar a su esposa, embarazada de cinco meses.
No estar en completo control de sus funciones cerebrales –sumado a su torpeza natural– no lo ayudó: en el medio de la maniobra se cayó al piso. Armó tal desparramo que efectivamente despertó a su esposa, quien no pudo atinar a otra cosa que a largar la carcajada, y decirle que además de la cuna del bebé van a tener que comprar una baranda para el padre.
Ah, a todo esto, la tele siempre había estado apagada.

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El niño y el kung fu


El niño de cinco años estaba jugando en el living de su casa cuando intempestivamente se encerró en su cuarto y se tiró en la cama: “¿Qué te pasa?” le preguntó el padre. El niño contestó que no le pasaba nada, sino que se fue a recordar algo. Consultado, respondió: “Me acordaba que en mi escuelita del año pasado, una vez la maestra me retó porque empujé a un compañero desde lo alto del tobogán. Pero no se dio cuenta que lo empujé sin querer. Creo que tuve que aplicarle alguna técnica del kung fu”. El padre tuvo que contener la risa para explicar, en tono riguroso, que las técnicas del kung fu –que por cierto su hijo no domina– no se le aplican a nadie y menos a las maestras.

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El golf, pasión del barrio


Convengamos que el golf no es uno de los deportes más populares de Uruguay. Y que aun si estuviera segundo o tercero en la lista, solo con el fútbol pasa ese fenómeno barrial de estar viendo un partido y escuchar los gritos de quienes viven cerca.

Pero el domingo, mientras visitaba a sus padres, el periodista se asombró. Se puso a ver con su padre la definición del Masters de Augusta (no es que sean fanáticos del golf, pero sí del deporte en general, y ante el mayor evento golfístico del año se prendieron al televisor). Comentaban las desdichas de Sergio García, que a los 37 años nunca había podido ganar en Augusta, y que había quedado atrás en la última jornada cuando traía el liderato. Pero de pronto el español se anotó un gran golpe –un eagle– y sintieron un grito. “Tiene que ser por Nacional”, dijo el hijo. “Pero todavía no empezó”, dijo el padre. Sin embargo, los gritos siguieron con cada buen golpe de Sergio. Hasta que al final, cuando el español se llevó el título, terminaron gritando el padre, el hijo y el vecino.

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La cábala le salió mal


El hombre es hincha de Peñarol y mira todos los partidos. Sin embargo, el encuentro ante Rampla no pudo verlo y el aurinegro ganó. Decidió no ver los siguientes, ante Defensor y Sud América, y el equipo no perdió. Y en el clásico le llegó la hora de tomar la decisión más difícil: no ver al club de sus amores para mantener la cábala. Lo hizo, sin siquiera encender la radio. Pero por eso no se enteró de que el partido se había demorado unos minutos en empezar. Comiéndose de las uñas de la ansiedad, decidió ver la tele para enterarse cómo había terminado, con tanta mala suerte que en el momento en que encendió la TV, Rodrigo Aguirre anotaba el gol del empate ante Nacional. Además de casi romper el televisor, el hincha dice que no volverá a ver un partido hasta nuevo aviso.

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Goles en tiempos de streaming


El hombre, hincha de Nacional, desde hace un tiempo sigue sin problemas el fútbol uruguayo –de manera legal– por internet. Pero tiene inconvenientes en los clásicos o los encuentros de Uruguay, cuando sus vecinos gritan los goles antes de verlos en su pantalla. El último clásico lo sufrió más que ninguno. Cuando escuchó a los vecinos gritar en el primer tiempo, atacaba Peñarol. Se lamentó, pero no perdía la ilusión que el grito hubiese sido de otros tricolores. Pasaron varios segundos y Nacional recuperó el balón. La ilusión aumentó, hasta que la pelota volvió a ser de los aurinegros. El margen de segundos se acortaba. Los últimos momentos antes del gol fueron de resignación. Al final del partido, la escena fue en el sentido contrario. Escuchó el gol y se ilusionó con el empate. Además, le pareció escuchar un “Nacional nomás”. Pero no quiso convencerse, temiendo una decepción mayor. En eso, Nacional perdió la pelota. Pensó lo peor: “Partido liquidado”. De la bronca golpeó la mesa del living. La pelota se le fue afuera a Peñarol y ahí empezó a emocionarse. El gol igual lo gritó, pero con esa rara sensación de sentirse spoileado.

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Goles en tiempos de streaming


El hombre, hincha de Nacional, desde hace un tiempo sigue sin problemas el fútbol uruguayo – de manera legal – por internet. Pero tiene inconvenientes en los clásicos o los encuentros de Uruguay, cuando sus vecinos gritan los goles antes de verlos en su pantalla. EL último clásico lo sufrió más que ninguno. Cuando escuchó a los vecinos gritar en el primer tiempo, atacaba Peñarol. Se lamentó, pero no perdía la ilusión que el grito hubiese sido de otros tricolores. Pasaron varios segundos y Nacional recuperó el balón. La ilusión aumentó, hasta que la pelota volvió a ser de los aurinegros. El margen de segundos se acortaba. Los últimos momentos antes del gol fueron de resignación. Al final del partido, la escena fue en el sentido contrario. Escuchó el gol y se ilusionó con el empate. Además, le pareció escuchar un "Nacional nomás". Pero no quiso convencerse, temiendo una decepción mayor. En eso, Nacional perdió la pelota. Pensó lo peor: "Partido liquidado". De la bronca golpeó la mesa del living. La pelota se le fue afuera a Peñarol y ahí empezó a emocionarse. El gol igual lo gritó, pero con esa rara sensación de sentirse spoileado.

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La vecina adivinadora y el cuidacoches manya


La mujer suele conversar brevemente con el cuidacoches de la cuadra –hincha de Peñarol– cada vez que llega a su casa. Pero hace unos días estaba apurada, y quería acortar el diálogo lo máximo posible. “Vecina, vio que vamos perdiendo”, dijo el muchacho, mientras el aurinegro caía ante 2-1 ante Rampla en el Campeón del Siglo. “Tranquilo, lo da vuelta”, dijo la joven, no muy fanática del fútbol, y enfiló raudamente hacia el edificio sin pensarlo demasiado.

Pero resulta que su predicción se cumplió, ya que Peñarol remontó el resultado y ganó 3-2. Y desde ese día, el cuidacoches le habla asombrado: “Vecina, usted es bruja, ¿cómo salimos el domingo?”.

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El estrés de la ciudad y los caballos


La familia decidió pasar un fin de semana en el campo en un complejo del departamento de Florida. El objetivo era descansar y poder estar, al menos por unas horas, lejos del ruido de la ciudad. Dentro de las actividades que eligieron hacer esos dos días, andar a caballo fue la preferida. Cuando a una de las integrantes de la familia le tocó subirse a uno, le preguntó al peón que se dedicaba a cuidarlos cómo se llamaba. “Esta es Estresada y hay otra que se llama Saturada”, le respondió el hombre. “¡Qué nombres raros!”, le dijo la mujer. El peón fue muy directo en su respuesta: “Son palabras que aprendo cada vez que voy a Montevideo. Acá en el campo no se conocen”.

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La batalla del chorizo


El hombre estaba haciendo el asado del domingo cuando un chorizo rodó al suelo. El asador, que tiene dos perros en su hogar, decidió ofrecer el embutido a sus mascotas en lugar de volver a ponerlo sobre las brasas, sin tomar la precaución de dividir la preciada pieza en dos mitades. Resultado: los dos animales se enfrascaron en una encarnizada lucha por el botín. En su intento por detener la batalla, el asador intentó separarlos con su pie, con tanta mala suerte que una de las dentelladas fue a parar a la planta de su pie. La herida requirió de tres puntos de sutura y varios días de licencia médica. Pero mientras era trasladado para su atención por los restantes comensales, su principal preocupación fue que alguien vigilara el asado para que no se quemara.

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Ricos, famosos y una foto


El actor argentino Diego Ramos salía de la redacción de El Observador tras dar una entrevista, y solo le restaba hacer un par de fotos en la puerta para completar la visita. Pero de pronto, mientras el fotógrafo se aprestaba a disparar, hubo que parar la producción. Eran un par de fanáticas que lo vieron, pararon el auto en doble fila, y casi se abalanzaron sobre el artista pidiéndole una selfi. De nada valió la advertencia de que estaban en plena producción fotográfica. “Es un minuto”, advirtieron sin escuchar más reclamos. Y una de ellas cerró con una frase que resumió su reacción. “Yo te amo desde Ricos y famosos”.

