Un almohadón y una duda


La periodista estaba de viaje en China y aprovechó una cálida noche para salir a recorrer un lugar muy popular para los jóvenes de Pekín, una zona de bares que rodean un pintoresco lago. La mujer observaba todo con detenimiento hasta que algo le llamó la atención. En la puerta de una tienda había un sillón con un almohadón que tenía estampada una bandera uruguaya. Curiosa, se acercó e intentó preguntarle al dueño del local de dónde había salido el almohadón. El hombre no hablaba inglés y mucho menos español, por lo que la conversación resultó difícil. El comerciante intentaba venderle el almohadón y no comprendía que ella solo quería contarle que era la bandera de su país y saber cómo había llegado allí. Después de varios intentos, se convenció de que debería volver a Uruguay con esa duda para siempre.

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Reguetón por la mañana


Los periodistas que llegan en la mañana a la redacción están acostumbrados a trabajar tranquilos o que, por lo menos, el alboroto se dé dentro del mismo edificio. No obstante, en la mañana de este jueves un hecho sorpresivo y hasta inexplicable interrumpió la jornada laboral. Un grupo de muchachos llegaron en un auto, estacionaron, abrieron las puertas y pusieron reguetón a todo volumen. Luego procedieron a sentarse en la vereda. Después de un rato en que algunos comunicadores trataban de explicarse qué hacían allí aquellos hombres, llegó un momento en que la música ya no dejaba trabajar y uno de los periodistas salió a pedir por favor que bajaran el volumen.

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Ante la necesidad, cualquier cosa


El joven organizó un campamento con los amigos, esos que uno tiene de toda la vida y que se conocen muy bien. Se encargaron de llevar lo elemental, como la comida, algo de tomar y cada uno lo que iba a usar. La idea era quedarse varios días, ya que estaban de vacaciones y no parecía haber un mejor plan. Las noches transcurrieron entre asados, cartas y largas charlas. A medida que pasaron los días, el agua comenzó a escasear pero, como buenos amigos, trataron de economizar al máximo para llegar al final del campamento. De igual modo, llegó un momento en que la situación se hizo insostenible porque, sencillamente, habían dos opciones: pasar sed o tomar poca agua para que no se terminara. Fue así que algunos optaron por irse antes y los demás terminaron lavándose los dientes con vino.

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Un viaje directo al futuro


La periodista viajó a China para descansar unos días de la vorágine capitalina, mientras tanto su hija de 6 años quedó en Uruguay porque debía ir a la escuela y cumplir con distintas actividades. La única manera que encontraron para mantenerse comunicadas fue hacer videollamadas, pero el país asiático tiene una diferencia de 11 horas con respecto a Uruguay, por lo que cada vez que la madre llamaba a su hija en la mañana, ella estaba a punto de irse a dormir. De igual modo, la pequeña entendió que su madre estaba 11 horas adelantada en el tiempo, entonces, cuando se comunicaban formulaba la misma pregunta: “¿Mamá, cómo es el futuro?” y luego le pedía que le contara lo que veía alrededor.

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El efecto de un viernes


El periodista, después de una semana complicada, planeaba ir a quedarse el fin de semana a la casa de su novia. Debido a que trabaja hasta la noche, se llevó la mochila a su lugar de trabajo para ir directo desde allí. Al salir decidió tomarse un taxi para llegar más rápido. Estaba convencido de que en la billetera tenía efectivo, por lo que paró el primer auto que venía libre y le indicó al chofer la dirección. Al llegar a destino, tomó el dinero pero se dio cuenta de que solo poseía $ 100. Con un poco de vergüenza le comunicó al conductor, esperando que este le pidiera que fuera a un cajero o que consiguiera más dinero, pero el veterano que estaba al volante dijo: “No, es viernes, dame lo que tenés y si nos volvemos a encontrar algún día terminás de pagarme”.

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El tiempo pasa y las cosas cambian


La periodista estaba hablando con una de sus hijas a la hora de la cena. De repente y, sin anunciar, la niña pregunta: “¿Mamá, vos conocés a Bad Bunny?”. Al escuchar esto, la madre la miró y, casi si querer, respondió confiada que sí. “Cómo no lo voy a conocer, es un conejo muy famoso”. La comunicadora estaba convencida de lo que decía pero la pequeña la miró con cara de sopresa y le preguntó de qué conejo estaba hablando. Ella le preguntaba por el famoso cantante puertorriqueño de trap. La madre quedó sin respuesta alguna pero todo tuvo sentido cuando tomó su celular y buscó el nombre de este muchaho, dándose cuenta de cómo pasan los años.

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La presentación en la cena


La familia suele jugar en la cena a “Mirtha Legrand”. La madre hace el papel de la histórica conductora argentina y el padre y los dos niños son los comensales. Una de las primeras veces que jugaron, la madre presentó primero a la niña. Después de su nombre, siguió: “Actriz, luchadora por los derechos humanos, presidenta de la Suprema Corte de Justicia”. La niña se preocupa generalmente porque las cosas sean justas, y esa presentación era fiel a su personalidad. Cuando llegó el turno del niño, luego de su nombre, la madre dijo: “Futbolista, bombero, luchador por los derechos humanos, Power ranger”. El niño, que ampliaba su sonrisa ante cada una de las palabras de su madre, cuando terminó la presentación no quedó del todo conforme y reclamó, con las manos junto a la boca como diciendo un secreto: “Te faltó ‘fuerte y musculoso’”.

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