 

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Una vecina negociadora


La gente que esperaba el ómnibus en la parada se sorprendió: dos vecinos se peleaban en la puerta de un edificio. Lamentablemente el hecho no tendría mayor novedad si no fuera porque uno de ellos tenía 60 años aproximadamente, y el otro no menos de 80. Aparentemente discutían porque uno le cerró la puerta en la cara al otro. La incómoda situación llevó a que una señora, que trabaja en una inmobiliaria pegada al edificio, intermediaria y tratara de tranquilizar al octogenario. Al final, logró que el señor entrara al edificio, luego de lo cual varias de las personas que seguían en la parada le preguntaron detalles del por qué de la llamativa pelea. “No entendí mucho cuál era el problema, pero no podía dejar que este señor siguiera así de agitado. Por suerte se tranquilizó”, aclaró la mujer, que puso sobre la mesa toda su habilidad negociadora y cortó un momento desagradable.

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Astori y predicar con el ejemplo


Durante la ronda de preguntas en el tradicional almuerzo de ADM, los moderadores pidieron al ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, que fuera breve con las respuestas para que en esos pocos minutos se pudiera evacuar la mayor cantidad de consultas. La primera pregunta del auditorio apuntó a saber si había espacio para aumentar el gasto en la Rendición de Cuentas. También se consultaba sobre si había margen para hacerlo quitando subsidios y exoneraciones o si había que aumentar impuestos. La otra opción planteada en la misma pregunta apuntaba a saber si el camino será el de redistribuir el gasto y mantener el nivel. “Bueno, brevedad en las preguntas también, no solo en las respuestas”, bromeó Astori y pidió disculpas porque no podía adelantar números dado que todavía no se inició la elaboración del proyecto.

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El perro le enseñó a los periodistas


El perro Flash es la sensación de la redacción de El Observador: viene a trabajar todos los días, ya que es educado por una periodista del diario para poder oficiar en un futuro como guía de ciegos, en el marco del trabajo de la fundación Fundappas. Dentro de su educación, como todo perro, está el aprender a hacer sus necesidades donde debe. Pero una redacción no es un lugar fácil, y hace unos días (un viernes a hora pico), mientras su educadora se aprestaba a llevarlo realizar esa tarea, se tuvo que demorar unos minutos hablando con un compañero. El pobre Flash no se aguantó y orinó junto a la silla de uno de los periodistas. Su educadora explicó a todos que, ante esas circunstancias, no se debe rezongar al perro, y, por el contrario, estimularlo de forma positiva cuando sí hace las cosas como debe, ya que de lo contrario el animal solo aprenderá a no hacerlo cuando está frente a su dueño. Al final, los compañeros humanos de Flash terminaron recibiendo el mayor aprendizaje de toda la situación.

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Chef de primera


El grupo de periodistas estaba en Israel, invitado por el Ministerio de Relaciones Exteriores. En una de las recorridas, que los llevó hasta Jerusalén, fueron a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, The Eucalyptus, reconocido por su cocina kosher, que fusiona sabores de todas las culturas presentes en ese enclave histórico. Luego de comer, el chef pidió para conocerlos y así comenzó la conversación con un hombre que ha recorrido buena parte del mundo, incluyendo Uruguay. Moshe Basson es cocinero y propietario del restaurante, y la historia de su familia –que llegó a Israel desde Irán– se remonta a siete siglos atrás.

El hombre contó anécdotas país por país y al final le dio a cada periodista su tarjeta personal; y les dijo: “Fue un honor que nos visitaran. Si les gustó nuestra comida les pido que nos recomienden en Trip Advisor ”. Su pedido tiene sentido, porque The Eucalyptus está ranqueado segundo entre los mejores restaurantes de Jerusalén. Su simpatía y su inteligencia “marquetinera” le bastaron para que los periodistas accedieran a su pedido.

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Ingreso fallido


El joven llegó a su casa y notó que la puerta del frente, además de con llave, tenía el pasador colocado desde su interior. Quien había cerrado la puerta había salido por la puerta trasera, que se cerraba con un candado del cuál el joven no tenía llave. Fue en ese momento cuando recordó que, cuando era niño, solía entrar por una ventana a la que se accedía escalando por un caño, a una considerable altura. Sin tiempo que perder, el joven se dispuso a esa tarea, sin considerar que su tamaño ya no era el mismo del de su niñez. Resultado: quedó atrapado entre los barrotes de la reja y debió llamar a los bomberos para que lo auxiliaran. Una vez liberado, debió además dar explicaciones a la Policía –que también había llegado al lugar–, y demostrar con la ayuda de un vecino que lo identificara que era morador de esa vivienda y no un ocasional ladrón.

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La celeste o los cracks


El padre le cumplió el sueño al hijo y lo llevó al Centenario a ver Uruguay-Brasil. Pero a poco de comenzado el partido se dio cuenta de cómo ha cambiado la forma de ver el fútbol de los niños uruguayos. “¡Mirá papa, ese es Neymar! ¡Mirá cómo juega Coutinho! ¡Ahí está Marcelo, el de Real Madrid”, decía el chiquilín. La cosa siguió cuando el partido ya estaba cuesta arriba para los celestes, sin hacerse demasiado problema porque la derrota uruguaya fuera casi segura. En definitiva, el niño valoraba el privilegio de ver en vivo a quienes sigue cada fin de semana en la tele o en la Play, algo que podríamos hacer los más grandes para no sufrir más de la cuenta.

 

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¿Se va el jefe?


La reunión con autoridades de una sede diplomática extranjera en Uruguay acababa de empezar y uno de los diplomáticos dijo: “Ah, y le hemos robado a Juan que trabajaba con ustedes”. Los tres visitantes quedaron en silencio procurando procesar lo que recién se había dicho. Es que Juan (nombre ficticio) es el nombre del jefe de la empresa para la que trabajan. En el desconcierto uno de ellos prefirió beber café. Otro miró para abajo con algo de vergüenza (¿cómo es que él aún no supiera que un cambio tan grande?). Y el tercero –a quien ya se le habían cruzado dos o tres hipótesis de las implicancias que ese hecho podría causar– cortó el silencio con una pregunta: ¿Juan Pérez? La respuesta demoró unos segundos en llegar, pero puso las cosas en su lugar. Era otro Juan, excompañero de la empresa. Uno de los visitantes apoyó la taza en la mesa, el otro levantó la cabeza y el último respiró aliviado mientras deshacía cada una de las hipótesis que había formulado.

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Mejor con agua


Tabaré Aguerre, ministro de Ganadería, contó una anécdota durante la conferencia que brindó días atrás. Recordó que hace poco, un domingo, cuando regresaba a su casa tras participar en la exposición ganadera de Durazno, se detuvo en la ruta 5 impresionado por el desarrollo de un cultivo de sorgo. Admitió que bajó del coche y dejó a su señora protestando en el auto porque era día de descanso y ella quería llegar a tiempo para almorzar en Montevideo. Durante un buen rato registró el cultivo en video, habló con el productor que estaba ensilando, hizo cálculos sobre rendimientos y productividad de ese sorgo y aludió al valor de un verano con buenas lluvias. También se ocupó de pasar el video a varios integrantes de su equipo de trabajo reflexionando que “con agua es más fácil”. En la conferencia, ya con las protestas de su señora en el pasado, felicitó al equipo de comunicación del ministerio que tituló un video institucional sobre el valor del agua presentado el Día Internacional del Agua justo con esa frase: “Con agua es más fácil”.

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El niño aurinegro que alienta desde el túnel


El niño tiene 6 años y es fanático de Peñarol. Tanto que el día de su cumpleaños recibió un mensaje vía Whatsapp del Tony Pacheco, que lo emocionó hasta las lágrimas. Además, cada vez que alguien le pregunta por su equipo, dice con orgullo: “Yo soy hincha del glorioso, y de la selección cuando juega”.

El pequeño consiguió salir como mascota en el partido de Peñarol el domingo pasado ante Rampla. Concentrado como si fuera un jugador mientras esperaba salir a la cancha de la mano del Cebolla Rodríguez, y lejos de maravillarse por estar al lado de sus ídolos, se encargó de arengar: “¡Hay que ganar hoy!”, les dijo a los futbolistas. Por eso, luego que el aurinegro ganara en la hora, le dijo a su abuela: “Te lo dije, además de traer suerte, metí presión”.

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Vanguardia agrotecnológica


La Expoactiva Nacional, la muestra de tecnología para el agro que creó la Asociación Rural de Soriano cuando cumplió 100 años en 1992, se ha caracterizado por diversas innovaciones que ha exhibido en el predio. Una de ellas, desde el debut, fue mostrar distintas marcas de una misma máquina o herramienta funcionando, para que el productor vea, compare y decida mejor a la hora de invertir. Hace unos años la organización sorprendió creando un maquinódromo, una especie de sambódromo donde cada año desfilan las máquinas entre dos tribunas repletas de productores que las ven mientras los técnicos las describen. Este año en el predio de exposiciones próximo a Mercedes se estrenó otra novedad que, dicen, también llegó para quedarse: una pista exclusiva para drones.

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Mamás exigentes


El niño de 4 años es muy permeable a la publicidad televisiva. Cuando ve dibujitos, se aprende los jingles de las marcas y es común que pida los juguetes que promocionan en los programas infantiles.
Una noche estaba entretenido frente al televisor en el living mientras su madre preparaba la cena. En determinado momento entró a la cocina y le preguntó a su madre si era una “mamá exigente”.
–Sí, soy una mamá exigente, pero ¿por qué me preguntás eso?
–Entonces tenés que comprar pastillas para los mosquitos (y le mencionó una reconocida marca), porque son para mamás exigentes –le respondió su hijo, satisfecho de su recomendación.

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El refresco caro y la comodidad que se paga


La mujer tenía que esperar que su hija hiciera un trámite, entonces se sentó en una mesa exterior de un bar junto a su yerno. Ambos pidieron un refresco para justificar la espera, mientras conversaban de todo un poco. Pero la señora se indignó cuando le vino la cuenta: 84 pesos por una botella de 285 centímetros cúbicos. “Para eso íbamos al kiosco, comprábamos dos refrescos más grandes y nos sentábamos en el murito a conversar”, dijo, reflexionando acerca de que la comodidad también cuesta y que los comercios sacan partido de eso.

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El avión, la información y la tierra


El periodista y el fotógrafo cubrían la visita del presidente Tabaré Vázquez a Dolores. Buscaban un último contacto con la delegación oficial, además de una foto, mientras Vázquez y su séquito se subían al aviocar de la Fuerza Aérea, pronto para despegar en la pista de un aeródromo privado.

Pero el piloto del avión, ajeno al intento periodístico, no se enteró y decidió encender la máquina.

El viento generado por la aerononave hizo que los profesionales de la comunicación quedaran cubiertos de tierra, pasto y piedras de pies a cabeza. A todo esto, dos efectivos policiales filmaban el episodio con sus celulares.

Más que para transmitir alguna información de inteligencia, ahora tienen en sus manos un buen video viral de Whatsapp, que retrata cómo los dos intrépidos trabajadores se fueron sin la última información que buscaban y, en cambio, con mucha ropa para lavar

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Conductor desencantado


El periodista cada vez que se toma un Uber como forma de iniciar conversación le pregunta cómo está yendo el negocio. El sábado, al subir a un coche de alta gama al servicio de la aplicación, le hizo la pregunta de rigor al conductor, del que recibió como respuesta un “más o menos”. Ante la cara de desconcierto del pasajero, el chofer le respondió: “Le pongo dos ejemplos, uno que me pasó ayer y otro que me pasó hoy. Ayer llevé a una persona hasta Zonamerica, cuando llegué allí me adjudican un viaje desde el aeropuerto hasta Montevideo. Cuando estoy llegando al aeropuerto el pasajero me cancela el viaje, por lo que me generó el gasto de ir hasta ahí sin darme ningún ingreso. Hoy recibo un pedido del supermercado de Soca y Gestido, cuando llego había una pareja con más de 20 bolsas que cargamos en la valija. Me pidieron que los llevara hasta Gestido y Brito del Pino (menos de tres cuadras). Cuando vi la facturación de Uber, la empresa me decía en una respuesta automática que el monto no era suficiente para ser facturado”.

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El pasaporte y la interna del Frente Amplio


El periodista estaba haciendo la cola para renovar su pasaporte en las oficinas del Registro Civil de la Ciudad Vieja. Detrás de él esperaba su turno Javier Miranda, el presidente del Frente Amplio. Durante la charla, Miranda hablaba entusiasmado con el comunicador acerca de lo ágil que era el sistema. Apenas se sentó, tomó su tablet para leer, pero debió guardarla porque ya lo habían llamado. En pocos minutos, Miranda logró terminar el trámite y se retiró para continuar con sus tareas. Evidentemente es mucho más fácil renovar el pasaporte que lidiar con la compleja búsqueda de equilibrios dentro del Frente Amplio.

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La mujer del dulce de leche


Para el miércoles 8 de marzo, la maestra le pidió a la clase de tercero de Primaria que cada alumno llevara una foto de una mujer famosa. La niña llevó una fotografía de la cantante colombiana Shakira y al regresar a su casa le contó a su madre de las demás las famosas. Por ejemplo uno de sus compañeros había llevado la foto de la científica Marie Curie, otro de la poetisa Juana de Ibarbourou, y alguien más de la empresaria Laetitia d´Arenberg. Luego los niños debieron buscar en internet información sobre cada mujer. “¿Sabías que Laetitia d´Arenberg es muy importante?”, le preguntó la niña. “¿Por qué?”, inquirió la madre. “Por que sin ella no habría dulce de leche”.

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La billetera perdida y el celo del chofer


El hombre bajó del ómnibus y cuando llegó al trabajo advirtió que había perdido la billetera. De inmediato se dispuso a recorrer las dos cuadras hasta la parada. Como no tuvo fortuna, le pidió a un compañero si podía alcanzarlo hasta la terminal de ómnibus de Kibón, pues intuyó que debía haberla perdido en el bus. Con poca expectativa de hallarla, llegó a la terminal justo cuando estaba estacionando el 522 del que había bajado en el Palacio Legislativo. Reconoció al chofer y le preguntó por la billetera. El conductor le dijo que una mujer le había entregado una. Enseguida la reconoció como suya y le dio el nombre al trabajador, pero este no se la entregó hasta chequear que la foto correspondiera con su rostro. Incluso pidió su número de cédula. Recién entonces dijo: "Sí, sos vos…" y se la dio. Cuando se marchó pensó en su buena suerte, que al menos le evitó una cantidad de trámites para renovar documentos y tarjetas.

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Confusiones en la era de Whatsapp


El nuevo servicio de El Observador de envío de titulares por mensajería de Whatsapp ha generado un nuevo canal de comunicación con los lectores, pero también ha suscitado algunas confusiones con los suscriptores. El hecho de registrar el número de El Observador como contacto muchas veces puede generar confusiones al momento de enviar mensajes, o al elegir un chat iniciado para responder a una conversación. Es así que, a modo de ejemplo, en los últimos días han llegado algunos mensajes curiosos, por ejemplo el de un lector solicitando “un móvil para las 11:30 horas”, u otro que pedía que le consiguieran algunos medicamentos prescritos por su médico.

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El pequeño guía


Las amigas salieron de ver una película en uno de los cines de Punta Carretas Shopping, y al pasar por la esquina de José María Montero y Guipúzcoa decidieron cenar en el restaurante allí ubicado. Al entrar, una de ellas recordó una nota de El Observador y le pareció que ese lugar era donde habían conservado y dejado a la vista un túnel sin terminar vinculado con la fuga de los tupamaros con la cárcel de Punta Carretas en 1971. Las mujeres recorrieron el lugar y dieron al final del salón con un piso de cristal, a través del cual efectivamente podía verse el túnel y objetos de trabajo como un pico y una pala, junto a un aparato de radio, entre otros. “¿Quieren saber qué es eso? Yo lo sé”, les dijo un niño, de unos 8 años, que cenaba con su madre. Sin esperar respuesta les explicó: “Hace mucho tiempo, había acá cerca una cárcel y los presos se escapaban por estos túneles. Ta, eso es todo”, culminó orgulloso. Las mujeres le agradecieron por la información, y una de ellas se quedó pensando en las lindas épocas de la infancia en la que no resulta necesario tener demasiados datos.

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Instrucciones para pedir una pizza en Moscú


Si el frío y los kilómetros de la recorrida diaria en Moscú piden un delivery de pizza, no se sienta culpable: usted se lo merece.

Pero sepa que si toma esa decisión estará ingresando en un universo desconocido.
Para su sorpresa tendrá en la que fuera la capital de la Unión Soviética un sin fin de posibilidades occidentales: Papa John, Pizza Hut, Pizza Domino. Por nombrar tres. Escoja el restaurante. No es una buena idea procurar una llamada telefónica para hacer el encargo. Sus limitaciones para el ruso y la imposibilidad de quien lo atiende del otro lado de hablar inglés hará frustrar su deseo de recibir la caja de cartón con ese aroma a muzarela derretida.
Mejor vaya por la vía digital. Encontrará que en Rusia es posible pedir una pizza desde su teléfono. Pero para eso tendrá que derrotar una serie de obstáculos que, a primera vista, parecerán insuperables.
Pero no tema. No hay nada que el Google Translator no pueda hacer. Así que junte la dosis suficiente de paciencia y verá que después de 45 minutos es posible hacer un delivery de pizza en Moscú.

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Una conversación extraña


La escena empezó tranquila, pero rápidamente comenzó a llamar la atención de los vecinos de la cuadra: un taxista discutía con una señora mayor afuera de un móvil. La gente pasaba y, sin meterse en la charla, trataba de escuchar cuál era el motivo de una discusión que empezaba a ser incómoda. Rápidamente pasó a ser el tema de conversación de uno de los comercios de la esquina, hasta que entró una clienta y le contó al resto: el taxista reclamaba a la señora el pago de un viaje, y la anciana le decía que no tenía plata suficiente. Luego llegó un móvil policial, los agentes terminaron escoltando a la señora al patrullero y se la llevaron. Los espectadores en el comercio de la esquina no lograron saber si iban a la seccional o a la casa de la señora a buscar el dinero restante, pero la sensación fue de pena por la anciana, que claramente no parecía en condiciones de intentar engañar al taxista.

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Un repartidor chicato y confianzudo


La familia pidió empanadas, que llegaron al cabo de media hora. La mujer bajó a pagarle al veterano repartidor, y le preguntó el precio. “Pahh… ¿sabés que no veo nada? ¿No te fijás vos?”, le dijo a la mujer, haciendo todo un acto de confianza. La mujer leyó el precio y lo trató de justificar diciéndole que en la cuadra faltan postes de luz, lo que además de ser un problema de seguridad puede transformarse en un lío para los repartidores. El trabajador festejó el comentario, le agradeció la referencia y le prometió que la próxima vez le haría un descuento por la amabilidad mostrada.

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Reglamentarismo absurdo


Para autorizar el pasaporte italiano de sus hijos, la madre –que a diferencia del padre no tiene esa nacionalidad– debía ir al consulado a firmar unos papeles. Llegó y le pidieron fotocopia de cédula y entonces se dio cuenta de que no la había hecho. Ofreció la original y le dijeron que no; debía traer una fotocopia sí o sí. Podía fotocopiarla enfrente al consulado sin problemas, le dijo el hombre. Cruzó y lo hizo. Volvió, le entregó la fotocopia al funcionario que la tomó en la mano, la vio y se la devolvió. Incrédula la guardó, con la pregunta que nunca hizo: ¿por qué si era solo para verla no le servía la original y tenía que ser una fotocopia?

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¿Qué hacés acá, Bonomi?


Eduardo Bonomi, María Julia Muñoz y Raúl Sendic son tres de los gobernantes más criticados por las murgas. Patos Cabreros, en su salpicón, cuestiona con dureza al ministro del Interior. Entre otras reflexiones, su coro canta que “nadie consigue hacerlo echar”, que siempre “las culpas son de los demás” y que “el operativo (en el Centenario, cuando el episodio de la garrafa que cayó desde la Ámsterdam) fue un éxito… para Riogas, que nunca tuvo tanta publicidad gratis”. Pese a las críticas, Daniel Bello, uno de los cupleteros, le pide a Tabaré Vázquez que por ahora no saque a Bonomi del cargo para no quitarle vigencia al cuplé. En ese marco, el miércoles, en un Teatro de Verano con entradas agotadas, la murga tuvo de espectador al ministro del Interior, ubicado en la primera fila de la platea más próxima al escenario. En determinado momento, Bello observó a Bonomi y le hizo ver que mientras el presidente de la República estaba hablando en uso de la cadena nacional, él estaba en la platea para ver a la murga, por lo cual era probable que ahora sí deba dejar el cargo por no estar escuchando a su jefe, lo que generó carcajadas en el público, ministro incluido.

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Un olvido y sus consecuencias


El hombre había ido al minimercado y pagó con la tarjeta de débito. Concentrado en otros problemas, al ingresar el pin equivocó el número con el de otra de las muchas claves que utiliza cada día. En la segunda oportunidad, y ya en una muestra de extrema distracción, volvió a errarle, por lo cual la tarjeta se bloqueó. Llamó al banco y tuvo dos noticias: la mala, que tenía que ir al banco y resetear la clave, por lo que estaría 24 horas sin poder usarla. La buena, que podía hacer el trámite en cualquier sucursal, y no en donde había sacado la tarjeta. Sus 24 horas sin poder usar la tarjeta le sirvieron para descubrir algunas cosas, como por ejemplo que algunos supermercados, con los últimos cambios en la ley de inclusión financiera, aceptan el pago con tarjeta de crédito pero sin pedir cédula ni firma, solo pasándola por el pos, lo cual puede convertirse en un problema si la tarjeta es robada o perdida y no se reclama rápido. Al final, en la espera del banco, el hombre recapituló los hechos de las últimas 24 horas y la conclusión fue clara: necesitaba ser más ordenado.

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La noticia por la ventana


El hombre vive en La Blanqueada y miraba atento por TV las noticias sobre la suspensión del partido Nacional-River, por la agresión a un boletero. Comentaba con su mujer los hechos cuando de pronto las noticias dejaron de venir por la TV: ruidos de sirenas y corridas se escuchaban en la calle. Varios efectivos policiales corrían a hinchas tricolores, e incluso sacaban a uno del Disco de 8 de Octubre y Garibaldi. Las corridas luego derivaron a la calle Albo, donde los agentes finalmente pudieron detener a varios revoltosos. Y todo con la atenta mirada de muchos vecinos que, bolsas en mano, salían del supermercado. En la tele seguían con la discusión de los puntos y sobre si el partido se jugaría o no, mientras las noticias llegaban por la ventana.

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Que llueva café


Era un día cualquiera en el trabajo de este hombre. O al menos eso parecía. Después del almuerzo decidió, como todos los días, tomar un café. Fue hasta el comedor de la oficina, donde había una cafetera, y puso a hacer una jarra de esta infusión. Cuando estaba pronto se sirvió una generosa taza y volvió a su escritorio. Pocos minutos más tarde, su jefa lo llamó para hacerle una consulta, y el hombre, sin soltar su bebida, se acercó a su escritorio. En el medio de la conversación, y tratando de solucionar un asunto laboral, la jefa preguntó cómo se hacía algo en la computadora. El empleado estaba parado al lado de ella, y sin darse cuenta de que todavía sostenía la jarrita de café con su mano derecha, intentó señalar en el monitor con el dedo índice de la misma mano. La taza cayó inmediatamente sobre el escritorio, desde una altura de unos 40 centímetros, y el líquido dentro saltó para todos lados como si fuera una lluvia de café. Al empleado le quedaron unas pocas manchas en la camisa, pero la jefa, que estaba a una altura más baja por estar sentada, le quedó la cara totalmente salpicada, la blusa manchada por completo y un chorrete de café recorría la pierna izquierda del pantalón, de la cintura hasta los pies. A la jefa no le quedó más remedio que reírse e irse para su casa. El empleado sigue con vida.

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Tensión en Moscú


El vuelo desde Helsinki había salido un par de horas más tarde de lo previsto y el cansancio había hecho su trabajo luego de un día intenso en la cobertura de la gira presidencial. Por eso, el plan en la llegada a la gélida madrugada moscovita era muy claro: tomar un taxi, llegar al hotel y dormir. Pero lo que el periodista nunca pensó es que las fuerzas del destino podrían interponerse en su afán de una salida rápida del aeropuerto. Al llegar a la migración rusa sacó sus documentos y los pasó por la ranura de la venta a la oficial de migraciones. La mujer –de unos 35 años y melena castaña– miró al visitante a los ojos antes de agarrar el pasaporte. Luego bajó la mirada e inspeccionó el documento de viaje con detenimiento. En un momento se puso un instrumento en un ojo para examinar el pasaporte y en eso estuvo algunos segundos que parecieron horas. No conforme, se fue en busca de una colega sin mediar palabra con quien esperaba del otro lado del vidrio. Las dos agentes volvieron a la cabina y hablaban entre ellas mientras que ahora hacían una búsqueda en la computadora. En un momento, una de las dos oficiales tocó un botón y una puerta empezó a cerrarse a sus espaldas. El periodista miró cómo esa puerta se cerraba y volvió la vista a la cabina para ver cómo en ese momento la agente estampaba el sello de ingreso en su pasaporte, sin quitarle la vista de encima.

 

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El celular inoportuno


Los clientes esperaban su turno en el banco, conscientes de la normativa que impide usar el celular mientras están dentro del local. De todos modos, de tanto el tanto el guardia de seguridad debía recordárselo a algún cliente. Uno de ellos estaba revisando el celular y, antes que el guardia llegara a advertirlo, se empezó a escuchar el audio de un video “hot”. Sin que el guardia llegara a decir nada, el veterano se apuró y como pudo apagó el celular y lo guardó en el bolsillo, mientras el resto del banco, entre sorprendido y divertido, miraba para otro lado.

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Estrella emergente


El niño de 4 años es fanático de los superhéroes y, pese a que su madre tiene una academia de baile y saca un conjunto de Carnaval, nunca manifestó ninguna vocación artística. Sin embargo, el sábado 11 de febrero sus padres lo llevaron al anfiteatro Canario Luna. Después de la actuación de parodistas Zíngaros, una niña de 5 años se subió a cantar una canción de Fito Páez y eso llevó al niño a pedirle a su madre que lo dejara subir a cantar a él también. Su madre le dijo que el teatro estaba lleno y le preguntó si no le daba vergüenza. “No”, le respondió. Fue así que se subió, dijo su nombre y cuando le entregaron el micrófono dijo a secas: “Mitad rana, mitad pez”, el nombre de la canción del grupo Cuatro Pesos de Propina. Y se largó. El público comenzó a acompañarlo con palmas y cuando llegó al estribillo que dice “glu, glu, glu…” el tablado estalló en carcajadas y en una ovación. ¿Habrá nacido una estrella carnavalera?

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Un espectador menos


El adolescente es hincha, socio y butaquista de Peñarol como su padre, y suelen ir al Estadio Campeón del Siglo. Sin embargo, de cara al partido de la tercera fecha, el domingo pasado ante Boston River, sorprendió con su decisión: “Papá, no voy a ir. Es un lío para sacar la entrada”, dijo, molesto con las nuevas medidas de seguridad que han hecho que se vendan menos localidades en las primeras fechas de este Campeonato Uruguayo. Allá se fue solo el padre rumbo al nuevo escenario carbonero. Y en soledad le tocó sufrir el aburrido empate 0-0, por lo que está empezando a pensar que ir con el hijo también puede ser un motivo de cábala.

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Permuto Cavani por ovejas


Un grupo de empresarios chinos llegó a Uruguay en busca de acuerdos e intercambio de genética en carne ovina y lana. Se reunieron con productores, y enseguida salió el tema del fútbol. “También queremos llevar algún futbolista uruguayo” bromearon, en línea con el boom del fútbol chino y el interés del gobierno de Xi Xinping. Como Uruguay es un pañuelo, en la reunión estaba un productor que es vecino de la madre de Edinson Cavani. Rápido de reflejos, y siempre en tono de broma, dijo que podía hacer una gestión para llevar al delantero de PSG al gigante asiático. Pero la respuesta de los chinos lo desacomodó: “Que no sea muy bueno ni muy malo, porque si es muy caro no lo podemos pagar”.

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Un joven decidido


El joven está a punto de cumplir 19 años pero tiene bien claro lo que quiere, al punto que antes de salir del liceo, y mientras se preparaba para iniciar su carrera de Relaciones Internacionales, ya había conseguido varias pasantías y su primer trabajo fijo. Dentro de su interés por los temas globales se anotó a un curso de tres días en la Universidad de Harvard, y obtuvo el cupo. Así inició el operativo: primero el esfuerzo familiar para pagar los pasajes, luego su investigación en Airbnb para conseguir un cuarto accesible económicamente en una casa de Boston. Y luego, el último obstáculo: poder alquilar un auto para recorrer la región en el día y medio que tenía libre antes de empezar el curso. El mayor inconveniente fue que la gran mayoría de las empresas no alquilan autos a menores de 21 años. Pero si había llegado hasta allí, no lo iban a detener. Investigó en internet hasta encontrar una empresa que alquilaba a mayores de 18. Se fue hasta el aeropuerto, alquiló el coche y empezó a disfrutar de los alrededores de Boston, contento de su obstinación.

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El canillita, los blancos y la bandera de Peñarol


Dentro de los cientos de historias que tiene Milton Codesal, el canillita de las dos esquinas de Rondeau y Uruguay –algunas ya fueron parte de este espacio–, la política y el fútbol ocupan un lugar preponderante. Por ejemplo, recuerda, como si fuera ayer, su récord de ventas en el kiosco: fue en 1958, al día siguiente en que el Partido Nacional ganara por primera vez las elecciones y se instalara el Colegiado, cuando de sus manos salieron 2.967 periódicos. También recuerda el día en que Peñarol ganó la final de la Copa Libertadores de 1987: le pidió a un vecino de avenida Uruguay, dueño de Casa Sanz, que le prestara una bandera carbonera, que colgó del kiosco para aumentar las ventas. Pero otro vecino (López, dueño de La Casa del Whisky e hincha de Nacional) le pidió que la quitara, porque tenía “miedo de que hinchas tricolores rompieran la vidriera” de su comercio, recordando que la violencia en el fútbol no es un tema que se limite a las últimas décadas.

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Visita de San Valentín


En el día de San Valentín, que se celebra el 14 de febrero, los mensajes entre los que se quieren llegaron de distinta manera. En el ámbito político, el tema no estuvo ausente. Gonzalo Reboledo, secretario político del presidente del Frente Amplio, le hizo un comentario al respecto a Javier Miranda, titular de la coalición de izquierda. Le comentó que veía muy bien que, en el Día de los Enamorados, Miranda recibiera al diputado colorado Fernando Amado.

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El médico ocupado


La periodista estaba realizando un informe y tenía que consultar la opinión de varios médicos. Venía con efectividad del 100%, ya que todos le contestaban, pero de pronto la buena suerte se trancó: uno de los contactos le estaba costando, porque el llamado daba siempre libre. Teniendo en cuenta la profesión, la periodista pensó que el profesional de la salud estaría de guardia. Pero no perdió las esperanzas, y al cabo de un rato lo ubicó, aunque el médico pidió a la periodista que volviera a llamarlo en 10 minutos. Pero el motivo era mucho más mundano que lo imaginado: “Es que estoy en el probador de una tienda de ropa”, le dijo. Después de todo, los médicos también tienen derecho a estar a la moda.

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La operación y el lehmeyún


La nuera fue a acompañar a la suegra el día de una delicada intervención quirúrgica y cuando los camilleros se la llevaban al quirófano no se le ocurrió mejor idea que arengarla en modo culinario: “Vamos que cuando te recuperes vamos a comer un buen lehmeyún”, le dijo. Fue como despertarle el apetito a los trabajadores de la salud. Tanto que en la charla rumbo a la sala de operaciones, el lehmeyún se convirtió en el único tema. Los camilleros terminaron diciendo: “Salimos y nos vamos a comer lehmeyún”, mientras que la nuera, el suegro y un amigo -que son cardíacos- enfilaron luego de la operación -que fue un éxito- a una reconocida casa armenia del ramo para darse un festín. Comieron tantos que hasta perdieron la cuenta…

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El álbum negro de Metallica


La pareja combinó con un amigo de él pasar un fin de semana en su casa de veraneo. El amigo es un hombre recio para la vida y picaflor para el amor. La soltería lo acompaña a sus 38 años, pero no precisamente la falta de compañía femenina, algo de lo que se jacta a viva voz. Una vez instalada la pareja en la casa, para matizar una tarde de lluvia, decidieron revisar el mueble del televisor y ver un video (sí, a aquella casa aún no llegó el DVD). Para sorpresa de ambos, lo que en la etiqueta era un concierto de Metallica, en la cinta se trataba de una película pornográfica. La pareja detuvo la cinta, dejó todo en su lugar y jamás volvió a hablar con el amigo de música. Y mucho menos de Metallica…

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El adolescente y el crédito de foto


El adolescente se dirigía con su padre al estadio Campeón del Siglo, el domingo, cuando se encontraron con una calle cortada producto de la caída de un árbol, en medio de la fuerte tormenta que afectó a Montevideo. Sacó una foto y se la pasó a su madre, periodista de El Observador, quien la mandó a la periodista que estaba trabajando en ese tema ese día, sin especificar el autor. La foto se publicó, y el adolescente le escribió a su madre: “Veo que usaste mi foto sin crédito. “Pido que, para respetar las reglas del medio, lo incluyan”. La madre cumplió la formalidad periodística, y al rato su hijo le respondió: “Ahora sí, me parece bien”, y se dispuso a compartir la nota con sus amigos, orgulloso de su contribución periodística.

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Miguel y Nahum


La ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, destacó la presencia del subsecretario de Turismo Benjamín Liberoff y del exministro de Cultura, Leonardo Guzmán al presidir ayer el cambio de autoridades de la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep). Sin embargo, la ministra se equivocó al llamarlos Benjamín Nahum y Miguel Guzmán. Ambos en sala miraron levemente hacia abajo pero agradecían la mención. Muñoz siguió con su discurso y su asesor en comunicación le acercó un papel haciéndole notar su equivocación con los nombres.

La ministra, sin lentes, no veía bien la indicación y siguió hablando de Benjamín Nahum y Miguel Guzmán. Luego de unos segundos y la sonrisa de los presentes, intentó corregirse. “Me da un papelito, sin lentes, me lo dice levantando la manito y es igual, porque ustedes saben comprender que ya 18 años no tengo, en la era digital no nací, nací después, así que me corrijo, Miguel Guzmán y Benjamín que nos conocemos desde niños”, dijo la ministra y siguió con su discurso.

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Mujica y Batman


Del asado, hace un mes, participaba un exfuncionario de gobierno que contó una anécdota de la época de la presidencia de José Mujica. El exmandatario salía de su chacra rumbo al edificio de Presidencia, cuando de pronto vio un caño roto y echando agua. Le dijo al chofer que se detuviera y llamó a la OSE. No lo atendieron y empezó a enojarse. Después de dos o tres llamadas al fin lo atendieron. Molesto contó la situación, pero quien estaba del otro lado de la línea no se interesó demasiado. “¿Usted sabe quién habla de este lado? Mujica”, dijo el presidente. Y desde el otro lado escuchó: “¿Ah, sí? Acá habla Batman”. El presidente, ya furibundo, cortó, y le indicó al chofer: “Vamos a la OSE”. En el camino ya había hablado con el presidente Milton Machado, por lo que cuando llegó al edificio ya todos sabían el lío que se había armado. Tras hablar con Machado, el entonces presidente pasó por la sección de atención telefónica y por fin pudo conocer a su interlocutor: “¡Así que vos sos Batman!”, le dijo al hombre, al que en ese momento le hubiese venido bien uno de los artefactos de escape rápido del hombre murciélago.

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La vista desde lo más alto


Las mujeres cenaban por primera vez en el restaurante del exclusivo piso 40, ubicado en la torre 4 del WTC. Se trata del lugar más alto de Montevideo, y la vista de la ciudad es verdaderamente espectacular. Una de las mujeres, encantada, no paraba de sacar fotos del atardecer con su celular. Cuando la moza se acercó a tomar el pedido le dijo: “¡Qué divino debe ser trabajar todos los días con esta vista!”. La moza respondió: “Sí, claro, pero después de un tiempo uno se acostumbra”.

La mujer siguió sacando fotos por un rato y se quedó pensando cuánto tiempo debería pasar para que ella se acostumbrara a este tipo de vista.

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El semáforo y una diferencia enorme


Una multinacional con base en Venezuela envió a uno de sus gerentes a instalarse a Uruguay. Al arribar, el empresario tomó un remís en el aeropuerto y arrancó rumbo al Centro de Montevideo. Pero al llegar a uno de los semáforos de avenida de las Américas ocurrió lo impensado. El chofer, ante la luz roja, paró, y el empresario reaccionó desesperado y empezó a gritarle: “¿Cómo vas a parar? ¡Estás loco!”. Un poco más calmo, le explicó luego: “En mi país no se puede parar en un semáforo en rojo, de noche, en el medio de un bosque. Se entrepara, se mira y se sigue”, dijo. El chofer le aclaró que aunque no se pueden tomar riesgos innecesarios, y en algunas zonas de la ciudad hay que tomar precauciones similares, hay ciertas cosas con las que Uruguay marca un mundo de diferencia respecto a su país natal.

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El intento por pagar menos luz y el aire acondicionado


La joven estuvo tres semanas fuera del país en enero por vacaciones, por lo que su casa quedó cerrada y sin ningún electrodoméstico –excepto la heladera– enchufado. Cuando le llegó la cuenta de UTE, la abrió confiada en que iba a pagar menos que en otros meses. Para su total decepción, debía pagar lo mismo porque UTE había hecho una estimación del consumo. Durante más de una hora estuvo intentando llamar al organismo para reclamar, hasta que finalmente la atendieron. El operador le explicó que si le pasaba el consumo actual, verían si lo estimado en enero se podía ajustar, y la esperó al teléfono mientras bajaba a la planta de su edificio a pasarle el consumo. Finalmente, después de varios intentos y de la paciencia del funcionario, UTE le cobrará menos por el consumo de enero. Cortó la llamada y se fue a trabajar. Cuando estaba en camino al trabajo le pareció que algo no había hecho antes de salir de su casa. “¿Apagué el aire acondicionado?”, se preguntó. Aunque estaba ya lejos de su casa optó por volver para chequear, especialmente porque había perdido gran parte de su mañana en intentar pagar menos de luz. El aire estaba apagado y la joven se quedó tranquila de que los pocos pesos que se ahorró por su gestión no se le habían ido en el aire acondicionado.

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Un gato intrépido


La mujer fue al lavadero de su barrio a buscar la ropa que había dejado unos días antes. Nada fuera de lo común, pero la sorpresa llegó cuando se iba. Mientras ya manejaba de vuelta a su casa, por el espejo retrovisor vio un gato sentado en el asiento trasero del auto, que empezó a maullar. La mujer se asustó, y acto seguido le entró la lógica duda: ¿qué hacer con el extraordinario intruso? Siguió manejando y llegó a su casa, y volvió a pensar. Entonces decidió no bajar del auto y volver al lavadero, ya que era el único lugar donde el felino se podía haber colado. Lo dejó allí, esperando que el dueño lo encontrara y se llevara de vuelta a casa al intrépido gato.

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Uruguayos sin suerte


El hombre volvía de vacaciones a Brasil junto a su familia, e hizo escala en Guarulhos, en San Pablo. Se sorprendió por las obras de refacción del aeropuerto paulista, entre ellas una nueva y moderna terminal. También le sorprendió que la conexión a Montevideo se hiciera a través de manga y en el piso superior, algo que no le había pasado en anteriores viajes, en los que la conexión siempre se hacía en el piso inferior y sin manga. “Ni vayamos a la puerta, 15 minutos antes van a decir que la cambian”, dijo, desconfiada, la suegra, que suele viajar a Brasil por trabajo. Pero allí fueron, cansados y deseando volver a casa.

Faltando 10 minutos para empezar el abordaje, llegó el anuncio por los altoparlantes: “El vuelo a Montevideo cambia de puerta”. Y allí se fueron, al viejo piso inferior, con calor, sin manga y con la noticia de que el vuelo demoraría media hora más en ser abordado. La suegra miró con cara de “se los dije”, consciente de que, al menos para los uruguayos, no todo lo que brilla es oro en el nuevo aeropuerto de Guarulhos.

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Momento incómodo


María Julia Muñoz, ministra de Educación y Cultura, es una de las personalidades de la política a las que les gusta el carnaval, tanto que en cada desfile integra la cuerda de la comparsa Tronar de Tambores. El domingo pasado se ubicó en la primera fila de la platea baja del Teatro de Verano y observó el show de la comparsa de Julio Kanela Sosa. Tras saludar a sus compañeros en el intervalo, regresó para observar el debut de la murga de Álvaro “Chino” Recoba, Don Timoteo, cuyo coro en cierto momento cuestiona a la ministra: “Si no respeta a los maestros, nos parece / que como ministra tiene poca educación / la educación de nuestros hijos está en crisis / la escuela pública debemos preservar…” , canta la murga. Eso generó en el público un extenso aplauso y, pese a la crítica, sonrisas de Muñoz, que quedó en el centro de las miradas de sus vecinos de la platea.

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El pasajero que se confió demasiado


El joven llegó a la terminal de Punta del Este un domingo a la hora 3.55, con la idea de tomarse un ómnibus directo a Montevideo que salía a la hora 4.30. Sin embargo, había otro que salía a las 4, aunque pasaba por Piriápolis y con varias paradas en el camino, por lo que demoraba 45 minutos más. Entre quedarse durmiendo en la terminal o arriba del bus, se tomó el de las 4.

Vio el primer asiento libre, el 14, y allí se echó, buscando dormir un poco. Pensó en ir hasta el asiento que figuraba en su boleto, el 41, pero el ómnibus estaba demasiado vacío y las energías ya no le alcanzaban después de una jornada de trabajo para ir hasta el fondo.
El bus empezó a llenarse: Maldonado, Punta Ballena, Portezuelo, Pirápolis… la gente ya iba parada, pero nadie le pidió su lugar. Legaron a la Interbalenaria, y la tarea estaba definitivamente cumplida, pensaba entre cabeceo y cabeceo.
Pero… ocurrió con el último pasajero que se subió, en el kilómetro 70. “Tengo el 14”, dijo, y la guarda le dio la razón. El joven se levantó, miró al fondo, y vio que en el 41 había una pareja dormida y abrazada. Solo quedaba uno, el 43, al lado del baño y con un hombre de tamaño considerable contra el pasillo, lo que le obligó a apachurrarse contra la ventana hasta llegar a Tres Cruces, maldiciendo el momento en que confió demasiado en su suerte.

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Lentitud


La Junta Departamental de Canelones consideró relevante la presencia de los directivos de la Asociación de Façoneros de Pollos Unidos y del secretario de la Cooperativa Nacional de Façoneros de Pollos Unidos. Como consecuencia resolvió expresar la “preocupación por una coyuntura que expresa una vez más la problemática histórica de la cadena avícola”. Pero las cartas con esa comunicación fueron enviadas a sus destinatarios a través del Correo a Montevideo a la calle Cuareim 2052, que es la dirección de El Observador, cuando en realidad correspondía enviarlas a San Jacinto, en Canelones. Igualmente la comunicación llegó a sus respectivos destinatarios, aunque ahora por vía electrónica. La resolución tomó en cuenta una visita realizada por las instituciones mencionadas el 7 de julio, que motivó una resolución de la Junta el 19 de diciembre,enviada luego por el Correo el 13 de enero y finalmente recibida por El Observador el 19 de enero.

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Cuando perder la cédula se vuelve un martirio


Era el primer viaje de la adolescente al exterior. Con su novio decidieron ir a Buenos Aires para festejar el cumpleaños de él, luego de ahorrar durante un tiempo. Mochila al hombro llegaron a Colonia y cuando estaban a punto de pasar Migraciones para subir al barco, se acercan varios policías y la detuvieron. Ninguno de los dos entendía nada. La incomunicaron y empezaron a interrogarlos por separado. Luego de unos minutos le comunicaron a él que ella estaba requerida en Durazno y debían trasladarla hasta allí. Si quería acompañarla debía hacerlo por transporte público. A ella, sin embargo, la trasladaron en distintos patrulleros. Cada seccional de policía se tiene que hacer cargo de la parte del recorrido que comprende a su territorio y entregarla a otro. Al llegar a Durazno y luego de varios interrogatorios, comprobaron lo que había pasado. Su cédula había sido robada tiempo antes y los delincuentes la habían empleado en crímenes relacionados con drogas, por lo que estaba requerida. Pese a que había hecho la denuncia por la cédula, no estaba cargada en el sistema, y por eso se perdió su primer viaje al exterior y sufrió una detención injustificada.

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Un hombre despistado y una billetera que paga el precio


El hombre fue a comprar el almuerzo en el descanso del trabajo y regresó a la oficina. Al rato preguntaron por él en recepción: una persona había encontrado su billetera en la calle y tuvo la gentileza de acercársela, con lo que el hombre reflexionó sobre su suerte –y su despiste–. A los pocos días, mientras estaba en su casa, apareció su pareja, también con una billetera en la mano. La había encontrado en la puerta de la casa, y obviamente, era nuevamente del despistado caballero, que desde ese día piensa que tiene que hacer algo para solucionar su despiste, antes que le cueste más caro.

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Garaje bloqueado


El cantante argentino Vicentico tiene una casa en la península de Punta Colorada, pero no puede guardar su auto en el garaje porque pusieron una columna de UTE justo en el portón. No se puede abrir de ninguna forma que permita la entrada de un vehículo, porque el espacio que queda en ambos lados es angosto. Por lo tanto, el cantante argentino debe dejar su auto en la calle.

Otras personas grafitearon el largo muro blanco que delimita la vivienda de dos plantas con una vista privilegiada a la playa. La frase “Amo a toda mi familia” y el dibujo de un ojo de gran tamaño es parte de lo que se lee allí.

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El estadounidense y el Mar Muerto


La periodista viajó a Israel en sus vacaciones y visitó el Mar Muerto, al sur del país en la zona situada en una profunda depresión bajo el nivel del mar. La concentración de sal es tal que las personas flotan apenas entran, por lo que decidió llevar un ejemplar de El Observador para hacer de cuenta que lo leía mientras flotaba.

Un grupo de estadounidenses la vio con el diario en la mano mientras una amiga le sacaba la foto desde la orilla. “Es una foto clásica de acá”, le dijo un joven estadounidense que hablaba español. “¿Lo querés?”, le preguntó la periodista. El hombre aceptó y cuando abrió el diario se encontró con una nota del excandidato a la Presidencia de Estados Unidos, Bernie Sanders. Se sacó la foto y empezó a leer la nota en voz alta, en el medio del Mar Muerto, para que sus amigos la escucharan.

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Muy muy cerca


Mientras iba sentado en el ómnibus, sin distracción más que los sonidos del ambiente, reparó en la llamada de teléfono de una mujer que iba detrás suyo. La mujer, quien hablaba fuerte, parecía querer concretar el encuentro con una amiga que no veía hace tiempo y que próximamente tomaría un viaje. Lo extraño fue cuando, otra mujer en el mismo medio de transporte ubicada más atrás, parecía mantener los mismos ritmos de la conversación que la primera pasajera. Cuando una dejaba de hablar, la otra retomaba el diálogo, que mantenía una línea general sorpresivamente similar. Decidido, una vez que la conversación terminó y que el encuentro entre la pasajera y su amiga quedó concretado a futuro, se tomó el atrevimiento de acercarse a la mujer cerca de él. "Disculpá", le dijo. "No quiero entrometerme pero creo que están manteniendo la misma conversación con ella", le comentó mientras le hizo mirar hacia la parte de atrás del ómnibus. Para sorpresas de ambas pasajeras, era verdad. Iban hablando por teléfono a tan unos asientos de distancia. La esperada reunión se concretó en instante y el resto de los pasajeros la celebró con unas risas.

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Un viaje a la era sin celular


El periodista viajaba a Punta del Este para realizar la cobertura de verano. Con su celular roto y sin forma de utilizarlo, la noche anterior al viaje coordinó a través de Facebook con una colega que lo esperaba en el balneario que ella fuera a buscarlo a la terminal de Maldonado. Al bajar del ómnibus, le llamó la atención no encontrar a su compañera, pero se imaginó que podía haberse demorado en el trayecto, por lo que se sentó a esperar. Pero la demora comenzó a estirarse y la preocupación del periodista se incrementó, ya que no tenía forma de comunicarse. Cuando ya había pasado más de una hora, y a punto de recurrir a un teléfono público, su colega apareció, explicando la razón de la demora: el periodista había malinterpretado la charla del día anterior y se había bajado en la terminal de Punta del Este, no en la de Maldonado.

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La nueva rutina del exfumador


Con 30 años de fumador a cuestas llegó el momento de tomar la decisión y dejar el vicio. Para llevar a cabo la determinación pesaron varios elementos. El primero, la salud. La falta de aire y la tos eran cada vez más notorias. Otra razón menos importantes pero también de peso fue económica. Dos cajas de cigarros por día a un promedio de $ 120 cada una equivalían a $ 7.200 al mes y $ 86.400 al año.

Pero luego de dejar de fumar la ansiedad se hace sentir y hay que buscar alternativas para no volver a prender un cigarro. En muchos casos, se opta por la comida o los postres.
Pero este caso es distinto. El flamante exfumador optó por las pastillas de fruta y adoptó la misma rutina que con el cigarro. Salir a comer cada pastilla a la calle, afuera de su lugar de trabajo, como hacía antes cuando fumaba. “Salgo a fumar una pastilla y vuelvo”, les dice a sus compañeros de tarea de vez en cuando.

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El olvidadizo


Los veranos en la playa suelen ser tiempo de hijos que invitan amigos, lo cual requiere en muchos casos una ardua negociación para que todo el mundo quede contento. El hijo tuvo la prioridad este verano e invitó a su amigo durante tres días, para luego “dejar lugar” a las amigas de su hermana. El amigo adolescente llegó con un pequeño bolso y la recomendación materna de que no se olvidara de nada, pero ya en el arranque se dio cuenta de que se había dejado la toalla de baño en la casa en la que había estado antes. Los días se fueron rápido entre playa, fútbol y salidas. Al despedirse, la madre del amigo le recomendó que se fijara si llevaba todo y hasta lo ayudó a revisar por las dudas. Al otro día aparecieron en lugares inesperados sus lentes de sol y un protector solar. La noticia se comunicó de madre a madre, y la del adolescente olvidadizo quedó que pasarían a buscar las pertenencias. Así lo hicieron y luego de algo de charla y un minipartido de fútbol, la familia se subió al auto con los lentes y el protector en mano. Sin embargo, en esos escasos minutos el muchacho volvió a olvidarse de algo: su celular quedó sobre la mesa. A los gritos alguien atinó a avisarle a la madre. Cuando regresaron a buscarlo no hubo más remedio que prohibirle que se bajara del auto por temor a que, de nuevo, dejara algo en consignación.

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La tercera es la vencida


El ministro de Salud Pública, Jorge Basso, citó a la prensa para hablar acerca del cáncer de piel y las medidas de prevención. Una vez que los periodistas se acomodaron y las cámaras se encendieron, el jerarca preguntó si ya estaba todo listo para empezar. “Bienvenidos al Ministerio de Salud, gracias por acompañarnos…”, dijo. Sin embargo, en ese momento, un camarógrafo lo frenó porque el parlante no funcionaba y no podían grabarlo. Al cabo de unos minutos, el problema parecía solucionado y el ministro empezó de nuevo: “Bienvenidos al Ministerio de Salud, gracias por acompañarnos…”. Una vez más, el camarógrafo lo interrumpió porque el parlante seguía sin funcionar. En ese momento, el ministro pidió que le acercaran los micrófonos, porque sería la tercera vez que empezaría la conferencia. Para suerte de todos, la tercera fue la vencida.

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Cuatro encapuchados


La llamada llegó urgente a los policías integrantes de la guardia diplomática: cuatro encapuchados en un auto rondaban la zona de la embajada de Kuwait. Cinco móviles policiales respondieron. El que llegó primero comenzó la persecución. Al verse encerrados, los perseguidos se sacaron la capucha levantaron las manos e incluso arrojaron una pistola que resultó ser de juguete. Entre los encapuchados había un estudiante de comunicación y otro de medicina. Explicaron a los policías que le iban a hacer una broma a un amigo simulando su secuestro. “Yo los quería matar a patadas”, dijo un policía que participó del operativo y que reflexionó que podría haber terminado en una tragedia . “Además –agregó–, ¿te imaginas la que le iban a hacer pasar al supuesto secuestrado?”

El enojo entre los policías fue tan generalizado que hasta el juez demoró un par de horas su respuesta para que los involucrados tuvieran un rato de reflexión en el calabozo de la seccional.

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El intento de robo y el taxista salvador


La mujer iba caminando al mediodía por bulevar España rumbo a su trabajo hablando por celular con su madre cuando una moto subió la vereda, pasó a su lado y el conductor tironeó de la cartera. Como no pudo arrebatársela, intentó sacarle el celular y, en el forcejeo, le tiró del pelo y le rasguñó la cara.

En ese momento la mujer comenzó a gritar, lo que llevó a que un taxi se detuviera y el chofer saliera con un palo en la mano al grito de “¡Dejala o te doy con esto!”. Ante esa situación, el arrebatador desistió de su intento de robo y el taxista, muy amablemente, llevó a la mujer unas cuadras hasta el trabajo.
“Yo siempre ando con un palo porque la calle está peligrosa”, le comentó el taxista durante el trayecto a la mujer atacada.

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No reconoce a su compinche


Pocos días después que la pareja adoptó a un perro callejero, el animal ya se sentía el dueño de la casa. Con una actitud arrabalera, quiso destronar al legítimo huésped, Lautaro, un golden retriever que vive con la familia desde hace 10 años. A Pacheco, el nuevo integrante, le llevó unos días lograr un vínculo amistoso con su compañero. Pero con el tiempo se hicieron compinches. Con la llegada del verano, Lautaro pasó mucho calor y a los dueños se les ocurrió esquilarlo. Cuando fueron a buscarlo se encontraron con un animal más pequeño y blanco, algo que los impresionó. Pero no solo los humanos se impresionaron: Pacheco no lo reconoció y pasó varios días ladrándole. Cada vez que el golden se acercaba, el adoptado le tiraba el tarascón. Los gritos de “Pacheco, ¡es Lautaro!” no alcanzan y desde entonces ambos perros tienen que estar atados, al menos hasta que el adoptado reconozca al golden o lo acepte como un nuevo compañero.

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El teléfono y la tormenta


La periodista entrevistaba al director de Unasev cuando empezó la fuerte tormenta del martes en Montevideo. “Hay un temporal tremendo. Estoy acá afuera en Torre Ejecutiva y en cualquier momento salgo volando”, advirtió él. “Acá se arman unos remolinos que ni te cuento”, dijo, a lo que la periodista asintió y agregó que conocía que la zona era complicada y que por eso fue que años atrás se puso una cuerda para cruzar la calle. “Pero ahora no hay ni cuerda”, comentó el director de Unasev. Luego de 15 segundos donde solo se escuchaba el ruido del viento, la periodista, preocupada, dijo: “¿Hola?”. “Pará, porque está bravo esto”, respondió el director de Unasev. Segundos después la llamada se cortó. En redes sociales circularon fotos que mostraban que en ese edificio estallaron los vidrios. La periodista no pudo saber si le había pasado algo, hasta que minutos después llegó un mensaje tranquilizador: “Ta, ya pasó, podés llamarme de nuevo”.

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Papá Noel con el lampazo


Era la hora 18.30 del 24 de diciembre y la mujer terminaba de trabajar en su comercio que, lógicamente, había tenido uno de los días más ajetreados del año. La había ayudado su madre, su marido y su hermano. Terminada la agotadora jornada, pasarían a tomar un refresco por la casa de la madre, ya que no la vería por la noche, y después a descansar un rato casa antes de ir a la cena de Nochebuena a lo de otro familiar. “Paso 15 minutos y seguimos”, le dijo la mujer a su madre. Pero pronto tuvieron que cambiar los planes. Alguien –después de varios días aún nadie confesó– había dejado una canilla abierta en el baño de una de las habitaciones. Resultado: el baño y la habitación contigua tenían cinco centímetros de agua, que también se había filtrado a la planta baja, levantado la pintura de una pared, mojado la televisión y el piano de la casa. Rápidamente comenzó el operativo de emergencia: lampazo para la difícil tarea de sacar el agua de la moqueta, descolgar la TV, rezando que aún funcionara, sacar los muebles de la habitación y poner ventiladores a secar la moqueta, sabiendo que no se podría dormir ahí al menos por dos o tres días. A las 21.30 decidieron cortar y seguir al día siguiente, porque si no se verían obligados a hacerle pasar el lampaz